Las
caricias del tiempo han endurecido a los viejos magnolios que, como callosos
vigías, permanecen casi al final del parque. Sus hojas turgentes de un verde
oscuro brillante se tornaron ocres, sus semillas rojas se secaron y cayeron,
desperdigadas hacia el final del invierno, con el palpitante anhelo de
sobrevivir en lo profundo de una tierra fértil, aguardando el retorno de la
primavera. También así, se desprendieron mis recuerdos de nuestra presencia
junto a ellos, pero yo no aguardo a ninguna primavera. No como las que se
fueron y que jamás retornarán.
Recibiré
las que vengan, con el rostro hacia el dulce sol, cerrando los ojos al aire de
marzo que promete sueños inalcanzables a las almas fracturadas, como la mía.
Contemplaré florecer las jacarandas que siembran de pétalos rosados los
senderos y aparecerá alguna amapola carmesí, esplendorosa y silvestre, como el
mismo corazón que tiendo hacia adelante sin pensamiento alguno; solo dejándome
llevar por ese latido que percibo de la tierra, mientras pugnan las semillas
por ser flores y salirme al paso, como manchones de colores de un óleo fresco,
vibrando en un lienzo virginal.
A
nadie parece importarle, en este convulso tiempo de premuras donde no se siente
ni percibe, donde estas pequeñeces se presuponen siempre concedidas. Ceguera
implantada de absurdos egos y deseos banales.
Yo
regresaré junto a la fuente, a escuchar el trino de los pájaros entre los
estruendos de la ciudad, al murmullo del agua que nace de surtidores únicos y
viene a dejarse traspasar por los rayos de la luz entre destellos, mientras
alcanza lo más alto del cielo y se vierte a la copa inmensa donde regresa al
todo.
Comprendo
a mi viejito Sihr· cuando sus ya cortos paseos, se detenían justo allí, con la
fruición inocente de sentirlo, antes de partir al ocaso de sus días. Soy yo,
ahora, quien reclama ese espacio sereno donde dejarme ser una minúscula parte
de ese hechizo. Soy uno de esos chorros que nacen con brío y vuelan hacia el
punto álgido de su curva para ir descendiendo hasta el momento preciso en el
que, envuelta en paz, me disuelva en un océano que me aguarda.
Cruzando
el umbral hacia la incógnita del otro lado.
“Sé
agua, amigo mío” Bruce Lee
·
Sihr: nombre árabe de mi perro, significa:
magia, hechizo, encantamiento.


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