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Poema No todo lo que reluce por Félix Molina


                                                                


                                                            

                                                                             Al gorrión azul (Passerina cyanea), 

                                                                                               cuya migración se guía por las estrellas

                             

Eran sombras los árboles.                                           

Bajo el prístino manto de la noche sin luna

se estremecía el mundo.

Cobraba el aire transparencia

y parecía todo aún más alto:

los astros titilaban…

 

Se escribieron los versos

más tristes esas noches.

También otros, con menos fortuna o más olvido,

elevaron su canto

a las nocturnas luces sobre el éter.

 

De un tiempo inédito testigo y parte,

contemplo, al levantar los ojos,

la oscura bóveda con extrañeza.

La cubren hoy celestes imposturas:

el resplandor artificial de las estaciones

que orbitan, centinelas

constantes, el aéreo dosel.

 

Cimas de ingeniería

que abrevian las distancias.

Fulgores prometeicos

que engañan la inocencia de las aves.

(Cadáveres metálicos un día,

cuando su utilidad toque a su fin.)

 

Sus brillos nuevos

son estrellas sin nombre,

prodigios sin leyenda.

                                            Son las luces intrusas

sobre un cielo sin Dios que se desangra,

a borbotones,

de poesía.           

                                       

                                                                                             
 


Bug por Ana María Rivas-Ruiz

 

Un día entregaré mi libro, como la canastilla de Moisés al río caudaloso, a la vorágine de esta ciudad amada.

Escogeré un lugar como quien elige abrir una puerta al destino.

Lo encomendaré a los hados para que realicen sus trapisondas, esas que juegan con el tiempo y con los hechos que nos acontecen.

Como un eslabón que anduvo perdido hasta que vuelve a unirse a una cadena de vivencias.

Parecerá un olvido en algún banco callejero.

Meditaré bien su ubicación y, tal vez, espíe el devenir de ese libro huérfano, como al niño abandonado a su suerte en la puerta de una inclusa.

Me aseguraré de que alguien lo tome entre sus manos para darle algún tipo de cobijo.

Sí, acecharé su suerte.

Aunque sea superficialmente, porque las profundas ondas que logrará su viaje nunca llegaré a conocerlas.

¿Será la primera persona que lo tome su destinatario final?

¿O estará en ruta hacia su genuino dueño?

Será una prueba de fe.

Un salto al vacío…

¿Latirá mi corazón ilusionado o se quebrará en la decepción?

Tantas palabras entrelazadas que surgieron para componerlo.

Palabras que nacieron inmateriales y tomaron cuerpo en las grafías, y en cada una de ellas se quedaron prendidos trocitos de mi alma.

Calando las páginas como una suave lluvia que nutre la aridez de una tierra en blanco.

Mensajes de una escritora perdida y náufraga, cuya botella errante surcará océanos de un tiempo ya inmortal.

Fantaseo con los ojos que recorrerán los renglones inesperados.

Imaginaré si acaso comprende el trasfondo que se esconde más allá de lo que parece.

Si su pulso es capaz de acelerarse cuando lo lea.

Si su piel se eriza al sentir algo más.

Tal vez sea pedir demasiado y solo esté escribiendo dentro de un sueño.

Un déjà vu sinuoso que regresa de nuevo para incitarme.

Para ver si soy capaz de sacudir las frecuencias de la realidad.

De introducir un pequeño caos.

Una variable.

Un bug.

Algo que dinamite, aunque solo sea por un instante, la predecible rutina.

 


 

 


Poema En libertad por Alicia Muñoz Alabau

 

En libertad
deshojo ramos enteros
para ahuyentar la incertidumbre
de un futuro de amor incierto.
En libertad
asumo las respuestas
que ofrecen los pétalos
lanzados al viento
porque sé que son
 pronósticos sinceros
en los vaivenes de brisa húmeda.
En libertad
decido mi juego,
aprovecho la mano amiga
y no me abrumo
ante el cansancio
 y el desgaste del romanticismo.
En libertad
elijo el riesgo de entregarme toda,
aunque agote
las reservas de caricias
y estremecimientos
porque sé que podré
volver a inventarlos
y surgirán de la nada
en cada envite apasionado,
en cada encuentro.
En libertad,
recompongo los retales
de un corazón trenzado
a fuerza de satén,
terciopelo y esparto.
Y disfruto en libertad
las tormentas y aguaceros,
dejando que resbale
sobre mi cara
una lluvia de recuerdos
y experiencias
que refrescan los calores
del envejecimiento,
me hacen crecer

y me alimentan.