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En el último momento por Francisco Pascual


   El asesino espera su oportunidad. Está tranquilo, sabe que no ha de tardar en presentarse. La noche se presta, es siniestra, sin luna, y las inmediaciones del parque se ciernen en una densa neblina que lo invade todo. Hay alarma social, pero también hay jóvenes imprudentes.

   Sumido en las sombras, oye pasos; son al menos dos personas. Aguza el oído, son mujeres. Van riendo, confiadas, pobrecillas…, estúpidas. Aferra con fuerza el arma que guarda en el bolsillo. Como un moderno destripador de Whitechappel en pleno siglo XXI, se apresta a engrosar sus estadísticas. Siempre, en esos momentos supremos, le viene el recuerdo de su primera víctima.

   Fue su psiquíatra, ella tuvo la culpa de todo; solo quería hincharlo a pastillas, destrozar su voluntad, dejarlo al nivel de un lobotomizado. Esa canción se la sabía de memoria. Él quería ayuda de verdad, no ser una farmacia ambulante. Después de matarla sintió una gran paz, aunque no se percató de que había abierto de par en par en su cerebro una puerta desconocida, la que guardaba su mayor peligro: la bestia agazapada.

   Asoma apenas la cabeza. Las dos mujeres, jóvenes sin duda, parecen bebidas; ríen y cantan y una de ellas trastabilla constantemente. Solo en esos momentos supremos el asesino siente que la adrenalina comienza a viajar por su cuerpo. De pronto, cuando está a punto de saltar delante de ellas blandiendo el afilado cuchillo, suena, estridente y demasiado cercana, una sirena de la policía. Duda; nunca lo han pillado, es demasiado escurridizo, pero esta vez se iba a arriesgar demasiado, aunque necesita hacerlo, necesita borrar de la faz de la tierra dos estúpidas sonrisas más…

   En ese instante, suena la alarma de un teléfono móvil y alguien dice: ¡Vaya! Qué lástima, cómo pasa el tiempo. Ahora que estaba en lo mejor, tengo que irme a trabajar. El lector suspira, fastidiado, coloca el marcapáginas y cierra el libro. Después lo deja en la mesilla de noche. Aún tardará unas cuantas horas en averiguar qué sucede con el asesino en serie y sus siguientes víctimas.



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