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Territorios. Entrevista a David Roas

 


Me concedió recientemente una entrevista un escritor al que admiro. Me refiero a David Roas (Barcelona, 1965). Maestro indiscutible del género breve, me dejé seducir de nuevo por una antología de relatos, en este caso, preguntándole por Territorios (Páginas de espuma) donde nos sumerge no solo en historias de terror, sino en el Agrohorror. Dejaos seducir por su prosa y, desde ya, por la entrevista que me concedió.

P.: Tu libro Territorios, por su título, me ha recordado a una frase que escuché una vez: El paisaje es un estado de ánimo. La tomo para que nos hables de la importancia de estos territorios, del paisaje, en estas siete historias. ¿Galicia tiene algo especial para ti, por cierto?

R.: Empiezo por el paisaje en general. Desde el principio tuve claro el título del libro, porque la presencia del paisaje no funciona como simple decorado sino como agente de la acción, como elemento esencial para el desarrollo de las historias y como generador de conflictos. Ya sea un infinito campo de centeno bajo un sol abrasador, un bosque inquietante, el amenazador océano atlántico o un huerto cuyas verduras y hortalizas escapan al control humano… Territorios todos ellos muy diferentes, pero siempre vinculados al espacio rural, en el que los personajes se ven atrapados (sobre todo cuando son foráneos) o asaltados por lo insólito.

En un libro como este no podía faltar Galicia, la tierra de mi madre, un espacio que siempre me ha fascinado y que -lejos del tópico- siempre genera en mí efectos insólitos. A Galicia ya dediqué algunos cuentos y una novela entera (La estrategia del koala), en la que el paisaje -buena parte de ella se articula como una road movie- es un personaje más. En Territorios acudo a mi propia memoria personal, a mis propias experiencias en Galicia, para distorsionarlas hasta el terror real (“A matanza do porco”) o hacia lo fantástico (“Rituales”, ambientado en San Andrés de Teixido, un lugar fascinante al que cada año viajaba con mi madre).

P.: El cine está presente no solo dentro, en guiños en los pasajes de estos relatos. También hallamos entre los títulos una curiosa manera de parodiar, o no, a libros o películas célebres. Háblanos de ello.

R.: Este es otro aspecto que tuve muy claro desde el principio: además de jugar con los elementos que definen eso que hemos llamado agrohorror, quería escapar de los tópicos trillados de lo fantástico y el terror natural (en el libro hay muestras de ambos), tópicos que ya tenemos muy asumidos y que, por ello mismo, pueden cansar o aburrir. El juego intertextual que aparece en cuatro de los títulos –“El gañán entre el centeno”, “La conjura de los recios”, “La invasión de los ladrones de huertos” y “La noche de los puercos vivientes”- busca generar un doble efecto: 1) implicar al lector con un guiño cómplice sobre obras muy conocidas a través de la inversión humorística (aunque los cuentos, como se verá, no tengan que ver con los argumentos de esas célebres novelas y películas, y a veces no muestren ni pizca de humor); y 2), al mismo tiempo, distanciarlo, distorsionar los propios códigos de lo fantástico y el terror ruralizando esos títulos y los géneros y subgéneros que representan.

P.: La mayoría de estas historias están contadas en primera persona, con un narrador protagonista. Intuyo que cuando las concebiste pensaste en este recurso para darle mayor verosimilitud a la narración. ¿Cómo llegaron a tu cabeza estas siete historias? ¿Fue algo premeditado o surgieron entremedias de otras historias?

R.: Una primera persona que también alterno con relatos en segunda, una voz que me gusta mucho, aunque es muy incómoda de escribir… Sea la voz que sea, mi voluntad es, como bien dices, potenciar la verosimilitud y hacer cómplices a los lectores y lectoras de las delirantes experiencias que viven mis protagonistas. Historias protagonizadas tanto por gentes que viven en ellos (ficciones narradas desde la visión del habitante del mundo rural), como por personajes que vienen de fuera, ya sean viajeros intrépidos, turistas despistados o nietos que visitan la casa de sus ancestros, es decir, gentes ajenas al lugar que no comprenden los códigos y que acabarán pagándolo.

Las historias parten de inspiraciones muy diversas, pero todas están escritas ex profeso para el libro, marcadas, por tanto, por ese título aglutinante y por las características que definen al agrohorror. Para no extenderme mucho, te pongo tres ejemplos. El cuento que abre el libro, “El gañán entre el centeno” (que nada tiene que ver con la obra de Salinger, más allá de ese juego entre los títulos) surge de la voluntad de escribir una especie de anti-cuento de fantasmas, porque ya estoy muy cansado de sus tópicos y convenciones: aquí los lectores son desengañados desde el principio acerca del estilo de la historia (nada de Folk Horror ni de ghost story lúgubre) y encima revelando que hay un fantasma -y de un niño- desde el primer párrafo… porque el relato ira por otro lado que los lectores y lectoras no esperan. Por su parte, “A matanza do porco” surge, como te decía antes, de una experiencia personal, de algo real que viví en el mismo lugar en el que se ambienta el cuento, el dolmen de Pedra da Arca: hacia finales de los 90 lo visité y me encontré un grupo de tipos vestidos de ninjas con katanas, y me largué rápidamente de allí y en silencio… por si acaso. Por último, “La noche de los puercos vivientes” lo escribí gracias a mi amigo Andrés Martorell: una noche, entre cervezas, le estaba contando que está metido en la escritura del libro y le comenté algunos de los títulos, a lo que él añadió: “Pues te falta ‘La noche de los puercos vivientes’”. Y tuve que ponerme a inventar una historia con ese maravilloso título en la que acabé combinando cerdos zombis (lo único “cercano” a la famosa película de George A. Romero) y el imaginario de Lovecraft.

P.: Se me antoja que más allá de la historia en sí, en estos siete relatos, has salpicado algo de ironía, pero también, algo de crítica social, no tan velada como se podría imaginar. Entre broma y broma, ¿la verdad asoma?

R.: Por supuesto. Antes de meterme en lo que ocurre en mis Territorios déjame decir que -hablando en general- en el agrohorror no hay evocación nostálgica y/o idealizada de lo rural, tampoco nos muestra ese mundo desde las alturas del urbanita con la intención de representarlo de forma satírica y despreciativa. Es más bien un retrato hiperbólico y distorsionado de la vida pueblerina en su más banal cotidianidad (dejando aparte, claro está, los elementos fantásticos e insólitos), pero construido desde el respeto y el conocimiento de ese mundo. Ese respeto a veces conlleva también una defensa del medio rural a través de la denuncia de ciertos males que lo acosan. Un posicionamiento crítico que en mis Territorios resulta evidente, por ejemplo, en ”La invasión de los ladrones de huertos”, que retrata los negativos efectos que tienen ciertas formas mercantilistas de desarrollar la agricultura ecológica sobre la economía y la vida rural; o en “La conjura de los recios”, tras el que también hay una crítica del turismo y de la mirada equivocadamente superior del mundo urbano sobre el rural. Esa burla de los perniciosos efectos del turismo también aparece, soterradamente, en “Rituales”.

P.: Leemos en uno de los pasajes de A matanza do porco la frase: "Cuanto daño ha hecho Tarantino." Estoy convencido de que es pura ironía; si, actualmente, pensase en algún director capaz de llevar al cine alguna de estas historias, sería en él. La pregunta comprometida, de poder elegir una de ellas, para la gran pantalla, ¿cuál escogerías y por qué?

R.: Es una frase completamente irónica, pues yo siempre he sido muy fan de Tarantino. La broma va dirigida a los malos imitadores del director estadounidense… Tienes razón, el estilo de Tarantino le va muy bien a varios de los cuentos del libro.

Yo creo que los cuentos del libro -y dicho así suena algo tonto o pretencioso- son muy cinematográficos. Tienen una dimensión visual y argumental fácilmente trasladable al cine. Entre los que me encantaría ver en una pantalla, están “La noche de los puercos vivientes” (daría para una buena película de terror grotesco), “La invasión de los ladrones de cuerpos” o “A matanza do porco”.


David Roas es escritor y catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad Autónoma de Barcelona, donde también dirige el Grupo de Estudios sobre lo Fantástico (GEF). Varios de sus relatos han sido traducidos al portugués, francés, inglés, italiano, croata, serbio y griego. Especialista en lo fantástico, entre sus ensayos cabe destacar Tras los límites de lo real. Una definición de lo fantástico (2011), que recibió el IV Premio Málaga de Ensayo y ha sido traducido al inglés y al italiano. Ha publicado Historia de lo fantástico en la cultura española contemporánea (1900-2015) (2017) y Cronologías alteradas. Lo fantástico y la transgresión del tiempo (2022). Es autor, entre otros, de los volúmenes de cuentos Los dichos de un necio (1996), Horrores cotidianos (2007), Monstruario (2021),Distorsiones (2010, VIII Premio Setenil), Bienvenidos a Incaland® (2014), Invasión (2018) y Niños (2022). También son suyas las novelas Celuloide sangriento (1996) y La estrategia del koala (2013).

Territorios. David Roas. Páginas de espuma.


Casilla vacía. Entrevista a Santiago Mazarrasa

Me siento muy unido a la ciudad de Santander, por ello, para mí es un doble motivo de alegría compartir esta entrevista. Me la concedió el escritor cántabro Santiago Mazarrasa, (Santander, 1988) al hilo de su tercera novela Casilla vacía, tras sus anteriores "El aspirante" (2021) y "Caníbal sin dientes" (2023). 

Mazarrasa estuvo en la Feria del Libro de Madrid el pasado 30 y 31 de mayo; si no pudiste coincidir allí, tienes una nueva oportunidad del 26 de este mes al 05 de julio precisamente en Santander, en la Feria del Libro de su ciudad natal.

P.: Si el título nos evoca un juego, unas casillas en las que una se vacía, me atrevo a preguntarle por otro juego, el de las sillas y la música en el que cuando esta se para ha de buscarse acomodo en una liza con otros participantes. La pérdida y la búsqueda son el motor de algunos juegos de mesa, pero también lo que nos hace resilientes, lo que nos empuja a seguir, ¿de esto también va Casilla vacía?

R.: No diría que nos hace resilientes. Creo que se avanza porque no queda otra, se avanza por puro instinto de supervivencia. En el término resiliencia hay unos matices morales que a mí no me interesan y que, de hecho, considero algo peligrosos. Lo que creo es que es imposible detenerse, si no es por que uno desea ponerle fin a su vida. Los personajes que me interesaban en Casilla buscan algo, un refugio, una salida, un amor duradero, lo que sea, pero mientras son arrastrados por la corriente más que nadar en ella.

P.: Creo que Casilla vacía es de algún modo una declaración de intenciones, una suerte de carta novelada sobre una generación desencantada con el pulso social y las oportunidades laborales un tanto miserables. ¿Es así?

R.: Sí, pero con matices. Para mí, lo fundamental de la novela no está tanto en lo que tiene de reflejo de una época y de la situación de una generación con respecto a su futuro si no en un asunto mucho más esencial: el vacío, el sinsentido, la carencia, como una forma constitutiva de existir que tiene lo humano, que no es en absoluto particular a mi generación. La base de la novela está ahí, en esa exploración del sinsentido como aquello alrededor de lo cual construimos una vida. Ocurre que mi generación se ha dado de bruces contra ello, por eso resultaba tan esclarecedor tratar esta noción a través de problemas que sí son contemporáneos y que, efectivamente, han dado como resultado esta suerte de relato sin esperanzas.

P.: Tuve la oportunidad de vivir en Santander, ciudad a la que adoro, a la que regresé tiempo después y a la que espero volver. Con esa villa marinera de comienzo y con esos regresos en la mente o los cuerpos de los personajes de su novela, le preguntaré por el origen de Casilla vacía, el germen.

R.: El germen está en lo que mencionaba anteriormente. A mí me ha obsesionado siempre la idea del sin sentido, del vacío, de aquello que no podemos comprender y, sin embargo, nos empuja hacia delante. En primer lugar, por supuesto, la muerte. Todavía no entiendo qué pintamos aquí si tenemos que marcharnos. Esa es la idea que hay detrás, muy atrás, de este libro. Luego se desarrolla, claro, y aparecen los lugares, los problemas y los conflictos que me interesan del mundo en el que vivimos y que creo que son reflejos de ese sinsentido, digamos, original que es la propia existencia.

P.: Los símbolos en el arte dan profundidad a una obra, la trascienden. Creo que en su novela hay alguno, por ellos le pregunto, no sé si con tino o no, empezaría con los gatos, pero le cedo la palabra.

R.: Claro, son fundamentales en la medida en la que van más allá del significado literal y permiten una lectura abierta a interpretaciones, que es una de las cosas que debe hacer la literatura. No diría que Casilla esté plagada de símbolos, pero sí hay muchos elementos que trabajan indirectamente con los asuntos que el libro explora. Para mí es importante que todo en la novela trabaje en la misma dirección, y ahí es donde cualquier elemento puede ser símbolo, indicio, señal. Los gatos en el libro tienen una función simbólica, está claro, pero no debería explicarla porque eso anula completamente su sentido.

P.: Por último, sin duda Casilla vacía es una novela de personajes. La acción no recae en un solo protagonista, sino que se reparte, incluso recurriendo al contrapunto espacial y temporal. Y, además, está el paisaje, esa inmersión a través de calles, ciudades y espacios abiertos, con un cielo muchas veces cuajado de nubes, anunciando lluvia o tras ella. Me sirve para que nos hable de los estados emocionales narrativos, de cómo estrechar con estos la distancia a menudo insalvable e invisible entre el autor y los lectores.

R.: Durante el proceso del libro, pensé que acabaría convirtiéndose en muchas cosas muy diferentes. Fue durante el desarrollo cuando me di cuenta de que, realmente, Casilla quería representar un estado de ánimo, más que una idea concretable o un tema en el sentido más estéril del término. Creo que ahí se encuentra ese puente que une el libro a sus futuros lectores, en la capacidad, no de explicar o describir ese estado de ánimo, sino de contagiarlo, en cierto modo, hacerlo palpable para el lector. De algún, espero que Casilla enfrente a unos y otros con sus propias ausencias, carencias y conflicto de un modo que resulte, paradójicamente, disfrutable. Alguien me dijo una vez que iba al cine a ver películas para llorar por lo suyo. Creo que en mi manera de hacer literatura, hay algo de eso. De eso, o de espejo deforme.


Casilla vacía. Santiago Mazarrasa. Alianza editorial.


Haz caso a mamá. Entrevista a Paloma Sorribes


La entrevista de esta semana es muy especial, ya que nos la concedió nuestra colaboradora y artista gráfica Paloma Sorribes. En plena turné promocional con su primer libro ilustrado Haz caso a mamá (Brief) ha sacado unos minutos para concederme esta simpática entrevista. Si además de su libro queréis que os lo dedique, nos cuenta al final de la entrevista dónde firma estos días.


P.: Empecemos por el principio, ¿quién es Paloma Sorribes?

R.: Paloma Sorribes soy yo, y yo soy mis dibujos. Dicen que veo lo que otros no ven: un detalle en el parque, una conversación lejana, el temblor en las manos, el final que adivino antes de que llegue. Lo que no digo, lo dibujo. Y en ese proceso, dejo señales, pequeñas pistas, para quien quiera seguirlas.

P.: El protagonista de tu libro, Haz caso a mamá, es un camaleón que va al colegio y tiene amigos insectos que también van a colegio. Es importante hacer caso a mamá siempre, pero ¿más aún cuando estamos en el colegio?

R.: Hacer caso a mamá es importante dentro y fuera del colegio pero hacer caso no implica la obediencia absoluta. Los niños deben equivocarse para poder aprender que aunque mamá suene aburrida y agotadora, seguir sus consejos les puede ahorrar muchos disgustos. Ojalá que con este cuento alguno de ellos lo descubra antes que yo.

P.: Otro de los personajes de este libro es una mantis religiosa que molesta sus compañeros con sus tonterías y sus bromas. ¿Por qué elegiste a este insecto para ese rol un poco de malote de colegio?

R.: Por la apariencia… no sé si has visto una mantis religiosa al natural… casi mide un dedo. No se mueve… tiene la cabeza como uno de esos extraterrestres de las películas antiguas y parece que quiera invadir el mundo de forma silenciosa… luego está lo del video… me produjo tal desazón… que un vertebrado tan a lo suyo como es un camaleón hiciera lo que tenía que hacer que era cenar y que la mantis se lo zampara… me hizo pensar, pensar mucho y no te digo que no me traumatizara… ahora veo mantis donde antes solo veía gente molesta.

P.: Háblanos de las ilustraciones que acompañan al texto, tanto las de las escenas de día como las nocturnas, muy llamativas.

R.: Por encima de todo soy ilustradora… y crecí con Pikachu, el manga de Bola de drac y todo eso… y te confieso que no puedo con el terror… así que cuando vi ese video tuve que digerirlo… y ¿qué mejor manera de hacerlo convirtiendo esa realidad de la naturaleza en unos dibujos simpáticos y con final feliz. Los colores… la noche… el día… esos contrastes me salen porque sí… mi imaginación se divierte de noche y de día… pero mi lápiz sabe escoger de esos momentos lo mejor para cada dibujo.

P.: Haz caso a mamá está disponible en tiendas tanto en castellano como en valenciano. Coméntanos a partir de qué edad recomiendas el libro y algún consejo para los más peques que quizás no sean muy fans de la lectura.

R.: Les diría que si no les gusta leer, es porque aún no han encontrado su libro. Y que si uno no les gusta lo dejen. Hay miles de millones esperando ser leídos en las estanterías.

P.: Creo que vas a visitar varias ciudades de España promocionando tu libro. ¿Cuál es la próxima cita por si quieren adquirir tu libro firmado y dedicado?

R.: La más cercana es el 23 de abril en Sant Jordi. Luego estaré varios días en la Feria del libro de Valencia y después en Madrid. ¡Es un no parar!


Paloma Sorribes (Valencia, 1978) estudió biología y repostería, y aunque pasó más de una década entre cables y pantallas, un día decidió apostar por lo que realmente le daba vida: la ilustración. Desde pequeña ha tenido una conexión especial con la tierra (literalmente: su primer dibujo fue con los dedos en una maceta… o en la pared del salón, según a quien se le pregunte). Le gustan las plantas verdes, las gallinas, el sol de invierno y los dulces. Dibuja porque le hace feliz y porque sospecha que dentro de cada historia hay un rincón que sólo se entiende con un buen dibujo. 


Haz caso a mamáPaloma Sorribes. Brief ediciones

Web de Paloma Sorribes 


El Tunche. Entrevista a Miguel Gayo


Esta semana, comparto con las y los lectores de La Ardilla Literaria una entrevista muy especial. Me la concedió el escritor madrileño afincado en Sevilla, Miguel Gayo (Madrid, 1966). Como escritor destaca por su dedicación al relato corto, donde ha cosechado numerosos premios en certámenes literarios de ámbito nacional e internacional. Con su primera novela, Nadie elige nada (2021), abordó el tema del sentimiento de culpa y la venganza, cuestionando el modelo de castigo de las sociedades actuales. En 2025 publicó El Tunche (Vencejo), una historia que utiliza un hecho real y luctuoso sucedido en Sevilla para adentrarse en la vida de dos amigos que amaron a la misma mujer. Justo por esta novela le pregunté, por los personajes y por la relación con el Tunche, un ser mítico de las selvas andinas que encarna al mal, que da título a esta obra.

P.: Creo que entre los temas medulares de El Tunche hay espacio para un aderezo de crítica social. Lo digo, por ejemplo, por ese pasaje en el que un personaje se queja de las directrices políticas que obligan a cambiar los libros de texto, los puntos de vista de la Historia. "Pareciera que la historia fuese algo más que una concatenación de hechos", ¿es así?

Sí, así es. Esta novela tiene espacio para la crítica social en el asunto que comentas y en otros. Los personajes abordan en propia persona la enfermedad mental y sus consecuencias sociales, los trastornos de alimentación, las ideas delirantes, las lesiones autolíticas, el abismo intergeneracional, la soledad, el impacto de la tecnología… En fin, considero que El Tunche es una novela plenamente contemporánea, ya que aborda temas que nos tocan vivir.

En el caso concreto que comentas, creo que está claro para todos la injerencia política en los planes de estudios, sobre todo en algunas ramas. La Historia es muy permeable a esa injerencia: se cambian puntos de vista sobre los mismos hechos, se suprimen algunos o se realzan otros; en fin, ya conocemos el funcionamiento. Y esto es algo transversal, no solo propio de una bancada política.

En la novela, dada la condición de historiadores de los personajes principales, se exponen numerosas reflexiones sobre el proceso histórico, sobre la función del historiador, sobre la enseñanza de esta materia a las nuevas generaciones. Cuestiones que se escapan de la brevedad de una entrevista. En cualquier caso, es un tema que me interesa y por eso se refleja en la trama.


P.: Dos mujeres se despiden, en otro de los pasajes, y una le advierte a la otra acerca de que "los que luchamos contra demonios nos convertimos en demonios". ¿Nos la comenta en relación justamente con la presencia del demonio andino que le da título a la novela?

Nietzsche ya trató este tema. Su frase «Quien con monstruos lucha, cuide de convertirse a su vez en monstruo» la incluyo como cita de presentación en la novela. Pero esta frase continúa: «Si miras fijamente al abismo, el abismo también mira dentro de ti». Cuando uno lee El Tunche, esta reflexión de Nietzsche cobra mucho sentido.

Aquí quiero hacer un pequeño inciso antes de contestar a tu pregunta. Igual que existe el concepto de la banalidad del mal (que desarrolló la filósofa Hanna Arendt tras participar en las sesiones del juicio en Nuremberg del jerarca nazi Adolf Eichmann, impactada tras comprobar que el hombre que asesinó a millones de personas se mostraba como un individuo corriente, casi un ser mediocre que cumplió de manera metódica las órdenes que recibía, y no al monstruo que pensaba encontrar), también existe, a mi entender, una banalidad del bien

Esta banalidad del bien se ha utilizado a lo largo de la historia y se sigue utilizando: en la lucha por conseguir un bien superior, a veces hay que sacrificar algunos valores; en definitiva, practicar algunas maldades. Para mí, esto es la justificación y la manipulación de los violentos de siempre. A gran escala y de manera grotesca lo estamos sufriendo en las guerras injustas actuales. Pero esto se traslada a ámbitos de política doméstica e incluso interpersonal. El bien no justifica la maldad ni la discriminación; el bien debe ser y parecerlo.

Esto se relaciona también con una reflexión del narrador de la novela: «La violencia debe ser grotesca y, cuando no lo parece, añade crueldad; como la amabilidad del verdugo que ofrece un cigarrillo al que va a ajusticiar». La amabilidad del verdugo confunde a la víctima y añade sufrimiento; por el contrario, el bien debe ser y parecerlo, porque si no desmotiva y desreferencia.

Contestando a tu pregunta, «Los que luchamos contra demonios nos convertimos en demonio», previene una mujer a otra en la novela. Y sí, es una prevención entre hechiceras, así lo entienden ellas; un cuidado en la lucha contra el Tunche, pero no el monstruo imaginario que se esconde en la selva de su país, sino el que se encarna en el mundo de relación que les toca vivir.


P.: En uno de los pasajes leemos que "a veces un destino aciago nos salva de un destino peor". Más allá de que me evoca a una parecida de Cormac McCarthy en No es país para viejos, no sé si lo comparte.

La frase de Cormac McCarthy «Nunca sabes de qué suerte peor te ha salvado tu mala suerte» comparte una reflexión parecida a la que hace un personaje de mi novela, que trata así de consolar a otro personaje por la culpa que arrastra por el atropello a una anciana en la que ni participa ni nada podría haber hecho por evitar. Esta reflexión se puede entender como fatalista; creo que así la utiliza McCarthy, como que uno debe aceptar las desgracias que le ocurren porque podrían haberle salvado de una situación peor. En mi novela, se utiliza más como consuelo hacia el otro, como una forma de aligerar la culpa. 

En nuestras sociedades, quizá como una rémora de la religión cristiana-católica, somos adictos a la culpa: nos flagelamos por las propias y nos endosamos las de los demás. Como reflexión personal, diría que debemos superar el sentimiento de culpa y hablar más de responsabilidad: no somos culpables de lo que sucedió, más bien somos responsables. La culpa te lleva al sufrimiento y la responsabilidad te lleva a reparar el error cometido y a evitar que vuelva a suceder. Pero sí, las dos reflexiones apuntan a suavizar las tragedias que vivimos las personas, la fatalidad que la vida nos impone.


El Tunche. Miguel Gayo. Vencejo ediciones.


Entrevista a Fernando García Maroto

Comparto la entrevista que me concedió el escritor madrileño Fernando García Maroto, autor de la novela Retrato robot (Vencejo ediciones). Una novela sobre la identidad y el deseo de conocer la verdad, como nos cuenta a lo largo de esta entrevista. 


P.: Empecemos por el título de su novela. Además de figurar en el interior, como título de una actividad ideada por el protagonista, intuyo que encierra más de lo que aparenta. ¿Es así?

R.: Uno de los temas de esta novela, entre otros, acaso el más importante o esa era mi intención en un principio, es la identidad: me interesa mucho el modo en que nosotros mismos nos construimos y nos percibimos, el modo en que los demás nos ven y nos valoran, y la posible adecuación o resistencia a esa imagen personal que se va formando poco a poco a partir de versiones múltiples, a veces incluso contradictorias; una imagen que no siempre es completamente real, aunque tampoco del todo falsa.

P.: El arrepentimiento, transformado en la necesidad de hallar la verdad, el nexo entre las sospechas y lo real, lo tangible se me antoja que es uno de los hilos argumentales de esta novela. ¿Nos lo comenta?

R.: Intento ―con mayor o menor fortuna según los casos, eso sí― introducir en cada una de mis historias anécdotas o referencias o temas que todos podamos identificar de manera sencilla, casi automática, y no creo que haya nada más universal que el afán por saber (como si fuera el pecado original de lo que estamos hablando; de ahí, tal vez, el sentido del arrepentimiento del que usted tan acertadamente habla), la necesidad de conocer la verdad, que en ocasiones está oculta, aunque no lo parezca o no lo creamos: por eso hay que sospechar, indagar, plantear preguntas, porque la realidad no es lo que parece, ni tampoco lo que aparece sin más en un primer momento.

P.: Tres personajes de Retrato robot tienen como apelativos el Mafioso, el Músico y el Mecánico. Que los tres tengan en común la letra eme, no creo que sea casual; acaso tampoco que la mujer del protagonista se llame Miriam, también con eme.

R.: Por supuesto que no es casual: las casualidades no existen, y menos en los libros, o no en los míos. Elegí esa letra, la M, por mi segundo apellido, y procuré que los apelativos de estos tres personajes tan importantes en la novela se adecuaran a ella. Y fíjese también que la otra mujer protagonista responde al nombre de Mónica; de este modo, tenemos la letra M y las cinco vocales. Como he dicho antes, no debemos olvidar que la literatura es además juego. Un juego que concierne sobre todo al escritor, pero al que se invita a participar, siempre, al lector.

P.: Creo que las pérdidas, ya visibles ya invisibles, no solo son uno de las motivaciones del protagonista. También en la vida real nos empujan a hacer, a salir de nuestra zona de confort. No sé si está de acuerdo con esa cita de que el ser humano llega más lejos para evitar lo que teme que para conseguir lo que quiere.

R.: Yo diría que a medias: en ocasiones, la ambición sí supera con creces a la prevención; el deseo por conseguir puede ser más fuerte que el temor a perder. Aunque supongo que esta decisión depende mucho del carácter de cada persona. En cuanto a los personajes de la novela, sí es cierto que sus fracasos y sus pérdidas condicionan su actitud, les obligan a comportarse de una forma determinada, que siempre los arrastra fatalmente a otros fracasos y más pérdidas; una cadena infinita.

P.: Rescato un pasaje de su novela porque me parece muy significativo. “Los relatos no cuentan todo, solo insinúan la verdadera historia, que es subterránea. Las novelas camuflan y mienten, lo hacen siempre, capítulo a capítulo.” ¿Ocurre también así en Retrato robot?

R.: Especialmente en Retrato robot. Hay en esta novela mucho que ocultar, mucha historia subterránea que desenterrar, capítulo a capítulo, párrafo a párrafo, hasta llegar al desenlace final. Pero no quiero anticipar acontecimientos ni tampoco que se me malinterprete: no es mi intención en absoluto engañar deliberadamente al lector, sino hacerlo partícipe del misterio, crear un estrecho vínculo literario entre nosotros.


Fernando García Maroto es Licenciado en Ciencias Matemáticas por la Universidad Complutense de Madrid García Maroto ha publicado anteriormente las novelas: La geografía de los días (2010), La distancia entre dos puntos (2011; reedición por LcLibros, 2014), Los apartados (Editorial Eutelequia, 2012), esta última galardonada con el Premio Eutelequia de Novela, en 2011, Que se enteren las raíces (Triskel Ediciones, 2015) y La carga (Malbec Ediciones, 2019). También ha publicado cuatro libros de cuentos: La vida calcada (Editorial Paroxismo, 2013), Arquitectura del miedo (UnoYCero Ediciones, 2016; reedición LcLibros, 2020), La persistencia del frío (Maclein y Parker, 2017) y Aceleración de la realidad (Maclein y Parker, 2021). Ha colaborado con sus artículos para la revista cinematográfica digital Miradas de Cine. Asimismo, forma parte de la plataforma literaria digital Escritores Complutenses 2.0. Actualmente compagina la escritura con su trabajo como profesor de enseñanza secundaria.

El mar y otros inconvenientes Entrevista a Fidel Tomás

Esta semana, con el Día Internacional del Libro de por medio, no me he podido resistir a traer al blog de La ardilla literaria una entrevista muy especial. Me la concedió Fidel Tomás, que acaba de sacar a la luz su primera obra narrativa. El mar y otros inconvenientes (Arena) es un libro de relatos para grumetes, marineros, capitanes y gentes de tierra, muy en su estilo. Porque conocí a Tomás y puedo asegurar que la lectura de estas piezas harán disfrutar a propios y a extraños a un lado y a otro de las playas literarias. 

Además, quienes estéis en Valencia a principios de mayo, podréis acercaros al acto organizado en el local de La ardilla literaria para asistir a la firma de ejemplares que tendrá lugar el viernes de 10 mayo. Os dejo ya con esta entrevista aguardando, como siempre, vuestras sugerencias y comentarios.


P.: Con El mar y otros inconvenientes haces tu incursión en el mundo editorial. Has elegido el género del relato breve, aunque veo que estas historias tienen algo de poético, de fronterizo entre lo narrativo y lo lírico. Coméntanos acerca de este paso al frente, de esta botadura y soltar amarras.

R.: La verdad es que ya había publicado varios relatos en antologías, pero sí que es cierto que esta es mi primera publicación en solitario. Este conjunto de textos han sido el resultado de una escritura pausada, se trata, gastronómicamente hablando, de un producto slow food. Los he estado reescribiendo durante más de diez años, de una manera ya casi obsesiva y, te confieso, que una de las cosas que más me reconfortan respecto a este soltar amarras, que comentas, es que ya no los voy a seguir corrigiendo, por fin se quedan como están. Han alcanzado, para bien o para mal, su forma definitiva, que efectivamente orbita, según los casos y los temas, entre lo poético íntimo y lo irónico social…

P.: Llama la atención, al menos a mí, el título. Ese mascarón de proa. No tanto por el mar, sino por esos inconvenientes. Quizá ese yin, desde una perspectiva taoista, queda reflejado en la propia portada, en ese lado nocturno, reservado. ¿Es así?

R.: Sí, la metáfora del mar no es precisamente muy original, representa como de costumbre el fin, el viejo thánatos de siempre. Láquesis, La Parca de Goya en la portada, dispuesta a cortar, si le place, el hilo de cada uno de nosotros. Nuestras vidas son los ríos y todo lo que sigue…, no creo descubrir gran cosa con ello; de hecho, pienso que en el ámbito literario quien cree que es muy original es porque ha leído muy poco, ya está todo más que contado. Ahora bien, tal vez lo que nos quede sea buscar alguna perspectiva nueva respecto a las viejas y eternas preocupaciones. Me gusta la idea de plantear puntos de vista que se separen de lo habitual o complaciente. Que generen algún tipo de inquietud en el lector, que le supongan algún ligero inconveniente como motor de búsqueda, de duda o de al menos una sospecha. 

P.: Entre los veintidós textos que conforman El mar y otros inconvenientes, leemos algunos a los que les has dado un título en latín, como Splendet Dum Frangitur o Principium Individuationis. También a otro lo titulas El sofista. Lo hilo aquí para preguntarte por la filosofía, dado que ejerces como docente de esa asignatura y, quizá, si hay una parte tuya que ha quedado en estos relatos.

R.: Los dos relatos a los que aludes tenían otros títulos en castellano, pero se los acabé cambiando hace no mucho tiempo. La verdad es que me gusta mucho cómo suenan. Ya sabes aquello de que el latín es la aritmética de la lengua…, pero es que si se pronuncian en voz alta suenan de maravilla…, creo. Hay otro relato, el que cierra el libro, que lleva también otro título en latín, es Tacet, la notación musical en la cual un instrumento debe permanecer en silencio, y de eso va el relato, del silencio. Desde el principio, tuve claro que ese relato debía cerrar el libro. Respecto a lo de la filosofía, pues ya sabes lo que se dice: lo que no es plagio es autobiografía. Solo te diré que muchos de los relatos de este libro (y El sofista no es una excepción) están basados en hechos absolutamente ficticios.  

Fidel Tomás (izda.) y Ricardo Guadalupe (dcha.)

P.: Antes, he comentado que son veintidós las historias que has reunido en esta antología. Las has dividido en cuatro secciones. Más que preguntarte por esa compartimentación, me gustaría ahondar en el proceso de gestación de este libro. ¿Qué hilo argumental o concepto escogiste para seleccionar a estas frente a las que quizás se quedaron en tierra y no cruzaron el mar de su publicación?

R.: Con esto sí que has abierto un buen debate; a ver, muchas editoriales consideran (léase: exigen) que un libro de relatos ha de mantener un hilo argumental, o, cuanto menos, un tema o motivo que aglutine o articule el armazón del libro. Yo tengo mis reservas en cuanto a esto. Obviamente, si hablamos de gustos…, pues para eso están los lectores… Pero a mí me parece que entonces, si en vez del título de cada relato pones: Capítulo I, Capítulo II, etc., pues tienes una novela claro. 

»Quiero decir que para mí un libro de relatos puede tener otra variedad temática y creativa. De hecho, cuando leemos los libros de Julio Cortázar o de Sergi Pàmies o de Alice Munro o de tantos otros, la unidad temática brilla por su ausencia. Eso no quiere decir, claro, que el libro no pueda tener, y de hecho el mío creo que lo tiene, cierto aire de familia (no siempre bien avenida) y ciertos motivos e incluso personajes que aparecen, desaparecen y reaparecen en diversos momentos. Me gusta que los relatos se hagan guiños entre sí, no me importa que haya vasos comunicantes, pero hasta ahí llego en la exigencia de una unidad orgánica. Más bien pienso que un libro de relatos es como aquellas cajas que nos traían los Reyes Magos, las de los Juegos Reunidos Geyper, en las que cada juego va por libre y marca sus propias reglas, me gusta esta irreverente incongruencia.

P.: Curiosamente, casi al final de esta travesía en forma de entrevista, sujeto la amarra del prólogo, a cargo del también escritor Ricardo Guadalupe. Y lo hago porque afirma en él que siempre te “han parecido más estimulantes las preguntas que las respuestas.” Siendo así, te lanzaría el cabo: ahondando sobre esas preguntas que “dejamos” los escritores en los libros, y que al leerse cada vez menos, dicen, ya no nos hacemos; quedarán en un lejano mar, tal vez.

R.: Pues no sé si se lee menos, desde luego se escribe y publica mucho, según los datos del registro de ISBN en España, se vienen a publicar una media de 80.000 títulos cada año. El año pasado batimos nuestro récord y llegamos a los 100.000. Incluso reconociendo que algunos o muchos de ellos queden intactos en las estanterías, un mercado con este volumen no se sustentaría sin el consumo lector. Un español de cultura media ha leído, aunque no lo sepa, más libros que los que leyó Platón en toda su vida. Desde hace 30.000 años (semana arriba, semana abajo) los homo sapiens parece que tenemos la necesidad de contarnos historias los unos a los otros, de hacernos preguntas y, a veces, las menos, incluso hallar respuestas que nos acabamos creyendo o que nos sirven de alguna manera. No parece que esa necesidad vaya a acabar… de momento. Y sí, publicar un libro es semejante a lanzar un mensaje en una botella, pero a todos nos ha pasado algunas veces eso de que cae en tus manos el libro adecuado en el momento preciso, y eso es fantástico.  

P.: Una de las presentaciones de El mar y otros inconvenientes la harás cerca del mar. Me refiero a que vendrás a Valencia, a compartir con tus lectores este retoño literario. No es casual, quizás el Mediterráneo, de alguna forma, inspiró alguno de estos relatos.

R.: Sí, el viernes 10 de mayo lo presentaremos en La Ardilla Literaria; de hecho, va a ser la primera presentación del libro, que está humeante del horno todavía, acaba de salir este mismo mes. Para mí, volver a Valencia es siempre volver a casa. Y, desde luego que sí, no solo es que Valencia y el Mediterráneo hayan inspirado estos relatos, es que casi todos ellos los escribí allí, y nacieron cargaditos de salitre y espuma y arena de mar, ese que siempre devuelve lo que cae en él. Es justo que allí vuelvan, ahora que se han independizado de mí y comienzan a navegar por su cuenta. 


Fidel Tomás es Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación. Su trayectoria docente se distribuye desde la educación secundaria hasta la universitaria, aunque dice que todavía no ha aprendido lo suficiente y amenaza con perseverar. Sus intereses se han centrado en el estudio de los vasos comunicantes que permean Filosofía y Literatura. Ha publicado diversos relatos en antologías y artículos en revistas especializadas, y ahora no ha tenido inconveniente en lanzarse sin salvavidas al turbulento mar de la creación literaria con El mar y otros inconvenientes.


El mar y otros inconvenientes. Fidel Tomás. Arena Libros. 

Entrevista a Marta Huelves, autora de El tercer lago

Este mes de noviembre se va, pero no sin compartir con vosotros esta entrevista que nos concedió, para La ardilla literaria, la escritora Marta Huelves Molina (Madrid, 1969). Huelves estudió Geografía e Historia en la UNED. Es escritora y divulgadora de Historia, y en todos sus proyectos conjuga la pasión por la literatura con el trabajo de investigación. Colabora con medios digitales y publica reseñas de libros en webs especializadas. Esperamos que os guste.


P.: Retoma en El tercer lago, por una parte, a los protagonistas de su anterior novela, La memoria del tejo. Y, por otra, la ubicación de la trama, que también es en Asturias. De hecho, leemos que siente admiración y curiosidad por la cultura asturiana. No es vano, en la portada de El tercer lago hay un elemento muy representativo del Principado. Háblenos de estos dos reencuentros, de esa admiración casi devoción, quizás. 

R.: En la portada de El tercer lago aparece un elemento muy representativo como es el puente de Cangas de Onís, al que todos conocen allí como «el Puentón», de manera intencionada y por dos razones. La primera porque representa a la localidad donde arrancan los hechos de esta novela policiaca y la segunda porque forma parte de la ambientación, que en mis novelas funciona como un personaje más. Esto cierto que siento predilección por la cultura asturiana y también la necesidad de divulgarla. Es una atención merecida, debido al desconocimiento a nivel nacional que tenemos sobre los asturianos. El folclore, la mitología y la historia asturiana son las grandes inexploradas. Creo que una novela de misterio o policiaca es un vehículo tan válido como cualquier otro para darlas a conocer.

P.: La pareja de investigadores en El tercer lago son el inspector Salvador Bedia y la agente Marina Roldán. Como en toda buena novela, el peso de los personajes, de sus pequeños dramas y su rol en la trama, es un factor decisivo para atrapar a los lectores. ¿Qué podemos adelantarles acerca de la agente de la Policía Nacional de Gijón tras su traslado desde Madrid?

R.: Tanto La memoria del tejo como El tercer lago son novelas policiacas en las que presento dos casos independientes, pero enlazados uno con otro a través de esta pareja de la Policía Nacional: Bedia y Roldán. Cuando me planteé el personaje de la agente Marina Roldán, lo hice con la convicción de mostrar a una mujer con un pasado y un futuro en el que pesase más el rol humano. Los hombres y mujeres que pertenecen a los diferentes Cuerpos de Seguridad del Estado son, ante todo, personas, con cargas familiares, dramas personales y preocupaciones como cualquiera de nosotros. Por eso presto especial atención a la vida privada de mis personajes. En El tercer lago, la agente Roldán se va adaptando poco a poco a Gijón y se reafirma como protagonista. Además de superar los traumas del pasado, en esta novela, el zarpazo le alcanza a nivel personal. Una circunstancia que la obligará a modificar el rumbo de su vida.  

P.: El título de esta novela hace referencia a un esquivo lago de Covadonga. Son más conocidos el Enol o el Ercina que el Bricial. En la novela, no solo descubrimos el porqué de este misterio, sino también cierta leyenda asociada a él, a su nombre. Aprovecho para que nos hable del componente de leyendas que ha incluido en El tercer lago.

R.: Como digo, la riqueza de la cultura asturiana es muy amplia e incluye, por supuesto, las leyendas. No olvidemos que las leyendas o los cuentos nacen de la tradición oral. Aparte de entretener, ofrecían un componente didáctico cuya misión era explicar, a una población carente de estudios y de acceso a la cultura, fenómenos de índole científica, como es el caso. La leyenda de los lagos de Covadonga es un intento de explicar la formación de los lagos de alta montaña que forman parte del Parque Nacional de los Picos de Europa

  Hace unos 40.000 tuvo lugar el último máximo glaciar que afectó a las montañas cantábricas. Por aquel entonces los tres macizos que conforman los Picos de Europa estaban ocupados por grandes casquetes de hielo. El hielo es un agente muy erosivo que al moverse arrastra materiales. En las zonas más blandas, la erosión forma una especie de cubetas que se llenan de agua, tanto de la lluvia como procedente del deshielo y forman un lago. En esta novela me he permitido la reinterpretación de esta antigua leyenda, cuyos primeros ejemplos podemos encontrar en el siglo XIX. Tanto el lago Enol como el Ercina son lagos permanentes, no así el Bricial cuya base es arcillosa y el agua se filtra. Por eso solo es posible verlo durante la época de deshielo o cuando se producen grandes lluvias. Es un lago fantasma. Este componente casi mágico es un ingrediente más en mis novelas, esta vez con la leyenda de la niña de los lagos de Covadonga.  

P.: Si en La memoria del tejo, un hilo conductor fue este árbol y, por extensión, los bosques asturianos, en El tercer lago también lo es desde una vertiente más abierta, la protección de la naturaleza y el medio ambiente. Concretamente, hallamos al movimiento preparacionista y de supervivencia en caso de catástrofe. Nos sonará quizá en países como EUA, pero en Europa, en España, también hay grupos muy preocupados, y concienciados, con cómo sobrevivir en caso de un apocalipsis, de un desastre para la población.

R.: El movimiento preppers o preparacionismo está formado por individuos que se preparan para sobrevivir a una catástrofe natural, un colapso en las comunicaciones o una epidemia, incluidas perturbaciones de orden social o político. Practican el autoabastecimiento. Aunque surgen en los años treinta del siglo XX, la mayor influencia la consiguen durante la Guerra Fría, con la amenaza de las bombas nucleares y atómicas. Para protegerse y sobrevivir construyen búnkeres o refugios y se agrupan en comunidades. 

  Este movimiento está directamente ligado a la naturaleza y sus seguidores se extienden por todo el planeta. Son por tanto conservacionistas, protectores del medio natural que, en la novela, los muestro como un homenaje a los moradores de los pueblos de alta montaña. Estas gentes se han aclimatado a unas condiciones climáticas hostiles y difíciles. Un ejemplo necesario de adaptación al medio ante la emergencia climática que estamos viviendo. La investigación que llevé a cabo sobre estos grupos de preppers se materializa en la novela en el personaje de Nelu Prado, un guía de montaña.

P.: No quiero dejar pasar la oportunidad de preguntarle por las interrelaciones de los personajes. A menudo es el morbo de la sección de sucesos de medios de comunicación, escritos o audiovisuales. Pero lo cierto es que las personas solemos mantener conflictos, más o menos resolubles, con gente de nuestro entorno. Coméntenos estos enconos, por ejemplo, entre Mónica y Emilio Noval, como parte de la trama.

R.: El conflicto siempre despierta la curiosidad humana. Forma parte de nosotros el querer saber qué pasa entre dos personas. En este caso, las relaciones padre e hija no son lo que parecen. El interés de querer seguir leyendo una novela policiaca, se basa, en cierta medida, en los conflictos entre personajes. En esta ocasión, la relación de Mónica con su padre va a sorprender a los que lean El tercer lago. Una cosa son las apariencias, Mónica es una adolescente rebelde de la que llega a sospechar la policía y otra la realidad. En este caso, su padre, Emilio Noval, un reputado empresario de la localidad de Villanueva, (muy cerca de Canga de Onís), aparece asesinado. Las relaciones familiares son muy importantes para el desarrollo de la trama.

P.: Para cerrar, le lanzo el reto de que nos hable de la parte histórica de su novela. No tanto del esfuerzo que a los autores les supone bucear en datos y seleccionarlos. En este caso, singularicémoslo con la figura de Pedro Pidal, marqués de Villaviciosa. En esta época en la que los privilegios de las clases sociales están en tela de juicio, hay que reconocer que hizo mucho y bueno por la conservación de la naturaleza y por Asturias. ¿No le parece?

R.: Como historiadora creo fundamental la contextualización del estudio de un periodo histórico antes de emitir juicios de valor. En el caso de Pedro Pidal, un caso singular, por cierto, su condición de marqués de Villaviciosa, en Asturias, jugó en beneficio de un proyecto muy importante como era la creación del Parque Nacional de Covadonga. Además de jurista, político, (accedió al Congreso y al Senado hasta la Guerra Civil), también era cazador y montañero profesional. Y fue precisamente esta última afición la que le llevó a aprovecharse de sus privilegios para conseguir la aprobación de una ley, con tres artículos. El primero regulaba la creación de espacios naturales, el segundo los definía y el tercero nombraba al ministro de Fomento para reglamentarlos. Aquella ley, de las primeras en el mundo, estuvo vigente hasta 1957. La primera ley de Parques Nacionales, aprobada el 8 de diciembre de 1916 consiguió que España fuera uno de los países pioneros en Europa en la apuesta por la protección de la naturaleza. Gracias a esta ley se declararon en 1918, los dos primeros parques nacionales españoles, el de la Montaña de Covadonga y el de Ordesa.


Marta Huelves. El tercer lago. Ediciones Maeva 


Taller de Poesia. Entrevista a Felix Molina

Estos días, abriendo un hueco en su agenda, nos concedió una entrevista el poeta Félix Molina. Es valenciano y se siente mediterráneo. Aprendió a nadar (en el mar, por supuesto) al tiempo que a caminar; y en la tahona paterna, también muy pronto, a amasar el pan de la vida. Andando el tiempo, aprendió idiomas, se licenció en Químicas, tocó el saxofón en la Banda de su barrio de Nazaret y aún ahora sigue leyendo de todo y sin tasa. Sigue con el negocio familiar en su ciudad natal. Entiende la Literatura como un ejercicio de libertad íntimo, casi terapéutico; y sólo con los años ha llegado a la decisión de publicar para compartir “aquella vibración, aquella brasa” con sus lectores. En La Ardilla Literaria conduce el Club de Lectura y, este otoño, dictará un taller por el que le preguntamos. 

 

P.: ¿Qué te ha animado a impartir un taller de poesía aquí, en La Ardilla?

R.; Personalmente, nada me resulta tan estimulante como comprobar que mi trabajo produce buen fruto. He visto crecer poesía a mi alrededor con sólo un empujoncito. Personas que desconocían o postergaban su potencial latente y no necesitaban más que un pequeño impulso. Mi experiencia puede proporcionárselo y quizá guiarlas.


P.: La poesía es un campo amplísimo. ¿En qué quieres centrar tu taller?

R.: Cierto, es un campo sin límites. No es mi intención teorizar, aunque si alguien lo pide se le proporcionará una explicación particular y sucinta. Al ser la poesía una mirada sobre el mundo absolutamente personal e intransferible, manifestable sólo en la propia obra, el objetivo es descubrir la voz del alumno y hacerla crecer, potenciándola.


P.: ¿Así pues, es un taller sólo para poetas?

R.: Es para toda persona interesada en leer o escribir poesía; y, si me apuras, para quien quiera sentirla con más intensidad. Cualquier creación artística se disfruta tanto más intensamente cuanto mejor se la comprende.


P.: ¿Algún mensaje para quienes quieran participar en el taller?

R.: Uno muy sencillo: si os gusta la música, considerad que la poesía es la música de los conceptos, que comprenderla es escucharla y entrar en una dimensión íntima y gozosa. Y no olvidemos lo que vais a descubrir de vosotros mismos al enfrentaros a la página en blanco: la poesía también puede ser un camino de autodescubrimiento y de sanación.


El taller se imparte los jueves, de 18:30 a 20 h, en el local de La ardilla literaria: los días 19 y 26 de octubre, y 2, 9 y 16 de noviembre

Para contactar e inscribirse, el e-mail es: literaturaperiodismo@yahoo.es

Taller de Microrrelatos. Entrevista a María Ángeles Chavarría

Nos concedió una entrevista María Ángeles Chavarría, al hilo de la actividad cultural que va a dictar en La ardilla literaria, en Valencia. Se define a sí misma como alguien a quien le “gusta planear por el papel, lanzar interrogantes y ser de maneras distintas en cada página. Y transmitir algo, que ni yo misma sé porque la evolución y la sorpresa viajan conmigo.” 




  P.: Hemos hablado de otros talleres de escritura en La ardilla literaria, ¿por qué un taller de microrrelatos en noviembre?

  R.: Es un modo de dar opciones, según la preferencia de géneros y tipo de escritura, teniendo en cuenta que previamente se impartirán dos talleres diferentes por parte de mis compañeros: en septiembre uno de Escritura Emocional, a cargo de Ginés J. Vera, y en octubre otro de Poesía, a cargo de Félix Molina. De este modo se completa un ciclo y damos más alternativas. 

  En mi caso, he elegido el microrrelato por sus múltiples posibilidades expresivas y por tratarse de un género apasionante que requiere más difusión.

  P.: ¿Qué contenidos se van a abordar en las diferentes sesiones?

  R.: El curso completo se ha dividido en cuatro sesiones en las que iremos trabajando diferentes aspectos del género. Además, se mostrarán recursos y técnicas para fomentar la inspiración y encontrar ideas ingeniosas sin descuidar el estilo literario.

  El contenido se divide en estos apartados, por orden de impartición:

    1. Líneas borradas: El poder de lo no dicho.

    2. Inspira-expira: dónde encontrar ideas.

    3. El título importa: expectación, sugerencia o complicidad.

    4. Jugando al despiste y otras técnicas.

  Todo ello se expondrá de forma muy práctica y participativa. La idea es experimentar, disfrutar y compartir las creaciones.

  P.: ¿El taller está pensado para personas conocedoras del género o puede apuntarse todo el mundo?

  R.: En absoluto es necesario conocer el género en profundidad. Sea cual sea el nivel de cada participante, aquí venimos a aprender y a descubrir el talento artístico que llevamos dentro. Estoy convencida, por experiencias anteriores, que más de una persona se va a sorprender cuando averigüe todo su potencial expresivo y lo que es capaz de crear con pocas palabras.

  P.: Qué les dirías a los lectores de nuestro blog para que se inscriban en el taller de microrrelato.

  R.: Que no se lo piensen demasiado y se inscriban cuanto antes. Les invito a que se dejen sorprender con las dinámicas y a que se den la oportunidad de sorprenderse a sí mismos en cada sesión. Solo tienen que escribir al email de contacto: literaturayperiodismo@yahoo.es 

  Os espero los cuatro martes de noviembre de 19:30 a 20:30 h


Taller de Escritura Creativa y Emocional. Entrevista a Ginés J. Vera

Amigas y amigos de La ardilla literaria. El próximo mes de septiembre iniciamos un taller de escritura creativa y emocional a cargo del escritor y docente de talleres de escritura Ginés J. Vera. Colaborador habitual en La ardilla literaria, en la siguiente entrevista nos comenta acerca del taller confiando en que se animen a participar. 


  P.: Has dictado en La ardilla literaria varios talleres de escritura, ¿por qué un taller de escritura emocional y creativa en septiembre?

  R.: Bueno, vamos a lo fácil (ríe). Lo de que sea en septiembre es porque iniciamos los tres compañeros docentes las actividades del curso 2023-2024. Este taller será los lunes de septiembre a octubre. El de Félix Molina, por ejemplo, comienza en octubre y el de María Ángeles Chavarría en noviembre. 

 Ya he impartido dos talleres de microrrelato y uno de novela aquí, cierto. El taller de escritura emocional y creativa lo planteo más como un taller de escritura en el que se trabajen las emociones y la expresión escrita de estas. ¿Las emociones de quién? De quienes participen en el taller, identificándolas y llevándolas al papel. Está demostrado científicamente los beneficios de la escritura y, además, los de la escritura manual; con lo que en el fondo, lo que vamos a hacer también tiene algo de beneficioso para la salud mental, no sé si decir terapéutico, por lo comentado en la charla del pasado jueves 22. 

 P.: Explícanos con más detalle qué haréis en las sesiones. ¿Seguirás alguna metodología concreta?

  R.: Es interesante pensar que al ser un taller de escritura se sigan ciertos patrones o guiones académicos. Cuando un novelista, por ejemplo, se planifica escribir una novela no sé si dice: este lunes se lo dedico a tal personaje, el martes a tal escenario, el viernes a tal conflicto. Me refiero a que lo enfocaré a través de ejercicios de autoconocimiento personal. Porque en el fondo se trata de eso. Cada asistente buscará sus emociones, las identificará y las expresará por escrito. Daré libertad para que lo hagan voluntariamente, la inspiración no siempre nos llega cuando queremos. Habrá tareas en el aula y para casa. Que nadie lo vea como deberes escolares, claro (ríe). 

  También serán libres de compartirlo en las sesiones. La manera de expresarnos, por escrito, refleja mucho de nosotros, de lo que pensamos, de cómo nos sentimos. Siendo además un taller de escritura, estaré atento a cómo quieren transmitirlas, si lo desean, a un posible lector “final” para que no se pierda parte del mensaje, de la emoción, porque sí hay recursos y herramientas narrativas para ello. Por lo demás, como dije en la charla informativa del jueves 22, puede darse el caso de que alguien escriba, se libere (no sé si entrecomillarlo) y acabe destruyendo lo escrito... o guardándolo en un cajón. Será tan válido como compartirlo. 

  P.: Se me ocurre que al escribir sobre las emociones alguien saque a flote alguna que quizá quería mantener dormida y, en ese momento, se plantee si el taller le está ayudando o no. 

 R.: Es una cuestión que comenté el jueves 22, en la charla informativa, porque me la plantearon tiempo atrás, cuando propuse un taller similar en otro local. Dentro de la escritura emocional está el llevar, p. ejem. un diario personal. Quizá nos suena a algo de nuestra adolescencia, donde anotábamos lo que nos pasaba o lo que sentíamos y lo guardábamos celosamente como parte de nuestra intimidad. Las emociones que nos hagan plantearnos decisiones pueden surgir p. ejem. escribiendo ese diario o en una reunión de amigos o, como dices, en un taller de escritura, sea o no de escritura emocional. La manera de gestionar las emociones es la clave. 

  Personalmente, creo que somos dueños de nuestras emociones, que expresarlas es sano siempre que no se atente contra la libertad de expresión -o el respeto- de los demás. Este taller pretende enfocarse en lo expresivo, a través del lenguaje escrito, aprendiendo a hacerlo bajo los objetivos que cada cual se marque. Para concretar más sobre esa posibilidad que planteas, llegado el caso, será el participante quien deberá decidir, en base a la emoción surgida y su habilidad para gestionarla, si el taller le está ayudando o no. 

 


  P.: No sé si quieres animar a los lectores de nuestro blog a que se inscriban al taller de escritura escritura emocional y creativa con alguna frase motivadora o algún argumento más. 

  R.: Más que frase motivadora, comentaría que asistir a una actividad en la que se va a utilizar el “músculo” del cerebro siempre me ha parecido interesante. Hay grandes propuestas para ejercitar otros músculos y, por ejemplo, quedarse en casa viendo televisión o reels en una red social puede ser tan estimulante o más, según a quién se pregunte. Pero quiero pensar que cuidar nuestro cerebro para que conforme pasen los años llegue en las mejores condiciones es hacernos un bien con beneficios a largo plazo. Quienes ya han asistido a alguno de mis talleres saben que me gusta que sean ágiles, divertidos y comunicativos. 

  Los beneficios de la escritura están en internet, se pueden consultar. Los de sociabilizar asistiendo a una actividad en grupo, también. Y nunca es descartable la interesante posibilidad de que algo de lo que se escriba en alguna de las sesiones del taller: un poema, un microrrelato o un texto, acabe publicado y leído por alguien. Ahí no solo veo el “beneficio” emocional de su autor de verse publicado (ríe). Quizá ese texto pueda ayudar emocionalmente a otros al leerlo, al emocionarse leyéndolo. 

  Os animo a que escribáis y a que lo hagamos en este taller. Nos vemos los lunes 18 y 25 de septiembre y el 2 y 16 de octubre, a las 18.30h en La ardilla literaria

  Si estáis interesados, el mail de contacto es  literaturayperiodismo@yahoo.es