Esta semana, comparto con
las y los lectores de La Ardilla Literaria una entrevista muy
especial. Me la concedió el escritor madrileño afincado en Sevilla,
Miguel Gayo (Madrid, 1966). Como escritor destaca por su dedicación
al relato corto, donde ha cosechado numerosos premios en certámenes
literarios de ámbito nacional e internacional. Con su primera
novela, Nadie elige nada (2021), abordó el tema del sentimiento de
culpa y la venganza, cuestionando el modelo de castigo de las
sociedades actuales. En 2025 publicó El Tunche (Vencejo), una
historia que utiliza un hecho real y luctuoso sucedido en Sevilla
para adentrarse en la vida de dos amigos que amaron a la misma mujer.
Justo por esta novela le pregunté, por los personajes y por la
relación con el Tunche, un ser mítico de las selvas andinas que
encarna al mal, que da título a esta obra.
P.: Creo que entre los
temas medulares de El Tunche hay espacio para un aderezo de crítica
social. Lo digo, por ejemplo, por ese pasaje en el que un personaje
se queja de las directrices políticas que obligan a cambiar los
libros de texto, los puntos de vista de la Historia. "Pareciera
que la historia fuese algo más que una concatenación de hechos",
¿es así?
Sí, así es. Esta novela
tiene espacio para la crítica social en el asunto que comentas y en
otros. Los personajes abordan en propia persona la enfermedad mental
y sus consecuencias sociales, los trastornos de alimentación, las
ideas delirantes, las lesiones autolíticas, el abismo
intergeneracional, la soledad, el impacto de la tecnología… En
fin, considero que El Tunche es una novela plenamente contemporánea,
ya que aborda temas que nos tocan vivir.
En el caso concreto que
comentas, creo que está claro para todos la injerencia política en
los planes de estudios, sobre todo en algunas ramas. La Historia es
muy permeable a esa injerencia: se cambian puntos de vista sobre los
mismos hechos, se suprimen algunos o se realzan otros; en fin, ya
conocemos el funcionamiento. Y esto es algo transversal, no solo
propio de una bancada política.
En la novela, dada la
condición de historiadores de los personajes principales, se exponen
numerosas reflexiones sobre el proceso histórico, sobre la función
del historiador, sobre la enseñanza de esta materia a las nuevas
generaciones. Cuestiones que se escapan de la brevedad de una
entrevista. En cualquier caso, es un tema que me interesa y por eso
se refleja en la trama.
P.: Dos mujeres se
despiden, en otro de los pasajes, y una le advierte a la otra acerca
de que "los que luchamos contra demonios nos convertimos en
demonios". ¿Nos la comenta en relación justamente con la
presencia del demonio andino que le da título a la novela?
Nietzsche ya trató este
tema. Su frase «Quien con monstruos lucha, cuide de convertirse a su
vez en monstruo» la incluyo como cita de presentación en la novela.
Pero esta frase continúa: «Si miras fijamente al abismo, el abismo
también mira dentro de ti». Cuando uno lee El Tunche, esta
reflexión de Nietzsche cobra mucho sentido.
Aquí quiero hacer un
pequeño inciso antes de contestar a tu pregunta. Igual que existe el
concepto de la banalidad del mal (que desarrolló la filósofa
Hanna Arendt tras participar en las sesiones del juicio en Nuremberg
del jerarca nazi Adolf Eichmann, impactada tras comprobar que el
hombre que asesinó a millones de personas se mostraba como un
individuo corriente, casi un ser mediocre que cumplió de manera
metódica las órdenes que recibía, y no al monstruo que pensaba
encontrar), también existe, a mi entender, una banalidad del
bien. Esta banalidad del bien se ha utilizado a lo largo de la
historia y se sigue utilizando: en la lucha por conseguir un bien
superior, a veces hay que sacrificar algunos valores; en definitiva,
practicar algunas maldades. Para mí, esto es la justificación y la
manipulación de los violentos de siempre. A gran escala y de manera
grotesca lo estamos sufriendo en las guerras injustas actuales. Pero
esto se traslada a ámbitos de política doméstica e incluso
interpersonal. El bien no justifica la maldad ni la discriminación;
el bien debe ser y parecerlo.
Esto se relaciona también
con una reflexión del narrador de la novela: «La violencia debe ser
grotesca y, cuando no lo parece, añade crueldad; como la amabilidad
del verdugo que ofrece un cigarrillo al que va a ajusticiar». La
amabilidad del verdugo confunde a la víctima y añade sufrimiento;
por el contrario, el bien debe ser y parecerlo, porque si no
desmotiva y desreferencia.
Contestando a tu
pregunta, «Los que luchamos contra demonios nos convertimos en
demonio», previene una mujer a otra en la novela. Y sí, es una
prevención entre hechiceras, así lo entienden ellas; un cuidado en
la lucha contra el Tunche, pero no el monstruo imaginario que se
esconde en la selva de su país, sino el que se encarna en el mundo
de relación que les toca vivir.
P.: En uno de los
pasajes leemos que "a veces un destino aciago nos salva de un
destino peor". Más allá de que me evoca a una parecida de
Cormac McCarthy en No es país para viejos, no sé si lo comparte.
La frase de Cormac McCarthy «Nunca sabes de qué suerte peor te ha salvado tu mala
suerte» comparte una reflexión parecida a la que hace un personaje
de mi novela, que trata así de consolar a otro personaje por la
culpa que arrastra por el atropello a una anciana en la que ni
participa ni nada podría haber hecho por evitar. Esta reflexión se
puede entender como fatalista; creo que así la utiliza McCarthy,
como que uno debe aceptar las desgracias que le ocurren porque
podrían haberle salvado de una situación peor. En mi novela, se
utiliza más como consuelo hacia el otro, como una forma de aligerar
la culpa.
En nuestras sociedades, quizá como una rémora de la
religión cristiana-católica, somos adictos a la culpa: nos
flagelamos por las propias y nos endosamos las de los demás. Como
reflexión personal, diría que debemos superar el sentimiento de
culpa y hablar más de responsabilidad: no somos culpables de
lo que sucedió, más bien somos responsables. La culpa te
lleva al sufrimiento y la responsabilidad te lleva a reparar el error
cometido y a evitar que vuelva a suceder. Pero sí, las dos
reflexiones apuntan a suavizar las tragedias que vivimos las
personas, la fatalidad que la vida nos impone.
El
Tunche. Miguel Gayo. Vencejo ediciones.