Más contenido: entrevistas, reseñas, artículos, entre otros, en La ardilla literaria ( https://laardillaliteraria.com/)

Dios por Andrés Amat

 

En alguna parte (*) ha dejado escrito Borges, en alusión a la literatura fantástica, que la gradual invención de Dios es la obra incomparable de los insospechados y mayores (aquí enumera una escogida lista de filósofos y teólogos) maestros del género. A esa escogida lista habría que añadir ahora el nombre de un tal Tipler; un, al parecer, prestigioso físico americano (de los EE.UU., se entiende) que a lo largo de más de quinientas páginas abundantes en fórmulas y ecuaciones (**) se propone demostrarnos, nada más y nada menos, que Dios existe. Para no ser del todo injustos, hay que decir que lo que el tal Tipler propone exactamente es que Dios existirá en el futuro, en un remotísimo porvenir en el que dejará de haber precisamente futuro cuando el universo, contraído en un colapso cósmico, se concentre en un solo punto al que el tal Tipler denomina Omega. Allí acudiremos todos, desde la pulga hasta el dinosaurio, convertidos en fotones cargados de información. Y a ese batiburrillo de fotones, debidamente procesado, es a lo que el tal Tipler propone llamar Dios. Un Dios cibernético e informático, así pues, en cuyo disco duro perviviremos eternamente en forma de subprogramas. Hay que admitir que el tal Tipler no tiene un pelo de tonto, y como no parece muy de recibo proponer que Dios existirá pero que aún no existe y, por consiguiente, es de suponer que hasta ahora no haya existido, solventa el problema de la creación con el recurso —un tanto abstruso y no menos abundante en fórmulas y ecuaciones— a una especie de bucle temporal que permitiría a ese Dios postrimero darse remoto origen a sí mismo en el Big Bang del principio. Estas cuestiones, como también dejó escrito Borges, son tan indemostrables como irrefutables, pero no por ello menos atractivas. Y atractiva parece la hipótesis de un Dios inicial. Un Dios mero batiburrillo de fotones concentrados en un punto sin nada que contarse soberanamente aburrido de ser uno y lo mismo durante una eternidad interminable. Un Dios que para matar ese aburrimiento y tener algún día algo que contarse decidiría suicidarse (aunque fuera temporalmente) en el Big Bang y disolverse en un variado y múltiple universo. Pero según las últimas noticias, difundidas con no menor aparato de fórmulas y ecuaciones por físicos de tanto prestigio como el tal Tipler, parece ser que a Dios ese universo le ha salido plano y no dejará nunca de expandirse. Con lo que no habrá punto Omega, ni reunión de pulgas y dinosaurios, y el suicidio del pobre Dios habrá sido definitivo y para siempre. Aunque así, por lo menos, nunca llegará a enterarse de la que ha organizado solo para no aburrirse.

(*) J. L. Borges. Nota sobre After death, de Leslie D. Weatherhead, en el texto NOTAS, recogido en el volumen DISCUSIÓN. (PROSA COMPLETA. Bruguera, 1980.)

(**) Frank J. Tipler. LA FÍSICA DE LA INMORTALIDAD. (Traducción castellana en Alianza Universidad, 1996.)

 



No hay comentarios:

Publicar un comentario