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Territorios. Entrevista a David Roas

 


Me concedió recientemente una entrevista un escritor al que admiro. Me refiero a David Roas (Barcelona, 1965). Maestro indiscutible del género breve, me dejé seducir de nuevo por una antología de relatos, en este caso, preguntándole por Territorios (Páginas de espuma) donde nos sumerge no solo en historias de terror, sino en el Agrohorror. Dejaos seducir por su prosa y, desde ya, por la entrevista que me concedió.

P.: Tu libro Territorios, por su título, me ha recordado a una frase que escuché una vez: El paisaje es un estado de ánimo. La tomo para que nos hables de la importancia de estos territorios, del paisaje, en estas siete historias. ¿Galicia tiene algo especial para ti, por cierto?

R.: Empiezo por el paisaje en general. Desde el principio tuve claro el título del libro, porque la presencia del paisaje no funciona como simple decorado sino como agente de la acción, como elemento esencial para el desarrollo de las historias y como generador de conflictos. Ya sea un infinito campo de centeno bajo un sol abrasador, un bosque inquietante, el amenazador océano atlántico o un huerto cuyas verduras y hortalizas escapan al control humano… Territorios todos ellos muy diferentes, pero siempre vinculados al espacio rural, en el que los personajes se ven atrapados (sobre todo cuando son foráneos) o asaltados por lo insólito.

En un libro como este no podía faltar Galicia, la tierra de mi madre, un espacio que siempre me ha fascinado y que -lejos del tópico- siempre genera en mí efectos insólitos. A Galicia ya dediqué algunos cuentos y una novela entera (La estrategia del koala), en la que el paisaje -buena parte de ella se articula como una road movie- es un personaje más. En Territorios acudo a mi propia memoria personal, a mis propias experiencias en Galicia, para distorsionarlas hasta el terror real (“A matanza do porco”) o hacia lo fantástico (“Rituales”, ambientado en San Andrés de Teixido, un lugar fascinante al que cada año viajaba con mi madre).

P.: El cine está presente no solo dentro, en guiños en los pasajes de estos relatos. También hallamos entre los títulos una curiosa manera de parodiar, o no, a libros o películas célebres. Háblanos de ello.

R.: Este es otro aspecto que tuve muy claro desde el principio: además de jugar con los elementos que definen eso que hemos llamado agrohorror, quería escapar de los tópicos trillados de lo fantástico y el terror natural (en el libro hay muestras de ambos), tópicos que ya tenemos muy asumidos y que, por ello mismo, pueden cansar o aburrir. El juego intertextual que aparece en cuatro de los títulos –“El gañán entre el centeno”, “La conjura de los recios”, “La invasión de los ladrones de huertos” y “La noche de los puercos vivientes”- busca generar un doble efecto: 1) implicar al lector con un guiño cómplice sobre obras muy conocidas a través de la inversión humorística (aunque los cuentos, como se verá, no tengan que ver con los argumentos de esas célebres novelas y películas, y a veces no muestren ni pizca de humor); y 2), al mismo tiempo, distanciarlo, distorsionar los propios códigos de lo fantástico y el terror ruralizando esos títulos y los géneros y subgéneros que representan.

P.: La mayoría de estas historias están contadas en primera persona, con un narrador protagonista. Intuyo que cuando las concebiste pensaste en este recurso para darle mayor verosimilitud a la narración. ¿Cómo llegaron a tu cabeza estas siete historias? ¿Fue algo premeditado o surgieron entremedias de otras historias?

R.: Una primera persona que también alterno con relatos en segunda, una voz que me gusta mucho, aunque es muy incómoda de escribir… Sea la voz que sea, mi voluntad es, como bien dices, potenciar la verosimilitud y hacer cómplices a los lectores y lectoras de las delirantes experiencias que viven mis protagonistas. Historias protagonizadas tanto por gentes que viven en ellos (ficciones narradas desde la visión del habitante del mundo rural), como por personajes que vienen de fuera, ya sean viajeros intrépidos, turistas despistados o nietos que visitan la casa de sus ancestros, es decir, gentes ajenas al lugar que no comprenden los códigos y que acabarán pagándolo.

Las historias parten de inspiraciones muy diversas, pero todas están escritas ex profeso para el libro, marcadas, por tanto, por ese título aglutinante y por las características que definen al agrohorror. Para no extenderme mucho, te pongo tres ejemplos. El cuento que abre el libro, “El gañán entre el centeno” (que nada tiene que ver con la obra de Salinger, más allá de ese juego entre los títulos) surge de la voluntad de escribir una especie de anti-cuento de fantasmas, porque ya estoy muy cansado de sus tópicos y convenciones: aquí los lectores son desengañados desde el principio acerca del estilo de la historia (nada de Folk Horror ni de ghost story lúgubre) y encima revelando que hay un fantasma -y de un niño- desde el primer párrafo… porque el relato ira por otro lado que los lectores y lectoras no esperan. Por su parte, “A matanza do porco” surge, como te decía antes, de una experiencia personal, de algo real que viví en el mismo lugar en el que se ambienta el cuento, el dolmen de Pedra da Arca: hacia finales de los 90 lo visité y me encontré un grupo de tipos vestidos de ninjas con katanas, y me largué rápidamente de allí y en silencio… por si acaso. Por último, “La noche de los puercos vivientes” lo escribí gracias a mi amigo Andrés Martorell: una noche, entre cervezas, le estaba contando que está metido en la escritura del libro y le comenté algunos de los títulos, a lo que él añadió: “Pues te falta ‘La noche de los puercos vivientes’”. Y tuve que ponerme a inventar una historia con ese maravilloso título en la que acabé combinando cerdos zombis (lo único “cercano” a la famosa película de George A. Romero) y el imaginario de Lovecraft.

P.: Se me antoja que más allá de la historia en sí, en estos siete relatos, has salpicado algo de ironía, pero también, algo de crítica social, no tan velada como se podría imaginar. Entre broma y broma, ¿la verdad asoma?

R.: Por supuesto. Antes de meterme en lo que ocurre en mis Territorios déjame decir que -hablando en general- en el agrohorror no hay evocación nostálgica y/o idealizada de lo rural, tampoco nos muestra ese mundo desde las alturas del urbanita con la intención de representarlo de forma satírica y despreciativa. Es más bien un retrato hiperbólico y distorsionado de la vida pueblerina en su más banal cotidianidad (dejando aparte, claro está, los elementos fantásticos e insólitos), pero construido desde el respeto y el conocimiento de ese mundo. Ese respeto a veces conlleva también una defensa del medio rural a través de la denuncia de ciertos males que lo acosan. Un posicionamiento crítico que en mis Territorios resulta evidente, por ejemplo, en ”La invasión de los ladrones de huertos”, que retrata los negativos efectos que tienen ciertas formas mercantilistas de desarrollar la agricultura ecológica sobre la economía y la vida rural; o en “La conjura de los recios”, tras el que también hay una crítica del turismo y de la mirada equivocadamente superior del mundo urbano sobre el rural. Esa burla de los perniciosos efectos del turismo también aparece, soterradamente, en “Rituales”.

P.: Leemos en uno de los pasajes de A matanza do porco la frase: "Cuanto daño ha hecho Tarantino." Estoy convencido de que es pura ironía; si, actualmente, pensase en algún director capaz de llevar al cine alguna de estas historias, sería en él. La pregunta comprometida, de poder elegir una de ellas, para la gran pantalla, ¿cuál escogerías y por qué?

R.: Es una frase completamente irónica, pues yo siempre he sido muy fan de Tarantino. La broma va dirigida a los malos imitadores del director estadounidense… Tienes razón, el estilo de Tarantino le va muy bien a varios de los cuentos del libro.

Yo creo que los cuentos del libro -y dicho así suena algo tonto o pretencioso- son muy cinematográficos. Tienen una dimensión visual y argumental fácilmente trasladable al cine. Entre los que me encantaría ver en una pantalla, están “La noche de los puercos vivientes” (daría para una buena película de terror grotesco), “La invasión de los ladrones de cuerpos” o “A matanza do porco”.


David Roas es escritor y catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad Autónoma de Barcelona, donde también dirige el Grupo de Estudios sobre lo Fantástico (GEF). Varios de sus relatos han sido traducidos al portugués, francés, inglés, italiano, croata, serbio y griego. Especialista en lo fantástico, entre sus ensayos cabe destacar Tras los límites de lo real. Una definición de lo fantástico (2011), que recibió el IV Premio Málaga de Ensayo y ha sido traducido al inglés y al italiano. Ha publicado Historia de lo fantástico en la cultura española contemporánea (1900-2015) (2017) y Cronologías alteradas. Lo fantástico y la transgresión del tiempo (2022). Es autor, entre otros, de los volúmenes de cuentos Los dichos de un necio (1996), Horrores cotidianos (2007), Monstruario (2021),Distorsiones (2010, VIII Premio Setenil), Bienvenidos a Incaland® (2014), Invasión (2018) y Niños (2022). También son suyas las novelas Celuloide sangriento (1996) y La estrategia del koala (2013).

Territorios. David Roas. Páginas de espuma.


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