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Territorios. Entrevista a David Roas

 


Me concedió recientemente una entrevista un escritor al que admiro. Me refiero a David Roas (Barcelona, 1965). Maestro indiscutible del género breve, me dejé seducir de nuevo por una antología de relatos, en este caso, preguntándole por Territorios (Páginas de espuma) donde nos sumerge no solo en historias de terror, sino en el Agrohorror. Dejaos seducir por su prosa y, desde ya, por la entrevista que me concedió.

P.: Tu libro Territorios, por su título, me ha recordado a una frase que escuché una vez: El paisaje es un estado de ánimo. La tomo para que nos hables de la importancia de estos territorios, del paisaje, en estas siete historias. ¿Galicia tiene algo especial para ti, por cierto?

R.: Empiezo por el paisaje en general. Desde el principio tuve claro el título del libro, porque la presencia del paisaje no funciona como simple decorado sino como agente de la acción, como elemento esencial para el desarrollo de las historias y como generador de conflictos. Ya sea un infinito campo de centeno bajo un sol abrasador, un bosque inquietante, el amenazador océano atlántico o un huerto cuyas verduras y hortalizas escapan al control humano… Territorios todos ellos muy diferentes, pero siempre vinculados al espacio rural, en el que los personajes se ven atrapados (sobre todo cuando son foráneos) o asaltados por lo insólito.

En un libro como este no podía faltar Galicia, la tierra de mi madre, un espacio que siempre me ha fascinado y que -lejos del tópico- siempre genera en mí efectos insólitos. A Galicia ya dediqué algunos cuentos y una novela entera (La estrategia del koala), en la que el paisaje -buena parte de ella se articula como una road movie- es un personaje más. En Territorios acudo a mi propia memoria personal, a mis propias experiencias en Galicia, para distorsionarlas hasta el terror real (“A matanza do porco”) o hacia lo fantástico (“Rituales”, ambientado en San Andrés de Teixido, un lugar fascinante al que cada año viajaba con mi madre).

P.: El cine está presente no solo dentro, en guiños en los pasajes de estos relatos. También hallamos entre los títulos una curiosa manera de parodiar, o no, a libros o películas célebres. Háblanos de ello.

R.: Este es otro aspecto que tuve muy claro desde el principio: además de jugar con los elementos que definen eso que hemos llamado agrohorror, quería escapar de los tópicos trillados de lo fantástico y el terror natural (en el libro hay muestras de ambos), tópicos que ya tenemos muy asumidos y que, por ello mismo, pueden cansar o aburrir. El juego intertextual que aparece en cuatro de los títulos –“El gañán entre el centeno”, “La conjura de los recios”, “La invasión de los ladrones de huertos” y “La noche de los puercos vivientes”- busca generar un doble efecto: 1) implicar al lector con un guiño cómplice sobre obras muy conocidas a través de la inversión humorística (aunque los cuentos, como se verá, no tengan que ver con los argumentos de esas célebres novelas y películas, y a veces no muestren ni pizca de humor); y 2), al mismo tiempo, distanciarlo, distorsionar los propios códigos de lo fantástico y el terror ruralizando esos títulos y los géneros y subgéneros que representan.

P.: La mayoría de estas historias están contadas en primera persona, con un narrador protagonista. Intuyo que cuando las concebiste pensaste en este recurso para darle mayor verosimilitud a la narración. ¿Cómo llegaron a tu cabeza estas siete historias? ¿Fue algo premeditado o surgieron entremedias de otras historias?

R.: Una primera persona que también alterno con relatos en segunda, una voz que me gusta mucho, aunque es muy incómoda de escribir… Sea la voz que sea, mi voluntad es, como bien dices, potenciar la verosimilitud y hacer cómplices a los lectores y lectoras de las delirantes experiencias que viven mis protagonistas. Historias protagonizadas tanto por gentes que viven en ellos (ficciones narradas desde la visión del habitante del mundo rural), como por personajes que vienen de fuera, ya sean viajeros intrépidos, turistas despistados o nietos que visitan la casa de sus ancestros, es decir, gentes ajenas al lugar que no comprenden los códigos y que acabarán pagándolo.

Las historias parten de inspiraciones muy diversas, pero todas están escritas ex profeso para el libro, marcadas, por tanto, por ese título aglutinante y por las características que definen al agrohorror. Para no extenderme mucho, te pongo tres ejemplos. El cuento que abre el libro, “El gañán entre el centeno” (que nada tiene que ver con la obra de Salinger, más allá de ese juego entre los títulos) surge de la voluntad de escribir una especie de anti-cuento de fantasmas, porque ya estoy muy cansado de sus tópicos y convenciones: aquí los lectores son desengañados desde el principio acerca del estilo de la historia (nada de Folk Horror ni de ghost story lúgubre) y encima revelando que hay un fantasma -y de un niño- desde el primer párrafo… porque el relato ira por otro lado que los lectores y lectoras no esperan. Por su parte, “A matanza do porco” surge, como te decía antes, de una experiencia personal, de algo real que viví en el mismo lugar en el que se ambienta el cuento, el dolmen de Pedra da Arca: hacia finales de los 90 lo visité y me encontré un grupo de tipos vestidos de ninjas con katanas, y me largué rápidamente de allí y en silencio… por si acaso. Por último, “La noche de los puercos vivientes” lo escribí gracias a mi amigo Andrés Martorell: una noche, entre cervezas, le estaba contando que está metido en la escritura del libro y le comenté algunos de los títulos, a lo que él añadió: “Pues te falta ‘La noche de los puercos vivientes’”. Y tuve que ponerme a inventar una historia con ese maravilloso título en la que acabé combinando cerdos zombis (lo único “cercano” a la famosa película de George A. Romero) y el imaginario de Lovecraft.

P.: Se me antoja que más allá de la historia en sí, en estos siete relatos, has salpicado algo de ironía, pero también, algo de crítica social, no tan velada como se podría imaginar. Entre broma y broma, ¿la verdad asoma?

R.: Por supuesto. Antes de meterme en lo que ocurre en mis Territorios déjame decir que -hablando en general- en el agrohorror no hay evocación nostálgica y/o idealizada de lo rural, tampoco nos muestra ese mundo desde las alturas del urbanita con la intención de representarlo de forma satírica y despreciativa. Es más bien un retrato hiperbólico y distorsionado de la vida pueblerina en su más banal cotidianidad (dejando aparte, claro está, los elementos fantásticos e insólitos), pero construido desde el respeto y el conocimiento de ese mundo. Ese respeto a veces conlleva también una defensa del medio rural a través de la denuncia de ciertos males que lo acosan. Un posicionamiento crítico que en mis Territorios resulta evidente, por ejemplo, en ”La invasión de los ladrones de huertos”, que retrata los negativos efectos que tienen ciertas formas mercantilistas de desarrollar la agricultura ecológica sobre la economía y la vida rural; o en “La conjura de los recios”, tras el que también hay una crítica del turismo y de la mirada equivocadamente superior del mundo urbano sobre el rural. Esa burla de los perniciosos efectos del turismo también aparece, soterradamente, en “Rituales”.

P.: Leemos en uno de los pasajes de A matanza do porco la frase: "Cuanto daño ha hecho Tarantino." Estoy convencido de que es pura ironía; si, actualmente, pensase en algún director capaz de llevar al cine alguna de estas historias, sería en él. La pregunta comprometida, de poder elegir una de ellas, para la gran pantalla, ¿cuál escogerías y por qué?

R.: Es una frase completamente irónica, pues yo siempre he sido muy fan de Tarantino. La broma va dirigida a los malos imitadores del director estadounidense… Tienes razón, el estilo de Tarantino le va muy bien a varios de los cuentos del libro.

Yo creo que los cuentos del libro -y dicho así suena algo tonto o pretencioso- son muy cinematográficos. Tienen una dimensión visual y argumental fácilmente trasladable al cine. Entre los que me encantaría ver en una pantalla, están “La noche de los puercos vivientes” (daría para una buena película de terror grotesco), “La invasión de los ladrones de cuerpos” o “A matanza do porco”.


David Roas es escritor y catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad Autónoma de Barcelona, donde también dirige el Grupo de Estudios sobre lo Fantástico (GEF). Varios de sus relatos han sido traducidos al portugués, francés, inglés, italiano, croata, serbio y griego. Especialista en lo fantástico, entre sus ensayos cabe destacar Tras los límites de lo real. Una definición de lo fantástico (2011), que recibió el IV Premio Málaga de Ensayo y ha sido traducido al inglés y al italiano. Ha publicado Historia de lo fantástico en la cultura española contemporánea (1900-2015) (2017) y Cronologías alteradas. Lo fantástico y la transgresión del tiempo (2022). Es autor, entre otros, de los volúmenes de cuentos Los dichos de un necio (1996), Horrores cotidianos (2007), Monstruario (2021),Distorsiones (2010, VIII Premio Setenil), Bienvenidos a Incaland® (2014), Invasión (2018) y Niños (2022). También son suyas las novelas Celuloide sangriento (1996) y La estrategia del koala (2013).

Territorios. David Roas. Páginas de espuma.


El mar y otros inconvenientes Entrevista a Fidel Tomás

Esta semana, con el Día Internacional del Libro de por medio, no me he podido resistir a traer al blog de La ardilla literaria una entrevista muy especial. Me la concedió Fidel Tomás, que acaba de sacar a la luz su primera obra narrativa. El mar y otros inconvenientes (Arena) es un libro de relatos para grumetes, marineros, capitanes y gentes de tierra, muy en su estilo. Porque conocí a Tomás y puedo asegurar que la lectura de estas piezas harán disfrutar a propios y a extraños a un lado y a otro de las playas literarias. 

Además, quienes estéis en Valencia a principios de mayo, podréis acercaros al acto organizado en el local de La ardilla literaria para asistir a la firma de ejemplares que tendrá lugar el viernes de 10 mayo. Os dejo ya con esta entrevista aguardando, como siempre, vuestras sugerencias y comentarios.


P.: Con El mar y otros inconvenientes haces tu incursión en el mundo editorial. Has elegido el género del relato breve, aunque veo que estas historias tienen algo de poético, de fronterizo entre lo narrativo y lo lírico. Coméntanos acerca de este paso al frente, de esta botadura y soltar amarras.

R.: La verdad es que ya había publicado varios relatos en antologías, pero sí que es cierto que esta es mi primera publicación en solitario. Este conjunto de textos han sido el resultado de una escritura pausada, se trata, gastronómicamente hablando, de un producto slow food. Los he estado reescribiendo durante más de diez años, de una manera ya casi obsesiva y, te confieso, que una de las cosas que más me reconfortan respecto a este soltar amarras, que comentas, es que ya no los voy a seguir corrigiendo, por fin se quedan como están. Han alcanzado, para bien o para mal, su forma definitiva, que efectivamente orbita, según los casos y los temas, entre lo poético íntimo y lo irónico social…

P.: Llama la atención, al menos a mí, el título. Ese mascarón de proa. No tanto por el mar, sino por esos inconvenientes. Quizá ese yin, desde una perspectiva taoista, queda reflejado en la propia portada, en ese lado nocturno, reservado. ¿Es así?

R.: Sí, la metáfora del mar no es precisamente muy original, representa como de costumbre el fin, el viejo thánatos de siempre. Láquesis, La Parca de Goya en la portada, dispuesta a cortar, si le place, el hilo de cada uno de nosotros. Nuestras vidas son los ríos y todo lo que sigue…, no creo descubrir gran cosa con ello; de hecho, pienso que en el ámbito literario quien cree que es muy original es porque ha leído muy poco, ya está todo más que contado. Ahora bien, tal vez lo que nos quede sea buscar alguna perspectiva nueva respecto a las viejas y eternas preocupaciones. Me gusta la idea de plantear puntos de vista que se separen de lo habitual o complaciente. Que generen algún tipo de inquietud en el lector, que le supongan algún ligero inconveniente como motor de búsqueda, de duda o de al menos una sospecha. 

P.: Entre los veintidós textos que conforman El mar y otros inconvenientes, leemos algunos a los que les has dado un título en latín, como Splendet Dum Frangitur o Principium Individuationis. También a otro lo titulas El sofista. Lo hilo aquí para preguntarte por la filosofía, dado que ejerces como docente de esa asignatura y, quizá, si hay una parte tuya que ha quedado en estos relatos.

R.: Los dos relatos a los que aludes tenían otros títulos en castellano, pero se los acabé cambiando hace no mucho tiempo. La verdad es que me gusta mucho cómo suenan. Ya sabes aquello de que el latín es la aritmética de la lengua…, pero es que si se pronuncian en voz alta suenan de maravilla…, creo. Hay otro relato, el que cierra el libro, que lleva también otro título en latín, es Tacet, la notación musical en la cual un instrumento debe permanecer en silencio, y de eso va el relato, del silencio. Desde el principio, tuve claro que ese relato debía cerrar el libro. Respecto a lo de la filosofía, pues ya sabes lo que se dice: lo que no es plagio es autobiografía. Solo te diré que muchos de los relatos de este libro (y El sofista no es una excepción) están basados en hechos absolutamente ficticios.  

Fidel Tomás (izda.) y Ricardo Guadalupe (dcha.)

P.: Antes, he comentado que son veintidós las historias que has reunido en esta antología. Las has dividido en cuatro secciones. Más que preguntarte por esa compartimentación, me gustaría ahondar en el proceso de gestación de este libro. ¿Qué hilo argumental o concepto escogiste para seleccionar a estas frente a las que quizás se quedaron en tierra y no cruzaron el mar de su publicación?

R.: Con esto sí que has abierto un buen debate; a ver, muchas editoriales consideran (léase: exigen) que un libro de relatos ha de mantener un hilo argumental, o, cuanto menos, un tema o motivo que aglutine o articule el armazón del libro. Yo tengo mis reservas en cuanto a esto. Obviamente, si hablamos de gustos…, pues para eso están los lectores… Pero a mí me parece que entonces, si en vez del título de cada relato pones: Capítulo I, Capítulo II, etc., pues tienes una novela claro. 

»Quiero decir que para mí un libro de relatos puede tener otra variedad temática y creativa. De hecho, cuando leemos los libros de Julio Cortázar o de Sergi Pàmies o de Alice Munro o de tantos otros, la unidad temática brilla por su ausencia. Eso no quiere decir, claro, que el libro no pueda tener, y de hecho el mío creo que lo tiene, cierto aire de familia (no siempre bien avenida) y ciertos motivos e incluso personajes que aparecen, desaparecen y reaparecen en diversos momentos. Me gusta que los relatos se hagan guiños entre sí, no me importa que haya vasos comunicantes, pero hasta ahí llego en la exigencia de una unidad orgánica. Más bien pienso que un libro de relatos es como aquellas cajas que nos traían los Reyes Magos, las de los Juegos Reunidos Geyper, en las que cada juego va por libre y marca sus propias reglas, me gusta esta irreverente incongruencia.

P.: Curiosamente, casi al final de esta travesía en forma de entrevista, sujeto la amarra del prólogo, a cargo del también escritor Ricardo Guadalupe. Y lo hago porque afirma en él que siempre te “han parecido más estimulantes las preguntas que las respuestas.” Siendo así, te lanzaría el cabo: ahondando sobre esas preguntas que “dejamos” los escritores en los libros, y que al leerse cada vez menos, dicen, ya no nos hacemos; quedarán en un lejano mar, tal vez.

R.: Pues no sé si se lee menos, desde luego se escribe y publica mucho, según los datos del registro de ISBN en España, se vienen a publicar una media de 80.000 títulos cada año. El año pasado batimos nuestro récord y llegamos a los 100.000. Incluso reconociendo que algunos o muchos de ellos queden intactos en las estanterías, un mercado con este volumen no se sustentaría sin el consumo lector. Un español de cultura media ha leído, aunque no lo sepa, más libros que los que leyó Platón en toda su vida. Desde hace 30.000 años (semana arriba, semana abajo) los homo sapiens parece que tenemos la necesidad de contarnos historias los unos a los otros, de hacernos preguntas y, a veces, las menos, incluso hallar respuestas que nos acabamos creyendo o que nos sirven de alguna manera. No parece que esa necesidad vaya a acabar… de momento. Y sí, publicar un libro es semejante a lanzar un mensaje en una botella, pero a todos nos ha pasado algunas veces eso de que cae en tus manos el libro adecuado en el momento preciso, y eso es fantástico.  

P.: Una de las presentaciones de El mar y otros inconvenientes la harás cerca del mar. Me refiero a que vendrás a Valencia, a compartir con tus lectores este retoño literario. No es casual, quizás el Mediterráneo, de alguna forma, inspiró alguno de estos relatos.

R.: Sí, el viernes 10 de mayo lo presentaremos en La Ardilla Literaria; de hecho, va a ser la primera presentación del libro, que está humeante del horno todavía, acaba de salir este mismo mes. Para mí, volver a Valencia es siempre volver a casa. Y, desde luego que sí, no solo es que Valencia y el Mediterráneo hayan inspirado estos relatos, es que casi todos ellos los escribí allí, y nacieron cargaditos de salitre y espuma y arena de mar, ese que siempre devuelve lo que cae en él. Es justo que allí vuelvan, ahora que se han independizado de mí y comienzan a navegar por su cuenta. 


Fidel Tomás es Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación. Su trayectoria docente se distribuye desde la educación secundaria hasta la universitaria, aunque dice que todavía no ha aprendido lo suficiente y amenaza con perseverar. Sus intereses se han centrado en el estudio de los vasos comunicantes que permean Filosofía y Literatura. Ha publicado diversos relatos en antologías y artículos en revistas especializadas, y ahora no ha tenido inconveniente en lanzarse sin salvavidas al turbulento mar de la creación literaria con El mar y otros inconvenientes.


El mar y otros inconvenientes. Fidel Tomás. Arena Libros. 

Los hijos. Franz Kafka

Tres son las narraciones que encontrarán los lectores en Los hijos (Nocturna), de Franz Kafka. La obra ve la luz esta primavera, con traducción de Juan José del Solar, en el centenario de la muerte del autor. 

La condena, El fogoneroLa transformación se gestaron a finales de 1912, uno de los períodos más productivos de la vida de Kafka. Se da la circunstancia de que el autor quiso que las tres se publicasen en un solo volumen, el invierno de 1912 a 1913. Pero a pesar de la cohesión temática, alrededor de las relaciones paternofiliales, la culpa y el papel sufriente del hijo, de los que el propio Kafka era conocedor por su relación con su padre, no se publicó.

En La condena,  el protagonista es Georg Bendemann, un joven comerciante, cuyo encuentro con su anciano padre, para comunicarle que acaba de comprometerse se transforma en una pesadilla repleta de reproches. En El fogonero hallamos al joven Karl Roßmann, a quien sus padres lo envían a New York  tras un escándalo, en busca de fortuna.  Esta narración se publicó como primer capítulo de la novela El desaparecido, publicada póstumamente. 

Por último, La transformación o La metamorfosis como también se ha venido traduciendo, es quizás la obra breve más famosa de Kafka. El protagonista es Gregor Samsa, cuyas peripecias comienzan el día que se descubre convertido en un “monstruoso insecto” en la casa de su familia. Tras enfermar de tuberculosis, Kafka falleció en un sanatorio de Kierling (Austria), en junio de 1924. Según sabemos, poco antes  pidió a su amigo y editor Max Brod que destruyera toda su obra inédita. Pero este contravino ese deseo y se encargó de publicar póstumamente algunos de los manuscritos, como los de las novelas El proceso y El castillo. Como decía, cien años después del fallecimiento de este gran autor, ve la luz en un solo volumen estas tres obras tal y como él deseó, bajo el título Los hijos.

Franz Kafka nació en Praga en 1883 y estudió Derecho. Su obra, de las más influyentes de la literatura universal y escrita íntegramente en alemán, trata cuestiones como los conflictos paternofiliales, la burocracia, la violencia y la culpa. Autor de las novelas El proceso, El castillo y América (El desaparecido), escribió también una gran cantidad de cuentos. Dejó una abundante correspondencia y escritos personales, como la Carta al padre y las Cartas a Milena. Murió en Kierling (Austria), en 1924 y se lo enterró en el Nuevo Cementerio Judío de Praga. 

Los hijos. Franz Kafka. Nocturna ediciones. Trad.:  Juan José del Solar

Taller de Microrrelatos. Entrevista a María Ángeles Chavarría

Nos concedió una entrevista María Ángeles Chavarría, al hilo de la actividad cultural que va a dictar en La ardilla literaria, en Valencia. Se define a sí misma como alguien a quien le “gusta planear por el papel, lanzar interrogantes y ser de maneras distintas en cada página. Y transmitir algo, que ni yo misma sé porque la evolución y la sorpresa viajan conmigo.” 




  P.: Hemos hablado de otros talleres de escritura en La ardilla literaria, ¿por qué un taller de microrrelatos en noviembre?

  R.: Es un modo de dar opciones, según la preferencia de géneros y tipo de escritura, teniendo en cuenta que previamente se impartirán dos talleres diferentes por parte de mis compañeros: en septiembre uno de Escritura Emocional, a cargo de Ginés J. Vera, y en octubre otro de Poesía, a cargo de Félix Molina. De este modo se completa un ciclo y damos más alternativas. 

  En mi caso, he elegido el microrrelato por sus múltiples posibilidades expresivas y por tratarse de un género apasionante que requiere más difusión.

  P.: ¿Qué contenidos se van a abordar en las diferentes sesiones?

  R.: El curso completo se ha dividido en cuatro sesiones en las que iremos trabajando diferentes aspectos del género. Además, se mostrarán recursos y técnicas para fomentar la inspiración y encontrar ideas ingeniosas sin descuidar el estilo literario.

  El contenido se divide en estos apartados, por orden de impartición:

    1. Líneas borradas: El poder de lo no dicho.

    2. Inspira-expira: dónde encontrar ideas.

    3. El título importa: expectación, sugerencia o complicidad.

    4. Jugando al despiste y otras técnicas.

  Todo ello se expondrá de forma muy práctica y participativa. La idea es experimentar, disfrutar y compartir las creaciones.

  P.: ¿El taller está pensado para personas conocedoras del género o puede apuntarse todo el mundo?

  R.: En absoluto es necesario conocer el género en profundidad. Sea cual sea el nivel de cada participante, aquí venimos a aprender y a descubrir el talento artístico que llevamos dentro. Estoy convencida, por experiencias anteriores, que más de una persona se va a sorprender cuando averigüe todo su potencial expresivo y lo que es capaz de crear con pocas palabras.

  P.: Qué les dirías a los lectores de nuestro blog para que se inscriban en el taller de microrrelato.

  R.: Que no se lo piensen demasiado y se inscriban cuanto antes. Les invito a que se dejen sorprender con las dinámicas y a que se den la oportunidad de sorprenderse a sí mismos en cada sesión. Solo tienen que escribir al email de contacto: literaturayperiodismo@yahoo.es 

  Os espero los cuatro martes de noviembre de 19:30 a 20:30 h


Quince llamadas perdidas. Rubén Abella

Quince son las historias que Rubén Abella reúne en Quince llamadas perdidas (Algaida). Las quince tienen ecos, resuenan, es más, al finalizar su lectura casi parecen percibirse como lo que nos propone el título: llamadas sin respuesta. Otra de las conexiones entre estas historias la encontramos en la intención de Abella. Las ha tejido narrativamente para que se lean en orden y, a su vez, se toquen casi como vasos comunicantes. 

 La lectura así nos llevará en muchos casos a personajes en la ciudad de Madrid. Protagonistas cotidianos atribulados con conflictos y encrucijadas casi de diario, de página de suceso o de conversación de supermercado, pero hiladas con una luz y lucidez narrativa propias. El lenguaje es sencillo, sin alambicados recursos estilísticos, primando la historia en sí, el momento trascendente en el que como autor Abella nos plantea cada acto y sus consecuencias. Fiel reflejo de nuestras historias comunes, los personajes de Quince llamadas perdidas transitan entre los aciertos y los errores de sus decisiones. Una veces luchan por su identidad, por su felicidad, otras, por la comprensión del mundo que les rodea haciéndoles partícipes del drama de la vida. 

  En ese ir y venir del delincuente que atraca una farmacia, de ese agente inmobiliario que conocerá a su doble en plena calle o de la anciana que reflexiona sobre los avatares de su vida en la playa, entre olas juguetonas, Abella nos tiende una senda de losas amarillas hacia su particular mundo de Oz. Solo al llegar descubriremos la magia transformada en maestría narrativa, no en vano estos relatos obtuvieron el LV premio literario Ktuxa Ciudad de San Sebastián en la modalidad de relatos en castellano. ¿Aceptáis la llamada?



  Rubén Abella es doctor en Filología Inglesa por la Universidad de La Rioja y ha cursado estudios de postgrado en las universidades de Tulane (Nueva Orleans, EE. UU.) y Adelaida (Australia). Su primera novela, La sombra del escapista, recibió en 2002 el Premio de Narrativa Torrente Ballester y con su segunda, El libro del amor esquivo, resultó finalista del Premio Nadal en 2009. En 2007 No habría sido igual sin la lluvia mereció el Premio Mario Vargas Llosa NH de Relatos, feliz incursión en el género del microrrelato que quedó revalidada en 2010 con Los ojos de los peces. Sus tres últimas novelas son Baruc en el río (2011), California (2015) e Ictus (2020). Rubén Abella compagina la escritura con la fotografía y la docencia. Ha impartido cursos y conferencias sobre diversas materias en universidades de todo el mundo y es profesor de la Escuela de Escritores y de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid. 


  Quince llamadas perdidas. Rubén AbellaAlgaida.

Canciones de amor para tímidos y cínicos. Robert Shearman

Espectacular selección de relatos los que encontramos en Canciones de amor para tímidos y cínicos (La maquina que hace Ping), de Robert Shearman. El escritor británico conjuga a la perfección la narración breve dando espacio a historias cargadas, como ilustra el título, de amor y de ficción en su aderezo justo. 

  Así, ese amor en más de una de sus representaciones y acepciones, se halla en muchos de los títulos de estos diecisiete relatos. Pero si algo destacaría de Shearman en estas “canciones” es la prosa, la maquinaria narrativa para sumergirnos desde las primeras líneas en el conflicto de cada pieza. La manera sutil al disponer los personajes frente a sus miedos, sus anhelos o sus encrucijadas. Capítulo aparte y no cuestión menor, son los finales. 

  Si Cortázar habló de la esfericidad en las distancias cortas literarias seguro que en Canciones de amor para tímidos y cínicos, las y los amantes del género paladearán esa cualidad. No hay más que asomarse por dar dos ejemplos, sin faltar al resto, como son Luxemburgo o El bigote de George Clooney

  Pero si hay un guiño que no quiero ni debo dejar pasar es el que encontraremos en Una última canción de amor. La música recorre ese relato, le da cuerpo y el amor lo alimenta. ¿El guiño? No lo revelaré, aunque quiero dar las gracias a Cristian Arenós, editor de La máquina que hace Ping, por esta edición en castellano y lo que no revelaré aquí. 

  Apto para todos los lectores exigentes con la narrativa breve, estas diecisiete historias son canciones para no tan tímidos, no tan románticos y no tan cínicos. Aunque no siempre hay que fiarse de las palabras de un escritor, claro. 


  Robert Shearman (Horsham - Sussex, 1970) ha escrito seis antologías de relatos cortos. Ha ganado los premios World fantasy award, Shirley Jackson award, Edge Hill Readers Prize y tres British fantasy awards. Comenzó su carrera en el teatro. Fue dramaturgo residente en el teatro Northcott de Exeter y escritor habitual de Alan Ayckbourn en el teatro Stephen Joseph, de Scarborough; sus obras han ganado el Sunday Times Playwriting Award, el World Drama Trust Award, y el Guinness Award for Ingenuity en asociación con el Royal National Theatre. Escritor habitual de la BBC Radio, su serie interactiva The Chain Gang ha ganado dos premios Sony. Pero es, probablemente, más conocido por su trabajo en Doctor Who.


  Canciones de amor para tímidos y cínicos. Robert Shearman.  La máquina que hace Ping.

Koniec. Salvador Perpiñá

Catorce son las historias que transitan las páginas de Koniec (Milenio), de Salvador Perpiñá. Algunas de ellas son breves, de unas pocas páginas; otras, en cambio, van más allá. Hay así relatos cotidianos, actuales, junto a otros desde el histórico titulado Las aventuras del doctor Flöid al futurista Amor constante más allá de la muerte

  Haciendo un brillante juego literario con el título de estos relatos, destacan sus finales, la manera en la que estas historias se cierran cuando Perpiña da el koniec a sus protagonistas. Sirva decir que esa palabra significa «fin» en polaco. 

  Hay toques de humor, de ironía, pero también de reflexión y de crítica ya en lo cómico ya en lo dramático. Incluso hay historias en este Koniec que no acaban de verdad, Perpiñá también juega con eso y con el lenguaje. La manera de narrar una historia a menudo es lo que la hace vital, perdurable. Nos atraen los hechos, acaso esos personajes, por como la vida o la muerte bailan a su alrededor. Pero la manera en la que nos llegan y nos tocan como evocación o con visos de leyenda distingue los buenos de los no tan buenos relatos. 

  Perpiñá rubrica con su prosa que sabe alambicar estas narraciones para que podamos ver lo que sucede con las palabras precisas y la adjetivación cuidada. Por todo eso y por alguna sorpresa más, os recomiendo esta lectura, estos catorce relatos de Koniec.


  Salvador Perpiñá (Granada, 1963). Tras una trayectoria universitaria que solo cabe calificar de errática, y haber desempeñado trabajos tan dispares como el de montador, director de cortometrajes o encargado del aplausómetro en un programa concurso, acabó trabajando como guionista de series como Arrayán, Periodistas, Los Serrano, Pelotas, Isabel o La Peste..., actividad de la que aún vive. Ha publicado dos libros de relatos: Prácticas de Tiro (2014) y Contradiós (2018).


  Koniec. Salvador Perpiña. Editorial Milenio.