La vida son ciclos. He
oído tantas veces esta frase. Creo que es cierto, que somos,
también, animales de costumbres; las vacaciones son un ejemplo,
forman parte de ese ciclo anual de ir y venir, casi por costumbre.
Hilvano eso, justo a finales de este verano, cuando muchas y muchos
regresamos de nuestras vacaciones, con este libro. No es una novela,
aunque en parte se nutre de relatos. No es un libro de poemas, todo y
que en cierto modo hay algo poético en cada uno de sus personajes. Y
también hay poesía sonora, metafóricamente hablando, claro.
Volando van (Anaya touring) es un libro que da protagonismo a treinta
y seis especies de aves, aves de paso, migratorias. A algunas las
hemos visto en el cielo, en jardines, en campos de cultivo o hemos
oído hablar de ellas. Sandoval y De Hita llevan años siguiéndolas,
estudiándolas, grabando incluso sus sonidos.
Volando van es un libro
para leer, pero también una invitación a tomar unos prismáticos e
ir a pajarear (que así se llama) en busca de estas criaturas
fascinantes, capaces de recorrer largas distancias y de ayudarnos, desinteresadamente, a combatir alguna que otra plaga de insectos
nocivos. Entre estas treinta y seis aves de altos vuelos están la
cigüeña negra, la garza imperial, el vencejo o la grulla común, por
ejemplo.
Curiosidades no nos van a faltar, por ejemplo, ¿quién no
relaciona la golondrina con el poema de Rosalía de Castro? Esa
golondrina que sola no hace primavera, según Aristóteles, sino
"cuando todas ellas vienen de golpe", aseguraba
Covarrubias. O ¿qué decir del cuco? ¿Habrá un pájaro con más
mala fama por su curiosa forma de nidificar? Antes era más
frecuente verlos, de paso, por nuestra península, pero últimamente
tienen problemas para alimentarse, según leemos; entre las causas estarían las sequias estivales. Una triste "paradoja poética",
si uno lo piensa; nuestro clima les "echa" de su recomido
desde el norte de Europa a África y viceversa, casi como sus polluelos a sus compis de nido...
De abril a agosto, no
es raro ver a bandadas de vencejos alimentándose para reponer
fuerzas, no en vano, les espera un largo viaje. Llegan a pasar meses sin pisar el
suelo, durmiendo en el aire con medio cerebro en modo sueño.
Y como
en cada narración de estas treinta y seis se menciona un lugar
concreto, no quiero dejar de mencionar al correlimos zarapitín. Un asiduo del Parque Natural de la Albufera, en Valencia. Parada y fonda hasta
sus destinos en África. En Volando van descubrimos que los machos
adultos de estos correlimos migran mucho antes que las hembras, tenaces
ellas al cuidado de sus crías a cerca de seis mil kilómetros de
nuestros arrozales.
El viaje sigue, continua, en este libro; yo me
retiro, no sin apuntar que gracias a los códigos QR de cada capítulo
podemos escuchar a estas treinta y seis protagonistas. Banda sonora viajera. Vista y oído.
Recuerdo, memoria y vida. Porque la vida son ciclos, ¿no os parece?
Volando van. Antonio
Sandoval y Carlos de Hita. Anaya Touring.