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Volando van. Antonio Sandoval y Carlos de Hita

La vida son ciclos. He oído tantas veces esta frase. Creo que es cierto, que somos, también, animales de costumbres; las vacaciones son un ejemplo, forman parte de ese ciclo anual de ir y venir, casi por costumbre. 

Hilvano eso, justo a finales de este verano, cuando muchas y muchos regresamos de nuestras vacaciones, con este libro. No es una novela, aunque en parte se nutre de relatos. No es un libro de poemas, todo y que en cierto modo hay algo poético en cada uno de sus personajes. Y también hay poesía sonora, metafóricamente hablando, claro.

Volando van (Anaya touring) es un libro que da protagonismo a treinta y seis especies de aves, aves de paso, migratorias. A algunas las hemos visto en el cielo, en jardines, en campos de cultivo o hemos oído hablar de ellas. Sandoval y De Hita llevan años siguiéndolas, estudiándolas, grabando incluso sus sonidos. 

Volando van es un libro para leer, pero también una invitación a tomar unos prismáticos e ir a pajarear (que así se llama) en busca de estas criaturas fascinantes, capaces de recorrer largas distancias y de ayudarnos, desinteresadamente, a combatir alguna que otra plaga de insectos nocivos. Entre estas treinta y seis aves de altos vuelos están la cigüeña negra, la garza imperial, el vencejo o la grulla común, por ejemplo. 

Curiosidades no nos van a faltar, por ejemplo, ¿quién no relaciona la golondrina con el poema de Rosalía de Castro? Esa golondrina que sola no hace primavera, según Aristóteles, sino "cuando todas ellas vienen de golpe", aseguraba Covarrubias. O ¿qué decir del cuco? ¿Habrá un pájaro con más mala fama por su curiosa forma de nidificar? Antes era más frecuente verlos, de paso, por nuestra península, pero últimamente tienen problemas para alimentarse, según leemos; entre las causas estarían las sequias estivales. Una triste "paradoja poética", si uno lo piensa; nuestro clima les "echa" de su recomido desde el norte de Europa a África y viceversa, casi como sus polluelos a sus compis de nido...

De abril a agosto, no es raro ver a bandadas de vencejos alimentándose para reponer fuerzas, no en vano, les espera un largo viaje. Llegan a pasar meses sin pisar el suelo, durmiendo en el aire con medio cerebro en modo sueño. 

Y como en cada narración de estas treinta y seis se menciona un lugar concreto, no quiero dejar de mencionar al correlimos zarapitín. Un asiduo del Parque Natural de la Albufera, en Valencia. Parada y fonda hasta sus destinos en África. En Volando van descubrimos que los machos adultos de estos correlimos migran mucho antes que las hembras, tenaces ellas al cuidado de sus crías a cerca de seis mil kilómetros de nuestros arrozales. 

El viaje sigue, continua, en este libro; yo me retiro, no sin apuntar que gracias a los códigos QR de cada capítulo podemos escuchar a estas treinta y seis protagonistas. Banda sonora viajera. Vista y oído. Recuerdo, memoria y vida. Porque la vida son ciclos, ¿no os parece?


Volando van. Antonio Sandoval y Carlos de Hita. Anaya Touring.

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