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FuturTech por Emi Zanón



—Buenos díaaasss… Buenos díaaasss… ¡Arriba! ¡Arriba! ¡Es la hora de levantarse, mi querida señora Flipa! Hoy luce un día espléndido, maravilloso…

Maggie ha entrado en la habitación con brío y se dispone a descorrer las cortinas y abrir las ventanas de par en par.

—¿Pero, Maaaggie? ¡Si todavía es de noche!

—¿De noche? ¿De noche, dice? ¡Mire qué sol tan esplendido entra por la ventana! Venga, venga, incorpórese. No se haga la remolona. Hoy luce un día espléndido, maravilloso…

La señora Flipa, medio incorporada en la cama, solo ve oscuridad a través de las ventanas; unas lucecitas tenues de algunas estrellas le dicen que todavía es de noche.

—Ah, aquí tiene, señora Flipa, su sabroso y saludable desayuno, como cada día. Las zapatillas recién sacadas del microondas con una untadita de miel de romero y un poquito de canela, para vigorizar sus riñoncitos y sus activos en bolsa, como a la señora le gustan. Y la taza de lejía con unas gotitas de leche y un pellizco de cianuro… y sus píldoras anticonceptivas, que no debe olvidar tomar si no quiere un embarazo a sus ochenta años…

—¡¡¡Maggie!!! ¡¿Te has vuelto loca?!

—¡Venga, venga! A ver ese bracito… que hemos de tomar la tensión arterial como cada mañana. A ver, a ver dónde está. Ummm… un poco frío…

La señora Flipa tiene los pelos erizados y los ojos fuera de sus órbitas. Maggie ha rodeado el brazo del butacón con el brazalete del tensiómetro. ¡Está hablándole al sillón!

—¡Oh, Dios mío! Tengo que hacer algo… El teléfono, ¿dónde está el teléfono? Siempre lo tengo en la mesilla de noche y no está -la señora Flipa busca desesperada el teléfono a su alrededor, pero no lo encuentra.

—Maggie, ¿has visto mi teléfono?, ¿dónde está el teléfono?

-En la lavadora, señora. En la lavadora. Dándose un buen baño, que falta le hacía.

—¡¿Cóoomo?! ¡Ay, Dios! ¿Cómo voy a salir de ésta? ¡Se ha vuelto loca!

La señora Flipa, con dificultad por sus piernas artríticas, trata de levantarse de la cama para ir al salón y llamar desde el teléfono fijo. Pero Maggie, muy atenta y servicial como siempre, se dirige hacia ella de inmediato…

—¿Dónde va la señora? Si todavía no ha terminado su desayuno. La señora debe desayunar primero antes de levantarse. La señora desayuna a primera hora. La señora desayuna a primera hora…

Maggie empieza a repetirse y la señora Flipa está paralizada. A Maggie se le ha perdido un tornillo o algo parecido. «¿Qué puedo hacer para salir de ésta?», sigue preguntándose, aterrada.  De pronto, se le ocurre enviarla al baño a buscar una toalla para la cara.

—Maggie, por favor, tráeme una toalla de la cara, humedecida. Maggie, Maggie, ¿me escuchas?... ¿Puedes traerme una toalla…?

—Toalla, toalla, llaota, lloata, allota… -Maggie empieza a desvariar en voz alta, sin embargo, se dirige hacia el baño…

Con mucha dificultad la señora Flipa se levanta de la cama sin que Maggie la vea y, haciendo acopio de todas sus fuerzas para mover sus pesadas piernas, va hacia el salón. Entra y cierra. Jadeante recorre un sillón y lo coloca tras la puerta para impedir que Maggie pueda abrirla. Y, deprisa, marca un número… 667 778 890…

—¿Si?

—¡Alan!… ¿Eres tú, Alan?

—Sí, mamá. Sí. ¡Te.he.dicho.un.millón.de.veces.que.no.me.llames.al.trabajo!

—Hijo, lo sé, lo sé. Pero es urgente.

—¿Urgente?

—Sí, muy urgente. ¡¡Maggie se ha vuelto loca!!

—¡¿Cómo que se ha vuelto loca?!

—Sí. Está haciendo barbaridades y tengo miedo… Ahora está en el baño, pero…

—¡¿Barbaridades?!

—¡Ay, hijo! ¡Qué miedo tengo!

—Mamá, sabes de sobra lo que tienes que hacer, te lo he explicado muchas veces… Pero, bueno, ya llamo yo. Tú intenta no estar cerca de ella.  Yo ahora debo colgar porque estamos en medio de una reunión y si sigo hablando mi jefe me corta el cuello, ¿sabes? –Alan pone la mano sobre el micro y su boca para que no le oigan.

—Vale, vale… Gracias, hijo, gracias. ¡Ah, y a ver si vienes a verme, que hace más de un mes que no te he visto!

—¡No.digas.chorradas! ¡Me ves todos los días!

—Sí, pero no en carne y hueso, hijo…

—Besos. Adiós, mamá, te quiero –Alan cuelga el teléfono con mal talante. Su jefe le dirige una mirada interrogativa y él, con un gesto de su mano, le indica que no es nada.

Dos horas más tarde.

Clic, clic, clic… 8989898989

—FuturTech, empresa líder en robots de última generación, dígame —contesta una voz mecánica.

—Buenos días, le habla Alan Speed, propietario de un robot de última generación, modelo 900 Maggie Supernanny, serie 78787878alg. Ruego envíen un técnico a la mayor brevedad posible a la dirección…

—Mensaje capturado. Le agradecemos su llamada. En breve les visitará nuestro técnico…

La señora Flipa, encerrada en el salón, oye a través de la puerta cómo Maggie sigue repitiendo «…toalla, llaota, ollata para la señora… toalla, llaota, ollata, allata para la señora … Buenos días, señora. Buenos días, señora. Hoy luce un sol espléndido… Toalla, llaota, ollata…».

—¡Ay, madre! ¡Como no vengan pronto y le dé por hacer alguna otra barbaridad…!

«¿Llegará el técnico de FuturTech a tiempo? O, ¿llegará antes su hijo Alan? ¿Cometerá Maggie alguna atrocidad? ¿Corre peligro la vida de la Sra. Flipa por no haberse tomado las pastillas para su cardiopatía?... ¡Pronto lo sabremos! Todas las respuestas a la vuelta de la publicidad. No se lo pierdan, volvemos en cuatro minutos…», el radiante locutor aviva la curiosidad de los espectadores con una magnánima sonrisa.

La pantalla comienza a difuminarse y el contorno del radiante presentador se vuelve impreciso; y, poco a poco, aparece el plano medio de una joven con el pelo corto de color platino y una ajustada vestimenta que despide chispitas de luz.

«Bien, señores, hasta aquí el documental de hoy, que cierra el ciclo de los realities shows de la primera década del tercer milenio. Por fortuna, ya desaparecidos en nuestro tiempo. Como han podido ver en el documental, un alto desarrollo tecnológico sin ética pudo habernos llevado a una completa deshumanización. Pero la capacidad innata del ser humano para cambiar a tiempo y mejorar, aprendiendo de sus errores, no tiene parangón. En este programa, su programa Consciencia Evolutiva, intentamos, como saben, acercarnos a ustedes con el objetivo de mantener una alta dosis de sabiduría retroprogresiva, necesaria para que nuestra especie decida siempre sabiamente sobre su propia evolución.  Les esperamos la semana próxima:  vamos a comenzar un nuevo ciclo de documentales, esta vez dedicados a…».                             


                                 

 

 

 


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