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Los de arriba por Andrés Amat



… y tus decisiones previstas de antemano

Jdt 9,6

Absurdo que lo enviaran a Roma para matar a un desconocido, pensó Marini contemplando las menguantes torres de Manhattan desde la ventanilla del avión. O quizá no tanto, se corrigió, atraído súbitamente por las incendiarias piernas de una azafata; quizá ponerlo a prueba lejos de su territorio de caza habitual en lugar de haberlo enviado al fondo del East River con una corbata de cemento fuera la forma que tenían los de arriba de hacerle expiar el error de la última vez. Un profesional como él debería haberlo previsto todo, incluso que un maldito camión de mudanzas hubiese pinchado una rueda quedando varado inesperadamente en plena línea de tiro. Pero no hay mal que por bien no venga, se dijo. Si esta vez, como les gustaba a los de arriba, no había problemas y la cosa salía bien, podría retirarse y quedarse en Italia para siempre.

 

*  *  *

 

Absurdo que al cabo de tantos años le ordenaran por primera vez matar a alguien, pensó Marino dejando atrás el caótico tráfico romano. O quizá no tanto, se corrigió, enfilando por fin la autopista del aeropuerto y comprobando con alivio en el reloj que llegaría a tiempo de recibir al desconocido pasajero de Nueva York. Quizá fuera la oportunidad —y mejor ésa, se dijo, que ninguna— que le daban los de arriba para expiar el fallo de supervisión en el desfalco del casino. Muy generosos los de arriba. Incluso le habían prometido que si no había problemas y la cosa salía bien podría retirarse.

 

*  *  *

 

Poniéndose cada uno en la solapa una aguja en forma de media flor mientras acudían al encuentro de un supuesto desconocido, Marino y Marini se preguntaron cómo sería el hombre que llevaba la otra media. La falta de efusión en los saludos, tan extraña en dos viejos y grandísimos amigos que se reencontraban después de cuarenta años, les hizo sospechar.

Caminaron en silencio hacia el coche pensando que en ese momento ambos estarían compartiendo el recuerdo de Marina, la novia que tuvieron que jugarse a cara o cruz para salvaguardar una amistad eterna porque en aquellos tiempos (¿sólo en aquellos tiempos?) habría sido inconcebible que en Sicilia (¿sólo en Sicilia?) una mujer y dos hombres... Total, para que el pobre Marino se quedara de golpe sin Marina y sin Marini; sin la pobre Marina, muerta poco antes de la boda; sin el pobre Marini, ya en un barco camino de América.

No llegaron a saber si habrían sido capaces de disparar ni quién lo habría hecho primero. La bomba que los sacaba del tiempo se lo impidió. La que habían puesto en el coche los de arriba, para asegurarse de que no habría problemas y la cosa saldría bien.






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