Me besas
y todos los colores
se vuelven espléndidos y desprendidos
derramando a su alrededor
destellos de luces blancas
que diseñan formas inéditas
en mis pupilas.
Alcanzan mil longitudes de onda
y los haces ultravioleta
esterilizan en los pensamientos tóxicos
todas las bacterias.
Me besas
y elevas todos mis umbrales de dolor
hasta que consigo atravesar descalza
las brasas que dejaron
los fuegos de la melancolía.
Me besas
y trastocas mis ritmos circadianos
porque ya no quiero dormir más,
prefiero anclarme a tu boca
alimentando el hambre
de unos labios ansiosos de ganas y vida.
Cuando me besas,
mis palpitaciones
resuenan como aullidos
en una cueva recién descubierta
y conquistada.
Si me besas,
todo mi mundo es tu respiración,
anhelamos el aire del otro
y jugamos a devorárselo
aspirando cada aliento de deseo
porque queremos agotar el oxígeno ajeno
y que el amante muera
entre nuestras manos
hasta el total abandono.


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