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Casilla vacía. Entrevista a Santiago Mazarrasa

Me siento muy unido a la ciudad de Santander, por ello, para mí es un doble motivo de alegría compartir esta entrevista. Me la concedió el escritor cántabro Santiago Mazarrasa, (Santander, 1988) al hilo de su tercera novela Casilla vacía, tras sus anteriores "El aspirante" (2021) y "Caníbal sin dientes" (2023). 

Mazarrasa estuvo en la Feria del Libro de Madrid el pasado 30 y 31 de mayo; si no pudiste coincidir allí, tienes una nueva oportunidad del 26 de este mes al 05 de julio precisamente en Santander, en la Feria del Libro de su ciudad natal.

P.: Si el título nos evoca un juego, unas casillas en las que una se vacía, me atrevo a preguntarle por otro juego, el de las sillas y la música en el que cuando esta se para ha de buscarse acomodo en una liza con otros participantes. La pérdida y la búsqueda son el motor de algunos juegos de mesa, pero también lo que nos hace resilientes, lo que nos empuja a seguir, ¿de esto también va Casilla vacía?

R.: No diría que nos hace resilientes. Creo que se avanza porque no queda otra, se avanza por puro instinto de supervivencia. En el término resiliencia hay unos matices morales que a mí no me interesan y que, de hecho, considero algo peligrosos. Lo que creo es que es imposible detenerse, si no es por que uno desea ponerle fin a su vida. Los personajes que me interesaban en Casilla buscan algo, un refugio, una salida, un amor duradero, lo que sea, pero mientras son arrastrados por la corriente más que nadar en ella.

P.: Creo que Casilla vacía es de algún modo una declaración de intenciones, una suerte de carta novelada sobre una generación desencantada con el pulso social y las oportunidades laborales un tanto miserables. ¿Es así?

R.: Sí, pero con matices. Para mí, lo fundamental de la novela no está tanto en lo que tiene de reflejo de una época y de la situación de una generación con respecto a su futuro si no en un asunto mucho más esencial: el vacío, el sinsentido, la carencia, como una forma constitutiva de existir que tiene lo humano, que no es en absoluto particular a mi generación. La base de la novela está ahí, en esa exploración del sinsentido como aquello alrededor de lo cual construimos una vida. Ocurre que mi generación se ha dado de bruces contra ello, por eso resultaba tan esclarecedor tratar esta noción a través de problemas que sí son contemporáneos y que, efectivamente, han dado como resultado esta suerte de relato sin esperanzas.

P.: Tuve la oportunidad de vivir en Santander, ciudad a la que adoro, a la que regresé tiempo después y a la que espero volver. Con esa villa marinera de comienzo y con esos regresos en la mente o los cuerpos de los personajes de su novela, le preguntaré por el origen de Casilla vacía, el germen.

R.: El germen está en lo que mencionaba anteriormente. A mí me ha obsesionado siempre la idea del sin sentido, del vacío, de aquello que no podemos comprender y, sin embargo, nos empuja hacia delante. En primer lugar, por supuesto, la muerte. Todavía no entiendo qué pintamos aquí si tenemos que marcharnos. Esa es la idea que hay detrás, muy atrás, de este libro. Luego se desarrolla, claro, y aparecen los lugares, los problemas y los conflictos que me interesan del mundo en el que vivimos y que creo que son reflejos de ese sinsentido, digamos, original que es la propia existencia.

P.: Los símbolos en el arte dan profundidad a una obra, la trascienden. Creo que en su novela hay alguno, por ellos le pregunto, no sé si con tino o no, empezaría con los gatos, pero le cedo la palabra.

R.: Claro, son fundamentales en la medida en la que van más allá del significado literal y permiten una lectura abierta a interpretaciones, que es una de las cosas que debe hacer la literatura. No diría que Casilla esté plagada de símbolos, pero sí hay muchos elementos que trabajan indirectamente con los asuntos que el libro explora. Para mí es importante que todo en la novela trabaje en la misma dirección, y ahí es donde cualquier elemento puede ser símbolo, indicio, señal. Los gatos en el libro tienen una función simbólica, está claro, pero no debería explicarla porque eso anula completamente su sentido.

P.: Por último, sin duda Casilla vacía es una novela de personajes. La acción no recae en un solo protagonista, sino que se reparte, incluso recurriendo al contrapunto espacial y temporal. Y, además, está el paisaje, esa inmersión a través de calles, ciudades y espacios abiertos, con un cielo muchas veces cuajado de nubes, anunciando lluvia o tras ella. Me sirve para que nos hable de los estados emocionales narrativos, de cómo estrechar con estos la distancia a menudo insalvable e invisible entre el autor y los lectores.

R.: Durante el proceso del libro, pensé que acabaría convirtiéndose en muchas cosas muy diferentes. Fue durante el desarrollo cuando me di cuenta de que, realmente, Casilla quería representar un estado de ánimo, más que una idea concretable o un tema en el sentido más estéril del término. Creo que ahí se encuentra ese puente que une el libro a sus futuros lectores, en la capacidad, no de explicar o describir ese estado de ánimo, sino de contagiarlo, en cierto modo, hacerlo palpable para el lector. De algún, espero que Casilla enfrente a unos y otros con sus propias ausencias, carencias y conflicto de un modo que resulte, paradójicamente, disfrutable. Alguien me dijo una vez que iba al cine a ver películas para llorar por lo suyo. Creo que en mi manera de hacer literatura, hay algo de eso. De eso, o de espejo deforme.


Casilla vacía. Santiago Mazarrasa. Alianza editorial.


El Tunche. Entrevista a Miguel Gayo


Esta semana, comparto con las y los lectores de La Ardilla Literaria una entrevista muy especial. Me la concedió el escritor madrileño afincado en Sevilla, Miguel Gayo (Madrid, 1966). Como escritor destaca por su dedicación al relato corto, donde ha cosechado numerosos premios en certámenes literarios de ámbito nacional e internacional. Con su primera novela, Nadie elige nada (2021), abordó el tema del sentimiento de culpa y la venganza, cuestionando el modelo de castigo de las sociedades actuales. En 2025 publicó El Tunche (Vencejo), una historia que utiliza un hecho real y luctuoso sucedido en Sevilla para adentrarse en la vida de dos amigos que amaron a la misma mujer. Justo por esta novela le pregunté, por los personajes y por la relación con el Tunche, un ser mítico de las selvas andinas que encarna al mal, que da título a esta obra.

P.: Creo que entre los temas medulares de El Tunche hay espacio para un aderezo de crítica social. Lo digo, por ejemplo, por ese pasaje en el que un personaje se queja de las directrices políticas que obligan a cambiar los libros de texto, los puntos de vista de la Historia. "Pareciera que la historia fuese algo más que una concatenación de hechos", ¿es así?

Sí, así es. Esta novela tiene espacio para la crítica social en el asunto que comentas y en otros. Los personajes abordan en propia persona la enfermedad mental y sus consecuencias sociales, los trastornos de alimentación, las ideas delirantes, las lesiones autolíticas, el abismo intergeneracional, la soledad, el impacto de la tecnología… En fin, considero que El Tunche es una novela plenamente contemporánea, ya que aborda temas que nos tocan vivir.

En el caso concreto que comentas, creo que está claro para todos la injerencia política en los planes de estudios, sobre todo en algunas ramas. La Historia es muy permeable a esa injerencia: se cambian puntos de vista sobre los mismos hechos, se suprimen algunos o se realzan otros; en fin, ya conocemos el funcionamiento. Y esto es algo transversal, no solo propio de una bancada política.

En la novela, dada la condición de historiadores de los personajes principales, se exponen numerosas reflexiones sobre el proceso histórico, sobre la función del historiador, sobre la enseñanza de esta materia a las nuevas generaciones. Cuestiones que se escapan de la brevedad de una entrevista. En cualquier caso, es un tema que me interesa y por eso se refleja en la trama.


P.: Dos mujeres se despiden, en otro de los pasajes, y una le advierte a la otra acerca de que "los que luchamos contra demonios nos convertimos en demonios". ¿Nos la comenta en relación justamente con la presencia del demonio andino que le da título a la novela?

Nietzsche ya trató este tema. Su frase «Quien con monstruos lucha, cuide de convertirse a su vez en monstruo» la incluyo como cita de presentación en la novela. Pero esta frase continúa: «Si miras fijamente al abismo, el abismo también mira dentro de ti». Cuando uno lee El Tunche, esta reflexión de Nietzsche cobra mucho sentido.

Aquí quiero hacer un pequeño inciso antes de contestar a tu pregunta. Igual que existe el concepto de la banalidad del mal (que desarrolló la filósofa Hanna Arendt tras participar en las sesiones del juicio en Nuremberg del jerarca nazi Adolf Eichmann, impactada tras comprobar que el hombre que asesinó a millones de personas se mostraba como un individuo corriente, casi un ser mediocre que cumplió de manera metódica las órdenes que recibía, y no al monstruo que pensaba encontrar), también existe, a mi entender, una banalidad del bien. 

Esta banalidad del bien se ha utilizado a lo largo de la historia y se sigue utilizando: en la lucha por conseguir un bien superior, a veces hay que sacrificar algunos valores; en definitiva, practicar algunas maldades. Para mí, esto es la justificación y la manipulación de los violentos de siempre. A gran escala y de manera grotesca lo estamos sufriendo en las guerras injustas actuales. Pero esto se traslada a ámbitos de política doméstica e incluso interpersonal. El bien no justifica la maldad ni la discriminación; el bien debe ser y parecerlo.

Esto se relaciona también con una reflexión del narrador de la novela: «La violencia debe ser grotesca y, cuando no lo parece, añade crueldad; como la amabilidad del verdugo que ofrece un cigarrillo al que va a ajusticiar». La amabilidad del verdugo confunde a la víctima y añade sufrimiento; por el contrario, el bien debe ser y parecerlo, porque si no desmotiva y desreferencia.

Contestando a tu pregunta, «Los que luchamos contra demonios nos convertimos en demonio», previene una mujer a otra en la novela. Y sí, es una prevención entre hechiceras, así lo entienden ellas; un cuidado en la lucha contra el Tunche, pero no el monstruo imaginario que se esconde en la selva de su país, sino el que se encarna en el mundo de relación que les toca vivir.


P.: En uno de los pasajes leemos que "a veces un destino aciago nos salva de un destino peor". Más allá de que me evoca a una parecida de Cormac McCarthy en No es país para viejos, no sé si lo comparte.

La frase de Cormac McCarthy «Nunca sabes de qué suerte peor te ha salvado tu mala suerte» comparte una reflexión parecida a la que hace un personaje de mi novela, que trata así de consolar a otro personaje por la culpa que arrastra por el atropello a una anciana en la que ni participa ni nada podría haber hecho por evitar. Esta reflexión se puede entender como fatalista; creo que así la utiliza McCarthy, como que uno debe aceptar las desgracias que le ocurren porque podrían haberle salvado de una situación peor. En mi novela, se utiliza más como consuelo hacia el otro, como una forma de aligerar la culpa. 

En nuestras sociedades, quizá como una rémora de la religión cristiana-católica, somos adictos a la culpa: nos flagelamos por las propias y nos endosamos las de los demás. Como reflexión personal, diría que debemos superar el sentimiento de culpa y hablar más de responsabilidad: no somos culpables de lo que sucedió, más bien somos responsables. La culpa te lleva al sufrimiento y la responsabilidad te lleva a reparar el error cometido y a evitar que vuelva a suceder. Pero sí, las dos reflexiones apuntan a suavizar las tragedias que vivimos las personas, la fatalidad que la vida nos impone.


El Tunche. Miguel Gayo. Vencejo ediciones.


Entrevista a Fernando García Maroto

Comparto la entrevista que me concedió el escritor madrileño Fernando García Maroto, autor de la novela Retrato robot (Vencejo ediciones). Una novela sobre la identidad y el deseo de conocer la verdad, como nos cuenta a lo largo de esta entrevista. 


P.: Empecemos por el título de su novela. Además de figurar en el interior, como título de una actividad ideada por el protagonista, intuyo que encierra más de lo que aparenta. ¿Es así?

R.: Uno de los temas de esta novela, entre otros, acaso el más importante o esa era mi intención en un principio, es la identidad: me interesa mucho el modo en que nosotros mismos nos construimos y nos percibimos, el modo en que los demás nos ven y nos valoran, y la posible adecuación o resistencia a esa imagen personal que se va formando poco a poco a partir de versiones múltiples, a veces incluso contradictorias; una imagen que no siempre es completamente real, aunque tampoco del todo falsa.

P.: El arrepentimiento, transformado en la necesidad de hallar la verdad, el nexo entre las sospechas y lo real, lo tangible se me antoja que es uno de los hilos argumentales de esta novela. ¿Nos lo comenta?

R.: Intento ―con mayor o menor fortuna según los casos, eso sí― introducir en cada una de mis historias anécdotas o referencias o temas que todos podamos identificar de manera sencilla, casi automática, y no creo que haya nada más universal que el afán por saber (como si fuera el pecado original de lo que estamos hablando; de ahí, tal vez, el sentido del arrepentimiento del que usted tan acertadamente habla), la necesidad de conocer la verdad, que en ocasiones está oculta, aunque no lo parezca o no lo creamos: por eso hay que sospechar, indagar, plantear preguntas, porque la realidad no es lo que parece, ni tampoco lo que aparece sin más en un primer momento.

P.: Tres personajes de Retrato robot tienen como apelativos el Mafioso, el Músico y el Mecánico. Que los tres tengan en común la letra eme, no creo que sea casual; acaso tampoco que la mujer del protagonista se llame Miriam, también con eme.

R.: Por supuesto que no es casual: las casualidades no existen, y menos en los libros, o no en los míos. Elegí esa letra, la M, por mi segundo apellido, y procuré que los apelativos de estos tres personajes tan importantes en la novela se adecuaran a ella. Y fíjese también que la otra mujer protagonista responde al nombre de Mónica; de este modo, tenemos la letra M y las cinco vocales. Como he dicho antes, no debemos olvidar que la literatura es además juego. Un juego que concierne sobre todo al escritor, pero al que se invita a participar, siempre, al lector.

P.: Creo que las pérdidas, ya visibles ya invisibles, no solo son uno de las motivaciones del protagonista. También en la vida real nos empujan a hacer, a salir de nuestra zona de confort. No sé si está de acuerdo con esa cita de que el ser humano llega más lejos para evitar lo que teme que para conseguir lo que quiere.

R.: Yo diría que a medias: en ocasiones, la ambición sí supera con creces a la prevención; el deseo por conseguir puede ser más fuerte que el temor a perder. Aunque supongo que esta decisión depende mucho del carácter de cada persona. En cuanto a los personajes de la novela, sí es cierto que sus fracasos y sus pérdidas condicionan su actitud, les obligan a comportarse de una forma determinada, que siempre los arrastra fatalmente a otros fracasos y más pérdidas; una cadena infinita.

P.: Rescato un pasaje de su novela porque me parece muy significativo. “Los relatos no cuentan todo, solo insinúan la verdadera historia, que es subterránea. Las novelas camuflan y mienten, lo hacen siempre, capítulo a capítulo.” ¿Ocurre también así en Retrato robot?

R.: Especialmente en Retrato robot. Hay en esta novela mucho que ocultar, mucha historia subterránea que desenterrar, capítulo a capítulo, párrafo a párrafo, hasta llegar al desenlace final. Pero no quiero anticipar acontecimientos ni tampoco que se me malinterprete: no es mi intención en absoluto engañar deliberadamente al lector, sino hacerlo partícipe del misterio, crear un estrecho vínculo literario entre nosotros.


Fernando García Maroto es Licenciado en Ciencias Matemáticas por la Universidad Complutense de Madrid García Maroto ha publicado anteriormente las novelas: La geografía de los días (2010), La distancia entre dos puntos (2011; reedición por LcLibros, 2014), Los apartados (Editorial Eutelequia, 2012), esta última galardonada con el Premio Eutelequia de Novela, en 2011, Que se enteren las raíces (Triskel Ediciones, 2015) y La carga (Malbec Ediciones, 2019). También ha publicado cuatro libros de cuentos: La vida calcada (Editorial Paroxismo, 2013), Arquitectura del miedo (UnoYCero Ediciones, 2016; reedición LcLibros, 2020), La persistencia del frío (Maclein y Parker, 2017) y Aceleración de la realidad (Maclein y Parker, 2021). Ha colaborado con sus artículos para la revista cinematográfica digital Miradas de Cine. Asimismo, forma parte de la plataforma literaria digital Escritores Complutenses 2.0. Actualmente compagina la escritura con su trabajo como profesor de enseñanza secundaria.

Entrevista a Jesús Carrascal, autor de La atardecida

Nos concedió una entrevista Jesús Carrascal Castillero (Vitoria-Gasteiz, 1962) a raíz de la publicación de su primera novela La atardecida (Adarve). 

Carrascal es aficionado a escribir desde muy joven, obtiene una mención honorífica en el premio de novela Club del Libro en Español (Naciones Unidas, Ginebra, 1984), así como otros reconocimientos literarios. Además es colaborador de diferentes publicaciones y escribe poesía, cuentos y narrativa.


P.: ¿Cómo surge la idea de escribir La atardecida? Creo que es su primera incursión en el género. Háblenos de sus veraneos en un municipio vallisoletano como germen emocional de lo que leeremos en ella 

R.: La atardecida surge de mi experiencia temprana con el mundo rural en época de infancia cuando pasé algunos veranos seguidos en un pequeño pueblecito de la provincia de Valladolid llamado Aldeayuso. El impacto tan grande que me produjo aquellas gentes, su forma de vestir, de hablar, su manera de ver la vida, de sentir la religión, sus costumbres ancestrales, produjo en mí tal impresión emocional —tendría por entonces apenas once años— que siempre deseé mostrar todo aquello, en una especie de reconocimiento a aquellas gentes, en una novela. De ahí surgió La atardecida, un pequeño homenaje a las gentes rurales de los pueblos castellanos, a la naturaleza, a los animales, a Los santos inocentes y al gran escritor Miguel Delibes. 

P.: Delibes, como apunta, late en las páginas ya desde la cita inicial del libro. Me sirve para preguntarle por el género naturalista en la novela actual. Quizá el lector medio, urbanita, prefiere evadir con temáticas más activas, con lo policial, el thriller o la ciencia-ficción, ¿qué opina?

R.: El género rural y naturalista que se describe en la novela pertenece a un determinado tipo de lector, de cierta edad, que siente éstos temas como suyos y los lleva en el recuerdo; el pueblo, los personajes rurales, sus costumbres..., tienes que haber vivido ese mundo y reflejarte en él para apreciar el relato de la novela. Reconozco que es un género minoritario y que hoy en día se lee más ficción y novela policíaca o thriller entre las personas más jóvenes y nacidas en otra época pero el estilo rural siempre tuvo y tiene un lector muy fiel que aprecia éste tipo de novela naturalista abanderada durante toda su existencia por el gran escritor y defensor de la naturaleza y del mundo rural Miguel Delibes. 

P.: La afición a la lectura ha de fomentarse desde edades tempranas, creo que como el amor a la naturaleza. Por ese vínculo con Valladolid y sus municipios que comparte con Delibes, quería preguntarle por la localidad de Urueña. No sé si la ha visitado. También por el papel de las lecturas en la etapas escolares.

No conozco personalmente la localidad de Urueña en Valladolid —espero hacerlo algún año—, pero por lo escuchado y leído es un referente en el aspecto literario considerada la primera Villa del Libro en España. Es muy importante fomentar la lectura a edades tempranas y que ese hábito se mantenga durante toda la vida. Leer es vivir mil historias, adentrarse en otros mundos, vestirse de infinitos personajes…, leer es, en definitiva, vivir. Y eso hay que enseñar a los más jóvenes desde edades tempranas, a vivir. 

P.: Una de las particularidades de esta novela es que además de la narración central aporta como pequeñas estrofas integradas en el texto. Hay algo de poético, de sinestésico o anafórico en esta novela, más allá de lo formal que resulta leer una novela, ¿es así?

R.: La atardecida es un libro de culto: no es un libro de entretenimiento o de intriga, no es tampoco un compendio de emociones, es decir, no es un libro al uso actual, cuando las modas lectoras nos llevan a unos géneros vinculados sobre todo al éxito editorial. Este libro se escribe y se lee al margen del tiempo y del espacio en que ahora vivimos, porque nos traslada a otras épocas y a otros lugares por medio de un género rural y naturalista presente en toda la novela. El libro pretende ser un cancionero en prosa de la vida de los pueblos. Además, creo que La atardecida es un libro clásico y al mismo tiempo experimental: clásico porque entronca con una tradición popular en la que queda representada una forma de vida ya desaparecida en su mayor parte y porque se inscribe en el modelo de otros grandes autores, y experimental porque su estructura narrativa es del todo inusual. 

El efecto que trata de provocar todo ello en el lector es el de un realismo muy directo, rural y costumbrista, tan asentado en nuestras letras hispánicas. Así lo demuestran sus descripciones, de un realismo crudo y radicalizado, incluso revestidas a veces de un cierto naturalismo, todo ello en el marco de un ambiente rural y tradicionalista en el que no se percibe el paso del tiempo. Y también ciertos personajes de la narrativa de Delibes, que renacen de sus propios textos y se encarnan en otros personajes de esta novela. Incluso La atardecida nos presenta una cierta dimensión del realismo mágico, tan propio de los ámbitos rurales ancestrales, como por ejemplo el personaje de Abilio el Andorino, que mueve los objetos con su mano semirrígida.

Me expreso de este modo ―anafóricamente, por medio de estructuras reiteradas―, porque así puede transferir al lector la esencia de lo real, de su ámbito propio: simplemente, en el campo la gente habla así. El libro entonces se nos aparece como un largo poemario, o mejor, como un cancionero, cuyos versos estarían conformados con las secuencias narrativas de un relato ancestral, tan propio de la época de Miguel Delibes... En realidad, se podría afirmar que este libro es como un cancionero en prosa ―a veces parece que está escrito en una especie de verso misterioso― en el que se narran, con cierto tono de lírica popular, unos pocos acontecimientos que curiosamente no tienen nada de excepcionales, sino que forman parte de la realidad profunda, auténtica, y por ello quizá enigmática, de la vida en los pueblos, con sus costumbres de siempre, que ahora nos asombran porque hemos perdido el contacto con la naturaleza, y también con toda la realidad de este mundo, que ahora se ha vuelto tan polarizado y extremo. Y aunque por novela entendemos ficción, nos consta que hay mucha realidad en estas historias noveladas.


P.: Le tiendo la mano a que nos hable de alguno de los personajes, por ejemplo, de Nicasita.

R.: Los personajes están basados en la realidad, en la experiencia de vivir con ellos y con sus historias aquellos veranos de la infancia. No he necesitado documentarme en ningún momento durante la obra ya que los personajes que se describen en el libro son reales y sus historias verídicas, fruto de lo que iba viendo, escuchando y lo que mi padre me contaba de aquellas gentes. Y al que tengo más aprecio es al personaje de la Niña Nicasita. La Niña Nicasita es el personaje encubierto principal de la obra. Representa una especie de viaje entre la vida y la muerte y está constantemente en todo el relato. Es como si quisiera recordar al lector la realidad existencial de éste mundo y la preparación para otro mundo futuro. Nazario, su hermano, es el actor secundario que hace que la Nicasita represente éste papel. El episodio donde la Nicasita habla a su hermano y se lo lleva con ella me parece algo lleno de una ternura infinita. Así lo describí porque así me contó mi padre que sucedió según la leyenda que se contaba en el pueblo.

P.: Por último, quería preguntarle por el lenguaje. Leemos una suerte de vocablos a lo largo de la novela poco usuales, del ámbito rural. Creo que no solo es un guiño al paisaje y paisanaje. Se me antoja que de algún modo es una reivindicación a la España mal llamada vaciada. A esa España rural a la que tan a menudo se le da la espalda salvo en los medios de comunicación con destellos como el paso de los pastores por el Paseo de la Castellana de Madrid. ¿Nos lo comenta?

R.: Siempre he tenido una preocupación intensa por el lenguaje, un cuidado casi obsesivo por la expresión: la corrección ortotipográfica, la adjetivación muy ajustada, los sintagmas tan alicatados, el despliegue de un léxico casi exótico, los términos siempre precisos, la puntuación tan intensa, incluso la sonoridad de las frases y de las secuencias narrativas a veces bastante largas, y el tono lírico del conjunto del texto que hace pensar en una evocación de un espacio lejano en el tiempo y en el espacio, acaso ya perdido. Al leer La atardecida el lector sentirá que el texto forma parte de una escritura transmitida desde el pasado. Y desde este punto de vista experimental cabe hablar de una escritura anafórica, que consiste en una reiteración sistemática de palabras y expresiones, como es típico del modo de hablar popular, convertido aquí en discurso literario. Se podría hablar de una especie de ‘resiliencia semántica’ de La atardecida, por cuanto el libro contiene multitud de vocablos del español del ámbito rural que ya en su mayoría están en desuso en el habla estándar multiurbana, lo que nos lleva a considerar la riqueza semántica de este texto y su aportación al tesoro multisecular de la literatura hispánica.

La atardecida. Jesús Carrascal. Adarve editorial.

Nota: Foto del autor cedida por él mismo.

El panadero que horneaba historias. Carsten Henn

Las lectoras de La ardilla literaria van a disfrutar de esta novela tierna y emotiva, del autor de El hombre que paseaba con libros (Maeva). El mismo sello, lanza este año, El panadero que horneaba historias, de Carsten Henn. 

Capítulo a capítulo iremos descubriendo a unos personajes entrañables, algunos, llenos de afecto, pero sobre todo a dos grandes protagonistas. En la portada de El panadero que horneaba historias ya vemos a Guiacomo Botura. Un italiano de Calabria que lleva media vida en un pueblo de Alemania. Desde muy temprano enciende el horno y va haciendo el pan para sus vecinos de una manera no solo artesanal. Hay historias detrás de cada pan, algo que averiguaremos junto a Sofie Eichner. Por circunstancias de la vida, tendrá que reinventarse. Algo nada fácil para quien ha sido una bailarina de ballet vocacional. 

Los inicios son siempre duros, eso lo sabemos todos, en parte de eso va El panadero que horneaba historias. Giacomo intentará ayudar a Sofie a encontrar la felicidad, su nuevo lugar, amasando, horneando y a través de la filosofía que encierra esa labor artesana y no siempre reconocida del obrador. Sirva como detalle porqué Giacomo siendo italiano lleva una gorra francesa… Os sorprenderá. 

Mi personaje secundario favorito es sin duda Anouk, la sobrina de Sofie, por muchas razones que os invito a descubrir en esta novela que se  lee, pero también se huele, incluso hasta se saborea. Sofie hallará en la panadería de Giacomo mucho más que un nuevo empleo, del mismo modo que quienes se acerquen a El panadero que horneaba historias hallarán mucho más que una historia de superación y aprendizaje. Por cierto, si os gustan las canciones de Domenico Modugno, le caeréis genial a Giacomo, no me extrañaría que os regalase una deliciosa barra de pan, pero no una cualquiera, porque como los libros, el pan tiene su personalidad y su historia. Una novela con mucha miga, ¿no os parece?


Carsten Henn (Colonia, 1973) autor de varios libros de no ficción y de tres exitosas series de novela negra. Se dio a conocer en nuestro país con su anterior novela, El hombre que paseaba con libros (Maeva, 2022) que le supuso el inicio de una prometedora carrera internacional. trabaja como escritor y periodista especializado en enología y como crítico gastronómico. 

El panadero que horneaba historias. Carsten Henn. Maeva ediciones.

Itako. Lluís Bussé

Los amantes de Japón, de la cultura japonesa, en general, están de suerte. Disfrutarán leyendo Itako (Distrito93) de Lluís Bussé. 

El autor ha tejido una novela poliédrica en su desarrollo narrativo. Me refiero a que la trama irá configurándose a nuestros ojos en un grado de exotismo y complejidad creciente. Una serie de asesinatos en Tokio serán el punto de partida con un Superintendente Kuma Nakajima en horas bajas pero que tendrá que aceptar la llamada del destino. La joven invidente O-Kono, la itako, le acompañará en un sutil viaje de descubrimiento e iluminación. Porque hay drama, seres sobrenaturales, amor, seducción y una pléyade de personajes digna del mejor kabuki japonés.

Narrada en presente y con multitud de referencias a costumbres, aspectos y tradiciones japonesas ya actuales ya heredadas de su pasado histórico, acotadas cuando el autor lo ha estimado oportuno, Itako es un doble viaje narrativo entre el thriller y lo fantástico. La lectura de Itako nos generará una suerte de interrogantes y misterios hasta llegar a ese destino en el que aprenderemos el valor de las segundas oportunidades y que el futuro no está escrito si sabemos encontrar la paz interior.


Lluís Bussé Olivé (Barcelona, 1961) es licenciado en Bellas Artes y doctor en Filosofía. Ha publicado, entre otros, La mirada femenina en la pintura europea (1874-1900), en 1996, o un libro en inglés titulado Barcelona’s Multiverse, en 2012. También realizó una exposición fotográfica individual -con el mismo título- en el Palau Robert de Barcelona. En 2013, salió a la luz un poemario inédito titulado Glasgow 15 (Libros del Aire).

Itako. Lluís Bussé, Distrito93.

La mejor persona. Xavi Puig

Esta semana, os traigo a La ardilla literaria una novela de un debutante. El articulista y guionista de radio y televisión, Xavi Puig, nos regala en La mejor persona (Temas de Hoy) una historia de amor. Pero de amor moderno, epistolar, terapéutico y con buenas pinceladas de humor. 

De un lado, está él, Antonio Camuñas, un oficinista ninguneado en su empresa; de otro, Natalya, una extranjera a la que iremos conociendo poco a poco según avancemos en la correspondencia de Antonio. En el fondo, él es una persona sensible, cordial, una buena persona; aunque alguien, a las primeras de cambio, pueda decir aquello de “pero muy en el fondo”. 

Se admite el toque de ironía, porque Puig también lo utiliza. A Antonio le llaman “el Volao”, no le han pedido que acuda a terapia con la doctora Toro por una fruslería, eso es cierto. Pero si, como lectores, ponemos de nuestra parte, creo que llegaremos a entender esa relación con su hermana Virgi. O por qué actuó de esa manera con Juanma, el becario. Comprenderemos sus reticencias a adoptar un gato o sus progresos en el gimnasio, como paso adelante para socializar, amistad con Julián incluida. 

La mejor persona es una ventana a mirar a quienes nos parecen un poco volaos a nuestro alrededor, eso si no somos nosotros los especiales de nuestro trabajo o grupo de amigos. De ser así, además de encantarnos este libro, se lo podemos recomendar en estas fechas tan entrañables. Hasta Antonio sabe que la Navidad está poblada de las mejores personas. Ya lo decía el bueno de Séneca, gran parte de la bondad consiste en querer ser bueno. Y Antonio Camuñas quiere serlo, podéis descubrirlo en esta novela. 


Xavi Puig (Barcelona, 1980) es licenciado en Filosofía y en Comunicación Audiovisual. Lleva veinte años escribiendo comedia. Es junto a Kike García, cofundador y director de El Mundo Today. Guionista de televisión y radio, ha trabajado para la prensa escrita, colaborando con varias revistas digitales. 

  La mejor persona. Xavi Puig. Temas de Hoy.

Sala de espera. Iván de Cristóbal

Dos mujeres en apariencia sin nada en común se presentan ante nosotros en Sala de espera (Alrevés), de Iván de Cristóbal (Barcelona, 1972). Primera novela de este autor del que leemos que ya prepara la segunda. 

Dos, como digo, son las protagonistas de esta novela de lectura ágil y llena de matices. La espera en una sala, como apunta el título, las une en la distancia. Una joven, la otra madura, ambas aguardan a que una puerta se abra y lo que esperan les permita seguir adelante con sus vidas truncadas por una mala decisión. O dos. La manera de narrar esta historia, en contrapunto, nos empujará a querer saber más de sus personajes, de Mariona y de Lucía. Nos mantendrá en vilo porque los capítulos cortos y el devenir de sus dos protagonistas se nos antojará real, cercano, actual.

La doctora Mariona Valls creyó hacer lo correcto cuando esa madre embarazada llegó a Urgencias del hospital donde trabajaba. Lucía confió en una persona tan cercana que quizás el humo del fuego le impidió ver las llamas y ahora aguarda dejar su pasado atrás. Decisiones, amor, voluntad, dilemas éticos y resiliencia son solo algunos ingredientes de Sala de espera. La viveza de las escenas seguro que nos hará disfrutar de esta novela sin darnos cuenta, como si el tiempo fuera un líquido fluyendo ajenos a nosotros. Y aún ha querido De Cristóbal dejarnos con el punto final una reflexión, o dos, como las protagonistas de su novela. 

Doscientas veinte páginas donde también el cine tiene su pequeño homenaje con el hilo como elemento vertebrador. No esperemos más para abrir esta Sala de espera cargada de esperanza. 


Iván de Cristóbal Miras, economista, licenciado por la Universidad de Barcelona y la Copenhaguen Business School, dirige en la actualidad una agencia de publicidad que trabaja con marcas líderes de sectores como el deportivo, el tecnológico o el energético. Es también profesor de comunicación en la Universidad de la Salle desde hace diez años. Ha escrito artículos sobre estrategia de marca en diferentes medios de comunicación, así como varios guiones de cortometrajes de ficción, algunos premiados en diversos festivales independientes. 


Sala de espera. Iván de Cristóbal. Editorial Alrevés.

Entrevista a Marta Huelves, autora de El tercer lago

Este mes de noviembre se va, pero no sin compartir con vosotros esta entrevista que nos concedió, para La ardilla literaria, la escritora Marta Huelves Molina (Madrid, 1969). Huelves estudió Geografía e Historia en la UNED. Es escritora y divulgadora de Historia, y en todos sus proyectos conjuga la pasión por la literatura con el trabajo de investigación. Colabora con medios digitales y publica reseñas de libros en webs especializadas. Esperamos que os guste.


P.: Retoma en El tercer lago, por una parte, a los protagonistas de su anterior novela, La memoria del tejo. Y, por otra, la ubicación de la trama, que también es en Asturias. De hecho, leemos que siente admiración y curiosidad por la cultura asturiana. No es vano, en la portada de El tercer lago hay un elemento muy representativo del Principado. Háblenos de estos dos reencuentros, de esa admiración casi devoción, quizás. 

R.: En la portada de El tercer lago aparece un elemento muy representativo como es el puente de Cangas de Onís, al que todos conocen allí como «el Puentón», de manera intencionada y por dos razones. La primera porque representa a la localidad donde arrancan los hechos de esta novela policiaca y la segunda porque forma parte de la ambientación, que en mis novelas funciona como un personaje más. Esto cierto que siento predilección por la cultura asturiana y también la necesidad de divulgarla. Es una atención merecida, debido al desconocimiento a nivel nacional que tenemos sobre los asturianos. El folclore, la mitología y la historia asturiana son las grandes inexploradas. Creo que una novela de misterio o policiaca es un vehículo tan válido como cualquier otro para darlas a conocer.

P.: La pareja de investigadores en El tercer lago son el inspector Salvador Bedia y la agente Marina Roldán. Como en toda buena novela, el peso de los personajes, de sus pequeños dramas y su rol en la trama, es un factor decisivo para atrapar a los lectores. ¿Qué podemos adelantarles acerca de la agente de la Policía Nacional de Gijón tras su traslado desde Madrid?

R.: Tanto La memoria del tejo como El tercer lago son novelas policiacas en las que presento dos casos independientes, pero enlazados uno con otro a través de esta pareja de la Policía Nacional: Bedia y Roldán. Cuando me planteé el personaje de la agente Marina Roldán, lo hice con la convicción de mostrar a una mujer con un pasado y un futuro en el que pesase más el rol humano. Los hombres y mujeres que pertenecen a los diferentes Cuerpos de Seguridad del Estado son, ante todo, personas, con cargas familiares, dramas personales y preocupaciones como cualquiera de nosotros. Por eso presto especial atención a la vida privada de mis personajes. En El tercer lago, la agente Roldán se va adaptando poco a poco a Gijón y se reafirma como protagonista. Además de superar los traumas del pasado, en esta novela, el zarpazo le alcanza a nivel personal. Una circunstancia que la obligará a modificar el rumbo de su vida.  

P.: El título de esta novela hace referencia a un esquivo lago de Covadonga. Son más conocidos el Enol o el Ercina que el Bricial. En la novela, no solo descubrimos el porqué de este misterio, sino también cierta leyenda asociada a él, a su nombre. Aprovecho para que nos hable del componente de leyendas que ha incluido en El tercer lago.

R.: Como digo, la riqueza de la cultura asturiana es muy amplia e incluye, por supuesto, las leyendas. No olvidemos que las leyendas o los cuentos nacen de la tradición oral. Aparte de entretener, ofrecían un componente didáctico cuya misión era explicar, a una población carente de estudios y de acceso a la cultura, fenómenos de índole científica, como es el caso. La leyenda de los lagos de Covadonga es un intento de explicar la formación de los lagos de alta montaña que forman parte del Parque Nacional de los Picos de Europa. 

  Hace unos 40.000 tuvo lugar el último máximo glaciar que afectó a las montañas cantábricas. Por aquel entonces los tres macizos que conforman los Picos de Europa estaban ocupados por grandes casquetes de hielo. El hielo es un agente muy erosivo que al moverse arrastra materiales. En las zonas más blandas, la erosión forma una especie de cubetas que se llenan de agua, tanto de la lluvia como procedente del deshielo y forman un lago. En esta novela me he permitido la reinterpretación de esta antigua leyenda, cuyos primeros ejemplos podemos encontrar en el siglo XIX. Tanto el lago Enol como el Ercina son lagos permanentes, no así el Bricial cuya base es arcillosa y el agua se filtra. Por eso solo es posible verlo durante la época de deshielo o cuando se producen grandes lluvias. Es un lago fantasma. Este componente casi mágico es un ingrediente más en mis novelas, esta vez con la leyenda de la niña de los lagos de Covadonga.  

P.: Si en La memoria del tejo, un hilo conductor fue este árbol y, por extensión, los bosques asturianos, en El tercer lago también lo es desde una vertiente más abierta, la protección de la naturaleza y el medio ambiente. Concretamente, hallamos al movimiento preparacionista y de supervivencia en caso de catástrofe. Nos sonará quizá en países como EUA, pero en Europa, en España, también hay grupos muy preocupados, y concienciados, con cómo sobrevivir en caso de un apocalipsis, de un desastre para la población.

R.: El movimiento preppers o preparacionismo está formado por individuos que se preparan para sobrevivir a una catástrofe natural, un colapso en las comunicaciones o una epidemia, incluidas perturbaciones de orden social o político. Practican el autoabastecimiento. Aunque surgen en los años treinta del siglo XX, la mayor influencia la consiguen durante la Guerra Fría, con la amenaza de las bombas nucleares y atómicas. Para protegerse y sobrevivir construyen búnkeres o refugios y se agrupan en comunidades. 

  Este movimiento está directamente ligado a la naturaleza y sus seguidores se extienden por todo el planeta. Son por tanto conservacionistas, protectores del medio natural que, en la novela, los muestro como un homenaje a los moradores de los pueblos de alta montaña. Estas gentes se han aclimatado a unas condiciones climáticas hostiles y difíciles. Un ejemplo necesario de adaptación al medio ante la emergencia climática que estamos viviendo. La investigación que llevé a cabo sobre estos grupos de preppers se materializa en la novela en el personaje de Nelu Prado, un guía de montaña.

P.: No quiero dejar pasar la oportunidad de preguntarle por las interrelaciones de los personajes. A menudo es el morbo de la sección de sucesos de medios de comunicación, escritos o audiovisuales. Pero lo cierto es que las personas solemos mantener conflictos, más o menos resolubles, con gente de nuestro entorno. Coméntenos estos enconos, por ejemplo, entre Mónica y Emilio Noval, como parte de la trama.

R.: El conflicto siempre despierta la curiosidad humana. Forma parte de nosotros el querer saber qué pasa entre dos personas. En este caso, las relaciones padre e hija no son lo que parecen. El interés de querer seguir leyendo una novela policiaca, se basa, en cierta medida, en los conflictos entre personajes. En esta ocasión, la relación de Mónica con su padre va a sorprender a los que lean El tercer lago. Una cosa son las apariencias, Mónica es una adolescente rebelde de la que llega a sospechar la policía y otra la realidad. En este caso, su padre, Emilio Noval, un reputado empresario de la localidad de Villanueva, (muy cerca de Canga de Onís), aparece asesinado. Las relaciones familiares son muy importantes para el desarrollo de la trama.

P.: Para cerrar, le lanzo el reto de que nos hable de la parte histórica de su novela. No tanto del esfuerzo que a los autores les supone bucear en datos y seleccionarlos. En este caso, singularicémoslo con la figura de Pedro Pidal, marqués de Villaviciosa. En esta época en la que los privilegios de las clases sociales están en tela de juicio, hay que reconocer que hizo mucho y bueno por la conservación de la naturaleza y por Asturias. ¿No le parece?

R.: Como historiadora creo fundamental la contextualización del estudio de un periodo histórico antes de emitir juicios de valor. En el caso de Pedro Pidal, un caso singular, por cierto, su condición de marqués de Villaviciosa, en Asturias, jugó en beneficio de un proyecto muy importante como era la creación del Parque Nacional de Covadonga. Además de jurista, político, (accedió al Congreso y al Senado hasta la Guerra Civil), también era cazador y montañero profesional. Y fue precisamente esta última afición la que le llevó a aprovecharse de sus privilegios para conseguir la aprobación de una ley, con tres artículos. El primero regulaba la creación de espacios naturales, el segundo los definía y el tercero nombraba al ministro de Fomento para reglamentarlos. Aquella ley, de las primeras en el mundo, estuvo vigente hasta 1957. La primera ley de Parques Nacionales, aprobada el 8 de diciembre de 1916 consiguió que España fuera uno de los países pioneros en Europa en la apuesta por la protección de la naturaleza. Gracias a esta ley se declararon en 1918, los dos primeros parques nacionales españoles, el de la Montaña de Covadonga y el de Ordesa.


Marta Huelves. El tercer lago. Ediciones Maeva 


El enigma de los niños gaviota. A. P. Torrecilla

El protagonista de El enigma de los niños gaviota (Distrito 93), de A. P. Torrecilla, nos cuenta, a lo largo de las páginas, unos hechos acaecidos diez años atrás. Aún sigue impresionado. Y eso que no solo media entre aquella aventura y su presente, el tiempo; sino también, el espacio, la distancia. Porque Gonzalo Tristán, sentado frente a una vieja Olivetti, rememora desde la soleada ciudad de Cádiz una búsqueda muy particular en un pueblo pesquero de Galicia. 

Desde su exilio Gaditano, Tristán abre página con su llegada a aquel pueblo para resolver un misterio. Ante la desaparición de tres muchachos, en extrañas circunstancias, uno reaparece en el pueblo. Pero presenta un estado casi catatónico. La policía no logra hallar pistas y es ahí cuando Tristán hace valer su peculiar olfato para ir desenredando una madeja de silencios, secretos, leyendas ancestrales y traiciones. 

La novela mantiene un delicado pulso entre la acción y la descripción de esa costa norteña agreste, esas gentes herméticas y los antiguos vestigios de la cultura prerromana con el exilio, en el presente, del narrador. Así, entre Galicia y Cádiz, en ese contrapunto en el que median los diez años de aquellos hechos que le marcaron y el deseo de expulsar los fantasmas del pasado, la trama nos irá atrapando y deslizándonos hasta la resolución de no pocos misterios. 

El enigma de los niños gaviota. A. P. Torrecilla.  Distrito 93

Antonio Puente Torrecilla (1979) es un enamorado del mar (donde trabaja) y de los libros (donde navega). Crece en el Estrecho de Gibraltar acunado por las tempestades de levante, por la historia y los mitos que rodean un lugar tan peculiar. Como consecuencia ha sido: Autor de la novela Las Aguas del Tiempo (2009). Finalista del II Certamen de Relato Corto Conil ante las drogas 2008. Colaborador de la Editorial Cádiz Media S.L. en la Revista Plenilunio 2010. Tercer Premio de Narrativa Breve en el V Certamen Literario Internacional Aljarafesa 2010. Ganador del XXXVI Certamen Literario Nacional José María Franco Delgado en el año 2010. Finalista del X Certamen de narrativa corta Carmen Martín Gaite 2010 Accésit Marítimo. Segundo Premio en el V Certamen de Relato organizado por el Ayuntamiento de Cádiz y Diario de Cádiz 2011 en colaboración con Fernando Iwasaki. Finalista en el Certamen Literario Editorial Universo 2013.


El cielo de Lima. Juan Gómez Bárcena

Desde la portada de El cielo de Lima (Seix Barral), de Juan Gómez Bárcena, parece mirar con timidez una mujer. Quizá con sorpresa, quizá advirtiéndonos de que su historia tiene algo de esa misma timidez, de recelo y de juego. El cielo de Lima es una novela que mira, como la protagonista de la portada, hacia el pasado doblemente. 

Por un lado, fue escrita y publicada hace casi diez años con gran éxito. Obtuvo el premio Ojo Crítico de Narrativa y el premio Ciudad de Alcalá de Narrativa. Y, por otro, la historia en sí nos traslada a principios del siglo pasado a la populosa ciudad de Lima. Basada en una anécdota histórica poco conocida del poeta Juan Ramón Jiménez, a la sazón, premio Nobel de Literatura en 1956, tiene como protagonistas a una curiosa pareja de jóvenes. Y a una no menos curiosa muchacha, llamada Georgina Hübner, por descontado. 

Ellos son amigos, de buena posición, algo aburridos en esa ciudad costera del Pacífico, bajo ese cielo gris que a menudo les hace imaginarse bajo otros cielos. En la poesía. Admiran al Maestro, a don Juan Ramón, hasta el punto de idear la manera de escribirle para solicitarle alguno de sus poemarios dedicados. Pero lo harán tentando a la imaginación, al divertimento, no por burla, aunque con el tiempo, se convertirá en obsesión. 

Harán nacer así, del papel, a la joven Georgina Hübner. Ella será la que se cartee con el poeta español. En ese ir y venir de misivas transoceánicas también se irá tejiendo las historias de Carlos y José, de sus amigos, de otros personajes que nos irán atrapando como en una telaraña por su narración, por lo desenfadado, por descubrir qué conseguirá la joven limeña, carta tras carta. El romance epistolar tendrá finalmente eco en el poemario Laberinto, publicado en 1913. 

El cielo de Lima es una de esas novela para leer no solo una, sino más veces, revelada ya la sorpresa; gustará de recorrer, de nuevo, las calles, los arrabales y las buhardillas de Lima bajo ese cielo preñado de nubes como panza de burro, que dicen por allá; bajo ese cielo de Lima.


El cielo de Lima. Juan Gómez Bárcena. Seix Barral