Más contenido: entrevistas, reseñas, artículos, entre otros, en La ardilla literaria ( https://laardillaliteraria.com/)

Un extraño dios por Ana María Rivas-Ruiz



Dicen los ancianos que nuestra especie se remonta a la noche de los tiempos. Los más jóvenes tenemos recomendado no salir de las fronteras seguras y no recordamos desde cuándo vivimos en esta oscuridad constante.

Cuando nos reunimos, tras la búsqueda de alimento, ya saciados, los abuelos vuelven con sus leyendas sobre un dios gigante y cuentan toda suerte de experiencias que vivieron cuando eran como nosotros, unos bisoños, pero estamos aburridos de pensar en esa amenaza, a la que parece que debemos algún tipo de ofrenda. Somos seres increíbles y hermosos, refulgentes y ningún dios nos ayudó.

Los más temerosos se refugian mezclados con el color polvoriento, que viste nuestro mundo para camuflarse, aunque ninguno de ellos ha visto nunca a ese ser legendario. Lo más difícil es recolectar agua. Apenas hay humedad, nuestro paisaje es árido y agreste, plagado de gargantas y cumbres extrañas, no es nada fácil procurarnos el sustento; por eso, no tenemos un líder, cada cual ha de mirar por su supervivencia. Conocemos que, en otros asentamientos, en días de hambruna no tuvieron reparo en comerse a los más débiles. Así que somos recelosos por naturaleza, aunque no descartamos que un día sintamos el flechazo por alguna de nuestras compañeras, hay que aprovechar los buenos momentos.

Los más bravos suelen irse de expedición a ver mundo, yo los admiro y muy pronto podré imitar su valentía, aunque, ninguno regresó para relatarnos las maravillas que encontró, debieron de gustarles mucho y no les culpo por no volver, aquí no hay ni habrá grandes expectativas. Ya no aguanto este desierto aburrido y predecible, necesito horizontes y no creo en ese dios poderoso y temible, son cuentos de viejos cobardes. Mañana, algunos partiremos en busca de otros mundos que imaginamos, dejaremos atrás por fin estos confines y me iré muy lejos, a encontrar paisajes nuevos.

* * *

Una luz enorme ha caído sobre nosotros, corremos cegados en desbandada. Todo vibra extrañamente y… ¡allí está!¡El dios gigante ha desatado su poder y su ira contra nosotros! ¿Qué hicimos para ofenderlo? ¡Una y otra vez nos persigue implacable! No comprendo qué pecado cometimos ni cómo apaciguarle porque no responde a nuestras oraciones, no sé si lograré salvarme.

¡Malditos bichos! ¡Ya están saliendo otra vez los dichosos pececillos de plata, habrá que exterminarlos o acabarán por todos lados! – tronaba el dios.




No hay comentarios:

Publicar un comentario