—Buenos díaaasss… Buenos
díaaasss… ¡Arriba! ¡Arriba! ¡Es la hora de levantarse, mi querida señora Flipa!
Hoy luce un día espléndido, maravilloso…
Maggie ha entrado en la
habitación con brío y se dispone a descorrer las cortinas y abrir las ventanas
de par en par.
—¿Pero, Maaaggie? ¡Si todavía
es de noche!
—¿De noche? ¿De noche, dice?
¡Mire qué sol tan esplendido entra por la ventana! Venga, venga, incorpórese.
No se haga la remolona. Hoy luce un día espléndido, maravilloso…
La señora Flipa, medio
incorporada en la cama, solo ve oscuridad a través de las ventanas; unas
lucecitas tenues de algunas estrellas le dicen que todavía es de noche.
—Ah, aquí tiene, señora Flipa,
su sabroso y saludable desayuno, como cada día. Las zapatillas recién sacadas
del microondas con una untadita de miel de romero y un poquito de canela, para
vigorizar sus riñoncitos y sus activos en bolsa, como a la señora le gustan. Y
la taza de lejía con unas gotitas de leche y un pellizco de cianuro… y sus
píldoras anticonceptivas, que no debe olvidar tomar si no quiere un embarazo a
sus ochenta años…
—¡¡¡Maggie!!! ¡¿Te has vuelto
loca?!
—¡Venga, venga! A ver ese
bracito… que hemos de tomar la tensión arterial como cada mañana. A ver, a ver
dónde está. Ummm… un poco frío…
La señora Flipa tiene los
pelos erizados y los ojos fuera de sus órbitas. Maggie ha rodeado el brazo del
butacón con el brazalete del tensiómetro. ¡Está hablándole al sillón!
—¡Oh, Dios mío! Tengo que
hacer algo… El teléfono, ¿dónde está el teléfono? Siempre lo tengo en la
mesilla de noche y no está -la señora Flipa busca desesperada el teléfono a su
alrededor, pero no lo encuentra.
—Maggie, ¿has visto mi
teléfono?, ¿dónde está el teléfono?
-En la lavadora, señora. En la
lavadora. Dándose un buen baño, que falta le hacía.
—¡¿Cóoomo?! ¡Ay, Dios! ¿Cómo
voy a salir de ésta? ¡Se ha vuelto loca!
La señora Flipa, con
dificultad por sus piernas artríticas, trata de levantarse de la cama para ir
al salón y llamar desde el teléfono fijo. Pero Maggie, muy atenta y servicial
como siempre, se dirige hacia ella de inmediato…
—¿Dónde va la señora? Si
todavía no ha terminado su desayuno. La señora debe desayunar primero antes de
levantarse. La señora desayuna a primera hora. La señora desayuna a primera
hora…
Maggie empieza a repetirse y
la señora Flipa está paralizada. A Maggie se le ha perdido un tornillo o algo
parecido. «¿Qué puedo hacer para salir de ésta?», sigue preguntándose,
aterrada. De pronto, se le ocurre enviarla
al baño a buscar una toalla para la cara.
—Maggie, por favor, tráeme una
toalla de la cara, humedecida. Maggie, Maggie, ¿me escuchas?... ¿Puedes traerme
una toalla…?
—Toalla, toalla, llaota,
lloata, allota… -Maggie empieza a desvariar en voz alta, sin embargo, se dirige
hacia el baño…
Con mucha dificultad la señora
Flipa se levanta de la cama sin que Maggie la vea y, haciendo acopio de todas
sus fuerzas para mover sus pesadas piernas, va hacia el salón. Entra y cierra.
Jadeante recorre un sillón y lo coloca tras la puerta para impedir que Maggie
pueda abrirla. Y, deprisa, marca un número… 667 778 890…
—¿Si?
—¡Alan!… ¿Eres tú, Alan?
—Sí, mamá. Sí.
¡Te.he.dicho.un.millón.de.veces.que.no.me.llames.al.trabajo!
—Hijo, lo sé, lo sé. Pero es
urgente.
—¿Urgente?
—Sí, muy urgente. ¡¡Maggie se
ha vuelto loca!!
—¡¿Cómo que se ha vuelto loca?!
—Sí. Está haciendo
barbaridades y tengo miedo… Ahora está en el baño, pero…
—¡¿Barbaridades?!
—¡Ay, hijo! ¡Qué miedo tengo!
—Mamá, sabes de sobra lo que
tienes que hacer, te lo he explicado muchas veces… Pero, bueno, ya llamo yo. Tú
intenta no estar cerca de ella. Yo ahora
debo colgar porque estamos en medio de una reunión y si sigo hablando mi jefe
me corta el cuello, ¿sabes? –Alan pone la mano sobre el micro y su boca para
que no le oigan.
—Vale, vale… Gracias, hijo,
gracias. ¡Ah, y a ver si vienes a verme, que hace más de un mes que no te he
visto!
—¡No.digas.chorradas! ¡Me ves
todos los días!
—Sí, pero no en carne y hueso,
hijo…
—Besos. Adiós, mamá, te quiero
–Alan cuelga el teléfono con mal talante. Su jefe le dirige una mirada
interrogativa y él, con un gesto de su mano, le indica que no es nada.
Dos horas más tarde.
Clic, clic, clic… 8989898989
—FuturTech, empresa líder en
robots de última generación, dígame —contesta una voz mecánica.
—Buenos días, le habla Alan
Speed, propietario de un robot de última generación, modelo 900 Maggie
Supernanny, serie 78787878alg. Ruego envíen un técnico a la mayor brevedad
posible a la dirección…
—Mensaje capturado. Le agradecemos
su llamada. En breve les visitará nuestro técnico…
La señora Flipa, encerrada en
el salón, oye a través de la puerta cómo Maggie sigue repitiendo «…toalla,
llaota, ollata para la señora… toalla, llaota, ollata, allata para la señora …
Buenos días, señora. Buenos días, señora. Hoy luce un sol espléndido… Toalla,
llaota, ollata…».
—¡Ay, madre! ¡Como no vengan
pronto y le dé por hacer alguna otra barbaridad…!
«¿Llegará el técnico de
FuturTech a tiempo? O, ¿llegará antes su hijo Alan? ¿Cometerá Maggie alguna
atrocidad? ¿Corre peligro la vida de la Sra. Flipa por no haberse tomado las
pastillas para su cardiopatía?... ¡Pronto lo sabremos! Todas las respuestas a
la vuelta de la publicidad. No se lo pierdan, volvemos en cuatro minutos…», el
radiante locutor aviva la curiosidad de los espectadores con una magnánima
sonrisa.
La pantalla comienza a
difuminarse y el contorno del radiante presentador se vuelve impreciso; y, poco
a poco, aparece el plano medio de una joven con el pelo corto de color platino
y una ajustada vestimenta que despide chispitas de luz.
«Bien, señores, hasta aquí el documental de hoy, que cierra el ciclo de los realities shows de la primera década del tercer milenio. Por fortuna, ya desaparecidos en nuestro tiempo. Como han podido ver en el documental, un alto desarrollo tecnológico sin ética pudo habernos llevado a una completa deshumanización. Pero la capacidad innata del ser humano para cambiar a tiempo y mejorar, aprendiendo de sus errores, no tiene parangón. En este programa, su programa Consciencia Evolutiva, intentamos, como saben, acercarnos a ustedes con el objetivo de mantener una alta dosis de sabiduría retroprogresiva, necesaria para que nuestra especie decida siempre sabiamente sobre su propia evolución. Les esperamos la semana próxima: vamos a comenzar un nuevo ciclo de documentales, esta vez dedicados a…».


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