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Casilla vacía. Entrevista a Santiago Mazarrasa

Me siento muy unido a la ciudad de Santander, por ello, para mí es un doble motivo de alegría compartir esta entrevista. Me la concedió el escritor cántabro Santiago Mazarrasa, (Santander, 1988) al hilo de su tercera novela Casilla vacía, tras sus anteriores "El aspirante" (2021) y "Caníbal sin dientes" (2023). 

Mazarrasa estuvo en la Feria del Libro de Madrid el pasado 30 y 31 de mayo; si no pudiste coincidir allí, tienes una nueva oportunidad del 26 de este mes al 05 de julio precisamente en Santander, en la Feria del Libro de su ciudad natal.

P.: Si el título nos evoca un juego, unas casillas en las que una se vacía, me atrevo a preguntarle por otro juego, el de las sillas y la música en el que cuando esta se para ha de buscarse acomodo en una liza con otros participantes. La pérdida y la búsqueda son el motor de algunos juegos de mesa, pero también lo que nos hace resilientes, lo que nos empuja a seguir, ¿de esto también va Casilla vacía?

R.: No diría que nos hace resilientes. Creo que se avanza porque no queda otra, se avanza por puro instinto de supervivencia. En el término resiliencia hay unos matices morales que a mí no me interesan y que, de hecho, considero algo peligrosos. Lo que creo es que es imposible detenerse, si no es por que uno desea ponerle fin a su vida. Los personajes que me interesaban en Casilla buscan algo, un refugio, una salida, un amor duradero, lo que sea, pero mientras son arrastrados por la corriente más que nadar en ella.

P.: Creo que Casilla vacía es de algún modo una declaración de intenciones, una suerte de carta novelada sobre una generación desencantada con el pulso social y las oportunidades laborales un tanto miserables. ¿Es así?

R.: Sí, pero con matices. Para mí, lo fundamental de la novela no está tanto en lo que tiene de reflejo de una época y de la situación de una generación con respecto a su futuro si no en un asunto mucho más esencial: el vacío, el sinsentido, la carencia, como una forma constitutiva de existir que tiene lo humano, que no es en absoluto particular a mi generación. La base de la novela está ahí, en esa exploración del sinsentido como aquello alrededor de lo cual construimos una vida. Ocurre que mi generación se ha dado de bruces contra ello, por eso resultaba tan esclarecedor tratar esta noción a través de problemas que sí son contemporáneos y que, efectivamente, han dado como resultado esta suerte de relato sin esperanzas.

P.: Tuve la oportunidad de vivir en Santander, ciudad a la que adoro, a la que regresé tiempo después y a la que espero volver. Con esa villa marinera de comienzo y con esos regresos en la mente o los cuerpos de los personajes de su novela, le preguntaré por el origen de Casilla vacía, el germen.

R.: El germen está en lo que mencionaba anteriormente. A mí me ha obsesionado siempre la idea del sin sentido, del vacío, de aquello que no podemos comprender y, sin embargo, nos empuja hacia delante. En primer lugar, por supuesto, la muerte. Todavía no entiendo qué pintamos aquí si tenemos que marcharnos. Esa es la idea que hay detrás, muy atrás, de este libro. Luego se desarrolla, claro, y aparecen los lugares, los problemas y los conflictos que me interesan del mundo en el que vivimos y que creo que son reflejos de ese sinsentido, digamos, original que es la propia existencia.

P.: Los símbolos en el arte dan profundidad a una obra, la trascienden. Creo que en su novela hay alguno, por ellos le pregunto, no sé si con tino o no, empezaría con los gatos, pero le cedo la palabra.

R.: Claro, son fundamentales en la medida en la que van más allá del significado literal y permiten una lectura abierta a interpretaciones, que es una de las cosas que debe hacer la literatura. No diría que Casilla esté plagada de símbolos, pero sí hay muchos elementos que trabajan indirectamente con los asuntos que el libro explora. Para mí es importante que todo en la novela trabaje en la misma dirección, y ahí es donde cualquier elemento puede ser símbolo, indicio, señal. Los gatos en el libro tienen una función simbólica, está claro, pero no debería explicarla porque eso anula completamente su sentido.

P.: Por último, sin duda Casilla vacía es una novela de personajes. La acción no recae en un solo protagonista, sino que se reparte, incluso recurriendo al contrapunto espacial y temporal. Y, además, está el paisaje, esa inmersión a través de calles, ciudades y espacios abiertos, con un cielo muchas veces cuajado de nubes, anunciando lluvia o tras ella. Me sirve para que nos hable de los estados emocionales narrativos, de cómo estrechar con estos la distancia a menudo insalvable e invisible entre el autor y los lectores.

R.: Durante el proceso del libro, pensé que acabaría convirtiéndose en muchas cosas muy diferentes. Fue durante el desarrollo cuando me di cuenta de que, realmente, Casilla quería representar un estado de ánimo, más que una idea concretable o un tema en el sentido más estéril del término. Creo que ahí se encuentra ese puente que une el libro a sus futuros lectores, en la capacidad, no de explicar o describir ese estado de ánimo, sino de contagiarlo, en cierto modo, hacerlo palpable para el lector. De algún, espero que Casilla enfrente a unos y otros con sus propias ausencias, carencias y conflicto de un modo que resulte, paradójicamente, disfrutable. Alguien me dijo una vez que iba al cine a ver películas para llorar por lo suyo. Creo que en mi manera de hacer literatura, hay algo de eso. De eso, o de espejo deforme.


Casilla vacía. Santiago Mazarrasa. Alianza editorial.


Haz caso a mamá. Entrevista a Paloma Sorribes


La entrevista de esta semana es muy especial, ya que nos la concedió nuestra colaboradora y artista gráfica Paloma Sorribes. En plena turné promocional con su primer libro ilustrado Haz caso a mamá (Brief) ha sacado unos minutos para concederme esta simpática entrevista. Si además de su libro queréis que os lo dedique, nos cuenta al final de la entrevista dónde firma estos días.


P.: Empecemos por el principio, ¿quién es Paloma Sorribes?

R.: Paloma Sorribes soy yo, y yo soy mis dibujos. Dicen que veo lo que otros no ven: un detalle en el parque, una conversación lejana, el temblor en las manos, el final que adivino antes de que llegue. Lo que no digo, lo dibujo. Y en ese proceso, dejo señales, pequeñas pistas, para quien quiera seguirlas.

P.: El protagonista de tu libro, Haz caso a mamá, es un camaleón que va al colegio y tiene amigos insectos que también van a colegio. Es importante hacer caso a mamá siempre, pero ¿más aún cuando estamos en el colegio?

R.: Hacer caso a mamá es importante dentro y fuera del colegio pero hacer caso no implica la obediencia absoluta. Los niños deben equivocarse para poder aprender que aunque mamá suene aburrida y agotadora, seguir sus consejos les puede ahorrar muchos disgustos. Ojalá que con este cuento alguno de ellos lo descubra antes que yo.

P.: Otro de los personajes de este libro es una mantis religiosa que molesta sus compañeros con sus tonterías y sus bromas. ¿Por qué elegiste a este insecto para ese rol un poco de malote de colegio?

R.: Por la apariencia… no sé si has visto una mantis religiosa al natural… casi mide un dedo. No se mueve… tiene la cabeza como uno de esos extraterrestres de las películas antiguas y parece que quiera invadir el mundo de forma silenciosa… luego está lo del video… me produjo tal desazón… que un vertebrado tan a lo suyo como es un camaleón hiciera lo que tenía que hacer que era cenar y que la mantis se lo zampara… me hizo pensar, pensar mucho y no te digo que no me traumatizara… ahora veo mantis donde antes solo veía gente molesta.

P.: Háblanos de las ilustraciones que acompañan al texto, tanto las de las escenas de día como las nocturnas, muy llamativas.

R.: Por encima de todo soy ilustradora… y crecí con Pikachu, el manga de Bola de drac y todo eso… y te confieso que no puedo con el terror… así que cuando vi ese video tuve que digerirlo… y ¿qué mejor manera de hacerlo convirtiendo esa realidad de la naturaleza en unos dibujos simpáticos y con final feliz. Los colores… la noche… el día… esos contrastes me salen porque sí… mi imaginación se divierte de noche y de día… pero mi lápiz sabe escoger de esos momentos lo mejor para cada dibujo.

P.: Haz caso a mamá está disponible en tiendas tanto en castellano como en valenciano. Coméntanos a partir de qué edad recomiendas el libro y algún consejo para los más peques que quizás no sean muy fans de la lectura.

R.: Les diría que si no les gusta leer, es porque aún no han encontrado su libro. Y que si uno no les gusta lo dejen. Hay miles de millones esperando ser leídos en las estanterías.

P.: Creo que vas a visitar varias ciudades de España promocionando tu libro. ¿Cuál es la próxima cita por si quieren adquirir tu libro firmado y dedicado?

R.: La más cercana es el 23 de abril en Sant Jordi. Luego estaré varios días en la Feria del libro de Valencia y después en Madrid. ¡Es un no parar!


Paloma Sorribes (Valencia, 1978) estudió biología y repostería, y aunque pasó más de una década entre cables y pantallas, un día decidió apostar por lo que realmente le daba vida: la ilustración. Desde pequeña ha tenido una conexión especial con la tierra (literalmente: su primer dibujo fue con los dedos en una maceta… o en la pared del salón, según a quien se le pregunte). Le gustan las plantas verdes, las gallinas, el sol de invierno y los dulces. Dibuja porque le hace feliz y porque sospecha que dentro de cada historia hay un rincón que sólo se entiende con un buen dibujo. 


Haz caso a mamáPaloma Sorribes. Brief ediciones

Web de Paloma Sorribes 


El Tunche. Entrevista a Miguel Gayo


Esta semana, comparto con las y los lectores de La Ardilla Literaria una entrevista muy especial. Me la concedió el escritor madrileño afincado en Sevilla, Miguel Gayo (Madrid, 1966). Como escritor destaca por su dedicación al relato corto, donde ha cosechado numerosos premios en certámenes literarios de ámbito nacional e internacional. Con su primera novela, Nadie elige nada (2021), abordó el tema del sentimiento de culpa y la venganza, cuestionando el modelo de castigo de las sociedades actuales. En 2025 publicó El Tunche (Vencejo), una historia que utiliza un hecho real y luctuoso sucedido en Sevilla para adentrarse en la vida de dos amigos que amaron a la misma mujer. Justo por esta novela le pregunté, por los personajes y por la relación con el Tunche, un ser mítico de las selvas andinas que encarna al mal, que da título a esta obra.

P.: Creo que entre los temas medulares de El Tunche hay espacio para un aderezo de crítica social. Lo digo, por ejemplo, por ese pasaje en el que un personaje se queja de las directrices políticas que obligan a cambiar los libros de texto, los puntos de vista de la Historia. "Pareciera que la historia fuese algo más que una concatenación de hechos", ¿es así?

Sí, así es. Esta novela tiene espacio para la crítica social en el asunto que comentas y en otros. Los personajes abordan en propia persona la enfermedad mental y sus consecuencias sociales, los trastornos de alimentación, las ideas delirantes, las lesiones autolíticas, el abismo intergeneracional, la soledad, el impacto de la tecnología… En fin, considero que El Tunche es una novela plenamente contemporánea, ya que aborda temas que nos tocan vivir.

En el caso concreto que comentas, creo que está claro para todos la injerencia política en los planes de estudios, sobre todo en algunas ramas. La Historia es muy permeable a esa injerencia: se cambian puntos de vista sobre los mismos hechos, se suprimen algunos o se realzan otros; en fin, ya conocemos el funcionamiento. Y esto es algo transversal, no solo propio de una bancada política.

En la novela, dada la condición de historiadores de los personajes principales, se exponen numerosas reflexiones sobre el proceso histórico, sobre la función del historiador, sobre la enseñanza de esta materia a las nuevas generaciones. Cuestiones que se escapan de la brevedad de una entrevista. En cualquier caso, es un tema que me interesa y por eso se refleja en la trama.


P.: Dos mujeres se despiden, en otro de los pasajes, y una le advierte a la otra acerca de que "los que luchamos contra demonios nos convertimos en demonios". ¿Nos la comenta en relación justamente con la presencia del demonio andino que le da título a la novela?

Nietzsche ya trató este tema. Su frase «Quien con monstruos lucha, cuide de convertirse a su vez en monstruo» la incluyo como cita de presentación en la novela. Pero esta frase continúa: «Si miras fijamente al abismo, el abismo también mira dentro de ti». Cuando uno lee El Tunche, esta reflexión de Nietzsche cobra mucho sentido.

Aquí quiero hacer un pequeño inciso antes de contestar a tu pregunta. Igual que existe el concepto de la banalidad del mal (que desarrolló la filósofa Hanna Arendt tras participar en las sesiones del juicio en Nuremberg del jerarca nazi Adolf Eichmann, impactada tras comprobar que el hombre que asesinó a millones de personas se mostraba como un individuo corriente, casi un ser mediocre que cumplió de manera metódica las órdenes que recibía, y no al monstruo que pensaba encontrar), también existe, a mi entender, una banalidad del bien

Esta banalidad del bien se ha utilizado a lo largo de la historia y se sigue utilizando: en la lucha por conseguir un bien superior, a veces hay que sacrificar algunos valores; en definitiva, practicar algunas maldades. Para mí, esto es la justificación y la manipulación de los violentos de siempre. A gran escala y de manera grotesca lo estamos sufriendo en las guerras injustas actuales. Pero esto se traslada a ámbitos de política doméstica e incluso interpersonal. El bien no justifica la maldad ni la discriminación; el bien debe ser y parecerlo.

Esto se relaciona también con una reflexión del narrador de la novela: «La violencia debe ser grotesca y, cuando no lo parece, añade crueldad; como la amabilidad del verdugo que ofrece un cigarrillo al que va a ajusticiar». La amabilidad del verdugo confunde a la víctima y añade sufrimiento; por el contrario, el bien debe ser y parecerlo, porque si no desmotiva y desreferencia.

Contestando a tu pregunta, «Los que luchamos contra demonios nos convertimos en demonio», previene una mujer a otra en la novela. Y sí, es una prevención entre hechiceras, así lo entienden ellas; un cuidado en la lucha contra el Tunche, pero no el monstruo imaginario que se esconde en la selva de su país, sino el que se encarna en el mundo de relación que les toca vivir.


P.: En uno de los pasajes leemos que "a veces un destino aciago nos salva de un destino peor". Más allá de que me evoca a una parecida de Cormac McCarthy en No es país para viejos, no sé si lo comparte.

La frase de Cormac McCarthy «Nunca sabes de qué suerte peor te ha salvado tu mala suerte» comparte una reflexión parecida a la que hace un personaje de mi novela, que trata así de consolar a otro personaje por la culpa que arrastra por el atropello a una anciana en la que ni participa ni nada podría haber hecho por evitar. Esta reflexión se puede entender como fatalista; creo que así la utiliza McCarthy, como que uno debe aceptar las desgracias que le ocurren porque podrían haberle salvado de una situación peor. En mi novela, se utiliza más como consuelo hacia el otro, como una forma de aligerar la culpa. 

En nuestras sociedades, quizá como una rémora de la religión cristiana-católica, somos adictos a la culpa: nos flagelamos por las propias y nos endosamos las de los demás. Como reflexión personal, diría que debemos superar el sentimiento de culpa y hablar más de responsabilidad: no somos culpables de lo que sucedió, más bien somos responsables. La culpa te lleva al sufrimiento y la responsabilidad te lleva a reparar el error cometido y a evitar que vuelva a suceder. Pero sí, las dos reflexiones apuntan a suavizar las tragedias que vivimos las personas, la fatalidad que la vida nos impone.


El Tunche. Miguel Gayo. Vencejo ediciones.


Entrevista a Fernando García Maroto

Comparto la entrevista que me concedió el escritor madrileño Fernando García Maroto, autor de la novela Retrato robot (Vencejo ediciones). Una novela sobre la identidad y el deseo de conocer la verdad, como nos cuenta a lo largo de esta entrevista. 


P.: Empecemos por el título de su novela. Además de figurar en el interior, como título de una actividad ideada por el protagonista, intuyo que encierra más de lo que aparenta. ¿Es así?

R.: Uno de los temas de esta novela, entre otros, acaso el más importante o esa era mi intención en un principio, es la identidad: me interesa mucho el modo en que nosotros mismos nos construimos y nos percibimos, el modo en que los demás nos ven y nos valoran, y la posible adecuación o resistencia a esa imagen personal que se va formando poco a poco a partir de versiones múltiples, a veces incluso contradictorias; una imagen que no siempre es completamente real, aunque tampoco del todo falsa.

P.: El arrepentimiento, transformado en la necesidad de hallar la verdad, el nexo entre las sospechas y lo real, lo tangible se me antoja que es uno de los hilos argumentales de esta novela. ¿Nos lo comenta?

R.: Intento ―con mayor o menor fortuna según los casos, eso sí― introducir en cada una de mis historias anécdotas o referencias o temas que todos podamos identificar de manera sencilla, casi automática, y no creo que haya nada más universal que el afán por saber (como si fuera el pecado original de lo que estamos hablando; de ahí, tal vez, el sentido del arrepentimiento del que usted tan acertadamente habla), la necesidad de conocer la verdad, que en ocasiones está oculta, aunque no lo parezca o no lo creamos: por eso hay que sospechar, indagar, plantear preguntas, porque la realidad no es lo que parece, ni tampoco lo que aparece sin más en un primer momento.

P.: Tres personajes de Retrato robot tienen como apelativos el Mafioso, el Músico y el Mecánico. Que los tres tengan en común la letra eme, no creo que sea casual; acaso tampoco que la mujer del protagonista se llame Miriam, también con eme.

R.: Por supuesto que no es casual: las casualidades no existen, y menos en los libros, o no en los míos. Elegí esa letra, la M, por mi segundo apellido, y procuré que los apelativos de estos tres personajes tan importantes en la novela se adecuaran a ella. Y fíjese también que la otra mujer protagonista responde al nombre de Mónica; de este modo, tenemos la letra M y las cinco vocales. Como he dicho antes, no debemos olvidar que la literatura es además juego. Un juego que concierne sobre todo al escritor, pero al que se invita a participar, siempre, al lector.

P.: Creo que las pérdidas, ya visibles ya invisibles, no solo son uno de las motivaciones del protagonista. También en la vida real nos empujan a hacer, a salir de nuestra zona de confort. No sé si está de acuerdo con esa cita de que el ser humano llega más lejos para evitar lo que teme que para conseguir lo que quiere.

R.: Yo diría que a medias: en ocasiones, la ambición sí supera con creces a la prevención; el deseo por conseguir puede ser más fuerte que el temor a perder. Aunque supongo que esta decisión depende mucho del carácter de cada persona. En cuanto a los personajes de la novela, sí es cierto que sus fracasos y sus pérdidas condicionan su actitud, les obligan a comportarse de una forma determinada, que siempre los arrastra fatalmente a otros fracasos y más pérdidas; una cadena infinita.

P.: Rescato un pasaje de su novela porque me parece muy significativo. “Los relatos no cuentan todo, solo insinúan la verdadera historia, que es subterránea. Las novelas camuflan y mienten, lo hacen siempre, capítulo a capítulo.” ¿Ocurre también así en Retrato robot?

R.: Especialmente en Retrato robot. Hay en esta novela mucho que ocultar, mucha historia subterránea que desenterrar, capítulo a capítulo, párrafo a párrafo, hasta llegar al desenlace final. Pero no quiero anticipar acontecimientos ni tampoco que se me malinterprete: no es mi intención en absoluto engañar deliberadamente al lector, sino hacerlo partícipe del misterio, crear un estrecho vínculo literario entre nosotros.


Fernando García Maroto es Licenciado en Ciencias Matemáticas por la Universidad Complutense de Madrid García Maroto ha publicado anteriormente las novelas: La geografía de los días (2010), La distancia entre dos puntos (2011; reedición por LcLibros, 2014), Los apartados (Editorial Eutelequia, 2012), esta última galardonada con el Premio Eutelequia de Novela, en 2011, Que se enteren las raíces (Triskel Ediciones, 2015) y La carga (Malbec Ediciones, 2019). También ha publicado cuatro libros de cuentos: La vida calcada (Editorial Paroxismo, 2013), Arquitectura del miedo (UnoYCero Ediciones, 2016; reedición LcLibros, 2020), La persistencia del frío (Maclein y Parker, 2017) y Aceleración de la realidad (Maclein y Parker, 2021). Ha colaborado con sus artículos para la revista cinematográfica digital Miradas de Cine. Asimismo, forma parte de la plataforma literaria digital Escritores Complutenses 2.0. Actualmente compagina la escritura con su trabajo como profesor de enseñanza secundaria.

Entrevista a Jesús Carrascal, autor de La atardecida

Nos concedió una entrevista Jesús Carrascal Castillero (Vitoria-Gasteiz, 1962) a raíz de la publicación de su primera novela La atardecida (Adarve). 

Carrascal es aficionado a escribir desde muy joven, obtiene una mención honorífica en el premio de novela Club del Libro en Español (Naciones Unidas, Ginebra, 1984), así como otros reconocimientos literarios. Además es colaborador de diferentes publicaciones y escribe poesía, cuentos y narrativa.


P.: ¿Cómo surge la idea de escribir La atardecida? Creo que es su primera incursión en el género. Háblenos de sus veraneos en un municipio vallisoletano como germen emocional de lo que leeremos en ella 

R.: La atardecida surge de mi experiencia temprana con el mundo rural en época de infancia cuando pasé algunos veranos seguidos en un pequeño pueblecito de la provincia de Valladolid llamado Aldeayuso. El impacto tan grande que me produjo aquellas gentes, su forma de vestir, de hablar, su manera de ver la vida, de sentir la religión, sus costumbres ancestrales, produjo en mí tal impresión emocional —tendría por entonces apenas once años— que siempre deseé mostrar todo aquello, en una especie de reconocimiento a aquellas gentes, en una novela. De ahí surgió La atardecida, un pequeño homenaje a las gentes rurales de los pueblos castellanos, a la naturaleza, a los animales, a Los santos inocentes y al gran escritor Miguel Delibes

P.: Delibes, como apunta, late en las páginas ya desde la cita inicial del libro. Me sirve para preguntarle por el género naturalista en la novela actual. Quizá el lector medio, urbanita, prefiere evadir con temáticas más activas, con lo policial, el thriller o la ciencia-ficción, ¿qué opina?

R.: El género rural y naturalista que se describe en la novela pertenece a un determinado tipo de lector, de cierta edad, que siente éstos temas como suyos y los lleva en el recuerdo; el pueblo, los personajes rurales, sus costumbres..., tienes que haber vivido ese mundo y reflejarte en él para apreciar el relato de la novela. Reconozco que es un género minoritario y que hoy en día se lee más ficción y novela policíaca o thriller entre las personas más jóvenes y nacidas en otra época pero el estilo rural siempre tuvo y tiene un lector muy fiel que aprecia éste tipo de novela naturalista abanderada durante toda su existencia por el gran escritor y defensor de la naturaleza y del mundo rural Miguel Delibes. 

P.: La afición a la lectura ha de fomentarse desde edades tempranas, creo que como el amor a la naturaleza. Por ese vínculo con Valladolid y sus municipios que comparte con Delibes, quería preguntarle por la localidad de Urueña. No sé si la ha visitado. También por el papel de las lecturas en la etapas escolares.

No conozco personalmente la localidad de Urueña en Valladolid —espero hacerlo algún año—, pero por lo escuchado y leído es un referente en el aspecto literario considerada la primera Villa del Libro en España. Es muy importante fomentar la lectura a edades tempranas y que ese hábito se mantenga durante toda la vida. Leer es vivir mil historias, adentrarse en otros mundos, vestirse de infinitos personajes…, leer es, en definitiva, vivir. Y eso hay que enseñar a los más jóvenes desde edades tempranas, a vivir. 

P.: Una de las particularidades de esta novela es que además de la narración central aporta como pequeñas estrofas integradas en el texto. Hay algo de poético, de sinestésico o anafórico en esta novela, más allá de lo formal que resulta leer una novela, ¿es así?

R.: La atardecida es un libro de culto: no es un libro de entretenimiento o de intriga, no es tampoco un compendio de emociones, es decir, no es un libro al uso actual, cuando las modas lectoras nos llevan a unos géneros vinculados sobre todo al éxito editorial. Este libro se escribe y se lee al margen del tiempo y del espacio en que ahora vivimos, porque nos traslada a otras épocas y a otros lugares por medio de un género rural y naturalista presente en toda la novela. El libro pretende ser un cancionero en prosa de la vida de los pueblos. Además, creo que La atardecida es un libro clásico y al mismo tiempo experimental: clásico porque entronca con una tradición popular en la que queda representada una forma de vida ya desaparecida en su mayor parte y porque se inscribe en el modelo de otros grandes autores, y experimental porque su estructura narrativa es del todo inusual. 

El efecto que trata de provocar todo ello en el lector es el de un realismo muy directo, rural y costumbrista, tan asentado en nuestras letras hispánicas. Así lo demuestran sus descripciones, de un realismo crudo y radicalizado, incluso revestidas a veces de un cierto naturalismo, todo ello en el marco de un ambiente rural y tradicionalista en el que no se percibe el paso del tiempo. Y también ciertos personajes de la narrativa de Delibes, que renacen de sus propios textos y se encarnan en otros personajes de esta novela. Incluso La atardecida nos presenta una cierta dimensión del realismo mágico, tan propio de los ámbitos rurales ancestrales, como por ejemplo el personaje de Abilio el Andorino, que mueve los objetos con su mano semirrígida.

Me expreso de este modo ―anafóricamente, por medio de estructuras reiteradas―, porque así puede transferir al lector la esencia de lo real, de su ámbito propio: simplemente, en el campo la gente habla así. El libro entonces se nos aparece como un largo poemario, o mejor, como un cancionero, cuyos versos estarían conformados con las secuencias narrativas de un relato ancestral, tan propio de la época de Miguel Delibes... En realidad, se podría afirmar que este libro es como un cancionero en prosa ―a veces parece que está escrito en una especie de verso misterioso― en el que se narran, con cierto tono de lírica popular, unos pocos acontecimientos que curiosamente no tienen nada de excepcionales, sino que forman parte de la realidad profunda, auténtica, y por ello quizá enigmática, de la vida en los pueblos, con sus costumbres de siempre, que ahora nos asombran porque hemos perdido el contacto con la naturaleza, y también con toda la realidad de este mundo, que ahora se ha vuelto tan polarizado y extremo. Y aunque por novela entendemos ficción, nos consta que hay mucha realidad en estas historias noveladas.


P.: Le tiendo la mano a que nos hable de alguno de los personajes, por ejemplo, de Nicasita.

R.: Los personajes están basados en la realidad, en la experiencia de vivir con ellos y con sus historias aquellos veranos de la infancia. No he necesitado documentarme en ningún momento durante la obra ya que los personajes que se describen en el libro son reales y sus historias verídicas, fruto de lo que iba viendo, escuchando y lo que mi padre me contaba de aquellas gentes. Y al que tengo más aprecio es al personaje de la Niña Nicasita. La Niña Nicasita es el personaje encubierto principal de la obra. Representa una especie de viaje entre la vida y la muerte y está constantemente en todo el relato. Es como si quisiera recordar al lector la realidad existencial de éste mundo y la preparación para otro mundo futuro. Nazario, su hermano, es el actor secundario que hace que la Nicasita represente éste papel. El episodio donde la Nicasita habla a su hermano y se lo lleva con ella me parece algo lleno de una ternura infinita. Así lo describí porque así me contó mi padre que sucedió según la leyenda que se contaba en el pueblo.

P.: Por último, quería preguntarle por el lenguaje. Leemos una suerte de vocablos a lo largo de la novela poco usuales, del ámbito rural. Creo que no solo es un guiño al paisaje y paisanaje. Se me antoja que de algún modo es una reivindicación a la España mal llamada vaciada. A esa España rural a la que tan a menudo se le da la espalda salvo en los medios de comunicación con destellos como el paso de los pastores por el Paseo de la Castellana de Madrid. ¿Nos lo comenta?

R.: Siempre he tenido una preocupación intensa por el lenguaje, un cuidado casi obsesivo por la expresión: la corrección ortotipográfica, la adjetivación muy ajustada, los sintagmas tan alicatados, el despliegue de un léxico casi exótico, los términos siempre precisos, la puntuación tan intensa, incluso la sonoridad de las frases y de las secuencias narrativas a veces bastante largas, y el tono lírico del conjunto del texto que hace pensar en una evocación de un espacio lejano en el tiempo y en el espacio, acaso ya perdido. Al leer La atardecida el lector sentirá que el texto forma parte de una escritura transmitida desde el pasado. Y desde este punto de vista experimental cabe hablar de una escritura anafórica, que consiste en una reiteración sistemática de palabras y expresiones, como es típico del modo de hablar popular, convertido aquí en discurso literario. Se podría hablar de una especie de ‘resiliencia semántica’ de La atardecida, por cuanto el libro contiene multitud de vocablos del español del ámbito rural que ya en su mayoría están en desuso en el habla estándar multiurbana, lo que nos lleva a considerar la riqueza semántica de este texto y su aportación al tesoro multisecular de la literatura hispánica.

La atardecida. Jesús Carrascal. Adarve editorial.

Nota: Foto del autor cedida por él mismo.

El mar y otros inconvenientes Entrevista a Fidel Tomás

Esta semana, con el Día Internacional del Libro de por medio, no me he podido resistir a traer al blog de La ardilla literaria una entrevista muy especial. Me la concedió Fidel Tomás, que acaba de sacar a la luz su primera obra narrativa. El mar y otros inconvenientes (Arena) es un libro de relatos para grumetes, marineros, capitanes y gentes de tierra, muy en su estilo. Porque conocí a Tomás y puedo asegurar que la lectura de estas piezas harán disfrutar a propios y a extraños a un lado y a otro de las playas literarias. 

Además, quienes estéis en Valencia a principios de mayo, podréis acercaros al acto organizado en el local de La ardilla literaria para asistir a la firma de ejemplares que tendrá lugar el viernes de 10 mayo. Os dejo ya con esta entrevista aguardando, como siempre, vuestras sugerencias y comentarios.


P.: Con El mar y otros inconvenientes haces tu incursión en el mundo editorial. Has elegido el género del relato breve, aunque veo que estas historias tienen algo de poético, de fronterizo entre lo narrativo y lo lírico. Coméntanos acerca de este paso al frente, de esta botadura y soltar amarras.

R.: La verdad es que ya había publicado varios relatos en antologías, pero sí que es cierto que esta es mi primera publicación en solitario. Este conjunto de textos han sido el resultado de una escritura pausada, se trata, gastronómicamente hablando, de un producto slow food. Los he estado reescribiendo durante más de diez años, de una manera ya casi obsesiva y, te confieso, que una de las cosas que más me reconfortan respecto a este soltar amarras, que comentas, es que ya no los voy a seguir corrigiendo, por fin se quedan como están. Han alcanzado, para bien o para mal, su forma definitiva, que efectivamente orbita, según los casos y los temas, entre lo poético íntimo y lo irónico social…

P.: Llama la atención, al menos a mí, el título. Ese mascarón de proa. No tanto por el mar, sino por esos inconvenientes. Quizá ese yin, desde una perspectiva taoista, queda reflejado en la propia portada, en ese lado nocturno, reservado. ¿Es así?

R.: Sí, la metáfora del mar no es precisamente muy original, representa como de costumbre el fin, el viejo thánatos de siempre. Láquesis, La Parca de Goya en la portada, dispuesta a cortar, si le place, el hilo de cada uno de nosotros. Nuestras vidas son los ríos y todo lo que sigue…, no creo descubrir gran cosa con ello; de hecho, pienso que en el ámbito literario quien cree que es muy original es porque ha leído muy poco, ya está todo más que contado. Ahora bien, tal vez lo que nos quede sea buscar alguna perspectiva nueva respecto a las viejas y eternas preocupaciones. Me gusta la idea de plantear puntos de vista que se separen de lo habitual o complaciente. Que generen algún tipo de inquietud en el lector, que le supongan algún ligero inconveniente como motor de búsqueda, de duda o de al menos una sospecha. 

P.: Entre los veintidós textos que conforman El mar y otros inconvenientes, leemos algunos a los que les has dado un título en latín, como Splendet Dum Frangitur o Principium Individuationis. También a otro lo titulas El sofista. Lo hilo aquí para preguntarte por la filosofía, dado que ejerces como docente de esa asignatura y, quizá, si hay una parte tuya que ha quedado en estos relatos.

R.: Los dos relatos a los que aludes tenían otros títulos en castellano, pero se los acabé cambiando hace no mucho tiempo. La verdad es que me gusta mucho cómo suenan. Ya sabes aquello de que el latín es la aritmética de la lengua…, pero es que si se pronuncian en voz alta suenan de maravilla…, creo. Hay otro relato, el que cierra el libro, que lleva también otro título en latín, es Tacet, la notación musical en la cual un instrumento debe permanecer en silencio, y de eso va el relato, del silencio. Desde el principio, tuve claro que ese relato debía cerrar el libro. Respecto a lo de la filosofía, pues ya sabes lo que se dice: lo que no es plagio es autobiografía. Solo te diré que muchos de los relatos de este libro (y El sofista no es una excepción) están basados en hechos absolutamente ficticios.  

Fidel Tomás (izda.) y Ricardo Guadalupe (dcha.)

P.: Antes, he comentado que son veintidós las historias que has reunido en esta antología. Las has dividido en cuatro secciones. Más que preguntarte por esa compartimentación, me gustaría ahondar en el proceso de gestación de este libro. ¿Qué hilo argumental o concepto escogiste para seleccionar a estas frente a las que quizás se quedaron en tierra y no cruzaron el mar de su publicación?

R.: Con esto sí que has abierto un buen debate; a ver, muchas editoriales consideran (léase: exigen) que un libro de relatos ha de mantener un hilo argumental, o, cuanto menos, un tema o motivo que aglutine o articule el armazón del libro. Yo tengo mis reservas en cuanto a esto. Obviamente, si hablamos de gustos…, pues para eso están los lectores… Pero a mí me parece que entonces, si en vez del título de cada relato pones: Capítulo I, Capítulo II, etc., pues tienes una novela claro. 

»Quiero decir que para mí un libro de relatos puede tener otra variedad temática y creativa. De hecho, cuando leemos los libros de Julio Cortázar o de Sergi Pàmies o de Alice Munro o de tantos otros, la unidad temática brilla por su ausencia. Eso no quiere decir, claro, que el libro no pueda tener, y de hecho el mío creo que lo tiene, cierto aire de familia (no siempre bien avenida) y ciertos motivos e incluso personajes que aparecen, desaparecen y reaparecen en diversos momentos. Me gusta que los relatos se hagan guiños entre sí, no me importa que haya vasos comunicantes, pero hasta ahí llego en la exigencia de una unidad orgánica. Más bien pienso que un libro de relatos es como aquellas cajas que nos traían los Reyes Magos, las de los Juegos Reunidos Geyper, en las que cada juego va por libre y marca sus propias reglas, me gusta esta irreverente incongruencia.

P.: Curiosamente, casi al final de esta travesía en forma de entrevista, sujeto la amarra del prólogo, a cargo del también escritor Ricardo Guadalupe. Y lo hago porque afirma en él que siempre te “han parecido más estimulantes las preguntas que las respuestas.” Siendo así, te lanzaría el cabo: ahondando sobre esas preguntas que “dejamos” los escritores en los libros, y que al leerse cada vez menos, dicen, ya no nos hacemos; quedarán en un lejano mar, tal vez.

R.: Pues no sé si se lee menos, desde luego se escribe y publica mucho, según los datos del registro de ISBN en España, se vienen a publicar una media de 80.000 títulos cada año. El año pasado batimos nuestro récord y llegamos a los 100.000. Incluso reconociendo que algunos o muchos de ellos queden intactos en las estanterías, un mercado con este volumen no se sustentaría sin el consumo lector. Un español de cultura media ha leído, aunque no lo sepa, más libros que los que leyó Platón en toda su vida. Desde hace 30.000 años (semana arriba, semana abajo) los homo sapiens parece que tenemos la necesidad de contarnos historias los unos a los otros, de hacernos preguntas y, a veces, las menos, incluso hallar respuestas que nos acabamos creyendo o que nos sirven de alguna manera. No parece que esa necesidad vaya a acabar… de momento. Y sí, publicar un libro es semejante a lanzar un mensaje en una botella, pero a todos nos ha pasado algunas veces eso de que cae en tus manos el libro adecuado en el momento preciso, y eso es fantástico.  

P.: Una de las presentaciones de El mar y otros inconvenientes la harás cerca del mar. Me refiero a que vendrás a Valencia, a compartir con tus lectores este retoño literario. No es casual, quizás el Mediterráneo, de alguna forma, inspiró alguno de estos relatos.

R.: Sí, el viernes 10 de mayo lo presentaremos en La Ardilla Literaria; de hecho, va a ser la primera presentación del libro, que está humeante del horno todavía, acaba de salir este mismo mes. Para mí, volver a Valencia es siempre volver a casa. Y, desde luego que sí, no solo es que Valencia y el Mediterráneo hayan inspirado estos relatos, es que casi todos ellos los escribí allí, y nacieron cargaditos de salitre y espuma y arena de mar, ese que siempre devuelve lo que cae en él. Es justo que allí vuelvan, ahora que se han independizado de mí y comienzan a navegar por su cuenta. 


Fidel Tomás es Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación. Su trayectoria docente se distribuye desde la educación secundaria hasta la universitaria, aunque dice que todavía no ha aprendido lo suficiente y amenaza con perseverar. Sus intereses se han centrado en el estudio de los vasos comunicantes que permean Filosofía y Literatura. Ha publicado diversos relatos en antologías y artículos en revistas especializadas, y ahora no ha tenido inconveniente en lanzarse sin salvavidas al turbulento mar de la creación literaria con El mar y otros inconvenientes.


El mar y otros inconvenientes. Fidel Tomás. Arena Libros. 

Entrevista a Marta Huelves, autora de El tercer lago

Este mes de noviembre se va, pero no sin compartir con vosotros esta entrevista que nos concedió, para La ardilla literaria, la escritora Marta Huelves Molina (Madrid, 1969). Huelves estudió Geografía e Historia en la UNED. Es escritora y divulgadora de Historia, y en todos sus proyectos conjuga la pasión por la literatura con el trabajo de investigación. Colabora con medios digitales y publica reseñas de libros en webs especializadas. Esperamos que os guste.


P.: Retoma en El tercer lago, por una parte, a los protagonistas de su anterior novela, La memoria del tejo. Y, por otra, la ubicación de la trama, que también es en Asturias. De hecho, leemos que siente admiración y curiosidad por la cultura asturiana. No es vano, en la portada de El tercer lago hay un elemento muy representativo del Principado. Háblenos de estos dos reencuentros, de esa admiración casi devoción, quizás. 

R.: En la portada de El tercer lago aparece un elemento muy representativo como es el puente de Cangas de Onís, al que todos conocen allí como «el Puentón», de manera intencionada y por dos razones. La primera porque representa a la localidad donde arrancan los hechos de esta novela policiaca y la segunda porque forma parte de la ambientación, que en mis novelas funciona como un personaje más. Esto cierto que siento predilección por la cultura asturiana y también la necesidad de divulgarla. Es una atención merecida, debido al desconocimiento a nivel nacional que tenemos sobre los asturianos. El folclore, la mitología y la historia asturiana son las grandes inexploradas. Creo que una novela de misterio o policiaca es un vehículo tan válido como cualquier otro para darlas a conocer.

P.: La pareja de investigadores en El tercer lago son el inspector Salvador Bedia y la agente Marina Roldán. Como en toda buena novela, el peso de los personajes, de sus pequeños dramas y su rol en la trama, es un factor decisivo para atrapar a los lectores. ¿Qué podemos adelantarles acerca de la agente de la Policía Nacional de Gijón tras su traslado desde Madrid?

R.: Tanto La memoria del tejo como El tercer lago son novelas policiacas en las que presento dos casos independientes, pero enlazados uno con otro a través de esta pareja de la Policía Nacional: Bedia y Roldán. Cuando me planteé el personaje de la agente Marina Roldán, lo hice con la convicción de mostrar a una mujer con un pasado y un futuro en el que pesase más el rol humano. Los hombres y mujeres que pertenecen a los diferentes Cuerpos de Seguridad del Estado son, ante todo, personas, con cargas familiares, dramas personales y preocupaciones como cualquiera de nosotros. Por eso presto especial atención a la vida privada de mis personajes. En El tercer lago, la agente Roldán se va adaptando poco a poco a Gijón y se reafirma como protagonista. Además de superar los traumas del pasado, en esta novela, el zarpazo le alcanza a nivel personal. Una circunstancia que la obligará a modificar el rumbo de su vida.  

P.: El título de esta novela hace referencia a un esquivo lago de Covadonga. Son más conocidos el Enol o el Ercina que el Bricial. En la novela, no solo descubrimos el porqué de este misterio, sino también cierta leyenda asociada a él, a su nombre. Aprovecho para que nos hable del componente de leyendas que ha incluido en El tercer lago.

R.: Como digo, la riqueza de la cultura asturiana es muy amplia e incluye, por supuesto, las leyendas. No olvidemos que las leyendas o los cuentos nacen de la tradición oral. Aparte de entretener, ofrecían un componente didáctico cuya misión era explicar, a una población carente de estudios y de acceso a la cultura, fenómenos de índole científica, como es el caso. La leyenda de los lagos de Covadonga es un intento de explicar la formación de los lagos de alta montaña que forman parte del Parque Nacional de los Picos de Europa

  Hace unos 40.000 tuvo lugar el último máximo glaciar que afectó a las montañas cantábricas. Por aquel entonces los tres macizos que conforman los Picos de Europa estaban ocupados por grandes casquetes de hielo. El hielo es un agente muy erosivo que al moverse arrastra materiales. En las zonas más blandas, la erosión forma una especie de cubetas que se llenan de agua, tanto de la lluvia como procedente del deshielo y forman un lago. En esta novela me he permitido la reinterpretación de esta antigua leyenda, cuyos primeros ejemplos podemos encontrar en el siglo XIX. Tanto el lago Enol como el Ercina son lagos permanentes, no así el Bricial cuya base es arcillosa y el agua se filtra. Por eso solo es posible verlo durante la época de deshielo o cuando se producen grandes lluvias. Es un lago fantasma. Este componente casi mágico es un ingrediente más en mis novelas, esta vez con la leyenda de la niña de los lagos de Covadonga.  

P.: Si en La memoria del tejo, un hilo conductor fue este árbol y, por extensión, los bosques asturianos, en El tercer lago también lo es desde una vertiente más abierta, la protección de la naturaleza y el medio ambiente. Concretamente, hallamos al movimiento preparacionista y de supervivencia en caso de catástrofe. Nos sonará quizá en países como EUA, pero en Europa, en España, también hay grupos muy preocupados, y concienciados, con cómo sobrevivir en caso de un apocalipsis, de un desastre para la población.

R.: El movimiento preppers o preparacionismo está formado por individuos que se preparan para sobrevivir a una catástrofe natural, un colapso en las comunicaciones o una epidemia, incluidas perturbaciones de orden social o político. Practican el autoabastecimiento. Aunque surgen en los años treinta del siglo XX, la mayor influencia la consiguen durante la Guerra Fría, con la amenaza de las bombas nucleares y atómicas. Para protegerse y sobrevivir construyen búnkeres o refugios y se agrupan en comunidades. 

  Este movimiento está directamente ligado a la naturaleza y sus seguidores se extienden por todo el planeta. Son por tanto conservacionistas, protectores del medio natural que, en la novela, los muestro como un homenaje a los moradores de los pueblos de alta montaña. Estas gentes se han aclimatado a unas condiciones climáticas hostiles y difíciles. Un ejemplo necesario de adaptación al medio ante la emergencia climática que estamos viviendo. La investigación que llevé a cabo sobre estos grupos de preppers se materializa en la novela en el personaje de Nelu Prado, un guía de montaña.

P.: No quiero dejar pasar la oportunidad de preguntarle por las interrelaciones de los personajes. A menudo es el morbo de la sección de sucesos de medios de comunicación, escritos o audiovisuales. Pero lo cierto es que las personas solemos mantener conflictos, más o menos resolubles, con gente de nuestro entorno. Coméntenos estos enconos, por ejemplo, entre Mónica y Emilio Noval, como parte de la trama.

R.: El conflicto siempre despierta la curiosidad humana. Forma parte de nosotros el querer saber qué pasa entre dos personas. En este caso, las relaciones padre e hija no son lo que parecen. El interés de querer seguir leyendo una novela policiaca, se basa, en cierta medida, en los conflictos entre personajes. En esta ocasión, la relación de Mónica con su padre va a sorprender a los que lean El tercer lago. Una cosa son las apariencias, Mónica es una adolescente rebelde de la que llega a sospechar la policía y otra la realidad. En este caso, su padre, Emilio Noval, un reputado empresario de la localidad de Villanueva, (muy cerca de Canga de Onís), aparece asesinado. Las relaciones familiares son muy importantes para el desarrollo de la trama.

P.: Para cerrar, le lanzo el reto de que nos hable de la parte histórica de su novela. No tanto del esfuerzo que a los autores les supone bucear en datos y seleccionarlos. En este caso, singularicémoslo con la figura de Pedro Pidal, marqués de Villaviciosa. En esta época en la que los privilegios de las clases sociales están en tela de juicio, hay que reconocer que hizo mucho y bueno por la conservación de la naturaleza y por Asturias. ¿No le parece?

R.: Como historiadora creo fundamental la contextualización del estudio de un periodo histórico antes de emitir juicios de valor. En el caso de Pedro Pidal, un caso singular, por cierto, su condición de marqués de Villaviciosa, en Asturias, jugó en beneficio de un proyecto muy importante como era la creación del Parque Nacional de Covadonga. Además de jurista, político, (accedió al Congreso y al Senado hasta la Guerra Civil), también era cazador y montañero profesional. Y fue precisamente esta última afición la que le llevó a aprovecharse de sus privilegios para conseguir la aprobación de una ley, con tres artículos. El primero regulaba la creación de espacios naturales, el segundo los definía y el tercero nombraba al ministro de Fomento para reglamentarlos. Aquella ley, de las primeras en el mundo, estuvo vigente hasta 1957. La primera ley de Parques Nacionales, aprobada el 8 de diciembre de 1916 consiguió que España fuera uno de los países pioneros en Europa en la apuesta por la protección de la naturaleza. Gracias a esta ley se declararon en 1918, los dos primeros parques nacionales españoles, el de la Montaña de Covadonga y el de Ordesa.


Marta Huelves. El tercer lago. Ediciones Maeva 


Taller de Poesia. Entrevista a Felix Molina

Estos días, abriendo un hueco en su agenda, nos concedió una entrevista el poeta Félix Molina. Es valenciano y se siente mediterráneo. Aprendió a nadar (en el mar, por supuesto) al tiempo que a caminar; y en la tahona paterna, también muy pronto, a amasar el pan de la vida. Andando el tiempo, aprendió idiomas, se licenció en Químicas, tocó el saxofón en la Banda de su barrio de Nazaret y aún ahora sigue leyendo de todo y sin tasa. Sigue con el negocio familiar en su ciudad natal. Entiende la Literatura como un ejercicio de libertad íntimo, casi terapéutico; y sólo con los años ha llegado a la decisión de publicar para compartir “aquella vibración, aquella brasa” con sus lectores. En La Ardilla Literaria conduce el Club de Lectura y, este otoño, dictará un taller por el que le preguntamos. 

 

P.: ¿Qué te ha animado a impartir un taller de poesía aquí, en La Ardilla?

R.; Personalmente, nada me resulta tan estimulante como comprobar que mi trabajo produce buen fruto. He visto crecer poesía a mi alrededor con sólo un empujoncito. Personas que desconocían o postergaban su potencial latente y no necesitaban más que un pequeño impulso. Mi experiencia puede proporcionárselo y quizá guiarlas.


P.: La poesía es un campo amplísimo. ¿En qué quieres centrar tu taller?

R.: Cierto, es un campo sin límites. No es mi intención teorizar, aunque si alguien lo pide se le proporcionará una explicación particular y sucinta. Al ser la poesía una mirada sobre el mundo absolutamente personal e intransferible, manifestable sólo en la propia obra, el objetivo es descubrir la voz del alumno y hacerla crecer, potenciándola.


P.: ¿Así pues, es un taller sólo para poetas?

R.: Es para toda persona interesada en leer o escribir poesía; y, si me apuras, para quien quiera sentirla con más intensidad. Cualquier creación artística se disfruta tanto más intensamente cuanto mejor se la comprende.


P.: ¿Algún mensaje para quienes quieran participar en el taller?

R.: Uno muy sencillo: si os gusta la música, considerad que la poesía es la música de los conceptos, que comprenderla es escucharla y entrar en una dimensión íntima y gozosa. Y no olvidemos lo que vais a descubrir de vosotros mismos al enfrentaros a la página en blanco: la poesía también puede ser un camino de autodescubrimiento y de sanación.


El taller se imparte los jueves, de 18:30 a 20 h, en el local de La ardilla literaria: los días 19 y 26 de octubre, y 2, 9 y 16 de noviembre

Para contactar e inscribirse, el e-mail es: literaturaperiodismo@yahoo.es

Huérfanos de sombra. Entrevista a María Suré


Nos concedió recientemente una entrevista María Suré (Salamanca, 1973), para La ardilla literaria, al hilo de su nueva novela Huérfanos de sombra (Maeva). Suré vive y trabaja en Valencia desde hace años. Desde siempre ha sentido un gran interés precisamente por el pasado de Valencia, su ciudad de adopción. Ello la ha llevado a investigar sobre su historia. 

 En su anterior novela, Lágrimas de polvo rojo (Maeva), por la que Suré nos concedió también una entrevista, la autora trazó un recorrido por la Valencia moderna, donde aún pueden visitarse lugares donde hace siglos se exponía a los ajusticiados como advertencia. En el caso de Huérfanos de sombra, Suré ambienta esta novela negra entre Cornualles, Inglaterra, Bilbao y, mayoritariamente, en Aldeanegra, un pequeño pueblo de Salamanca. Los protagonistas serán dos guardias civiles obligados a formar equipo y que deberán investigar la desaparición de un niño.


  

  P.: Ha ambientado la mayor parte de la trama de esta novela en la provincia de Salamanca. Una ubicación que conoce bien, ya que es nacida allí. Aunque los escenarios que nos presenta se enmarcan en la Sierra de Francia. Háblenos de esos parajes ya que el paisaje y el paisanaje cobran especial relevancia en esta historia.

  R.: Esta zona del sur de la provincia de Salamanca tiene un encanto propio, es casi como un personaje más de la novela que aporta el misterio necesario para envolver y decorar la historia. El caminante puede adentrarse en un frondoso bosque de castaños y helechos y toparse de repente con un riachuelo o un pequeño pueblo de apenas unas pocas casas de piedra, habitadas normalmente por gente ya mayor, que nunca ha sucumbido a los encantos de la ciudad. Antes de empezar a escribir buscas la “mirada” adecuada —con luces y sombras— desde la que enfocar la historia y tu ambientación tiene que ir en consonancia con ella. Este lugar me pareció propicio para ambientar la trama de la novela, porque le aportaba los claroscuros que buscaba. 

  P.: Casi en el centro de la trama se hallan dos protagonistas muy peculiares. Por una parte, Anselmo Picarzo, poco amigo de los ordenadores y las nuevas tecnologías. Por otro, Cristina Albino, también guardia civil, de una edad muy similar a la suya, como autora. ¿Qué le podemos contar a los lectores brevemente de esta pareja de investigadores? ¿Qué hay de María Suré en la sargento de la Benemérita?

  R.: Esta pareja de guardias civiles se ven obligados por las circunstancias a trabajar juntos y, con caracteres tan distintos como los suyos, enseguida saltan las chispas. Picarzo es más comedido e introvertido a la hora de expresar sus sentimientos, pero Albino no tiene reparos en hacer un reproche o dedicar un mal gesto a su compañero cuando algo le molesta, que suele ser cada cosa que hace. Cristina no se calla ante nadie, es muy buena en su trabajo y lo sabe, pero es un personaje con mucho temperamento. En este último rasgo no nos parecemos, pero sí compartimos la motivación por hacer las cosas bien, porque ambas somos muy perfeccionistas. Tampoco me gustaría enfrentarme con ella en un reto para ver quién es más cabezota. La cosa estaría reñida.

 

  P.: “Ahora es tan tarde, que ni siquiera mi perdón tiene valor alguno”, le dice Gonzalo a Aurelio. Tomo esta frase porque creo que uno de los temas profundos de la novela es la impunidad y, otro, el perdón. Mejor le cedo la palabra para que nos hable de estos y otros temas presentes.

  R.: Desde la época feudal, en el medio rural, se ha ido arrastrando hasta nuestros días la impunidad de los terratenientes. Aún en ciertos lugares de la España profunda esto sigue siendo una realidad, aunque parezca un problema de otro siglo. El perdón y la culpa son otros dos aspectos que he querido explorar. Es común que un sentimiento de culpa, enterrado durante años, aflore cuando uno hace balance al final de sus días. Por alguna extraña razón, necesitamos irnos en paz, habiendo saldado nuestras cuentas. Pero sucede que a menudo es demasiado tarde. El perdón, que tiene la capacidad de sanar más al que lo concede que al que lo recibe, también es un sentimiento con el que he querido tratar porque, junto a la culpa, puede llegar a transformarse en obsesión.

  P.: Un pasaje de la novela me ha recordado a una frase sobre la familia. Algo así como que no es más familia quien lleve tu sangre, sino quien esté dispuesto a derramarla por uno. Le invito a que nos la comente al hilo de lo importante de los lazos familiares y la maternidad palpitando en esta novela. 

  R.: Un lazo de sangre no necesariamente tiene por qué formar una familia, aunque, por tradición nos sintamos obligados a pensar que debe ser así. En ocasiones, la familia se encuentra en el lugar menos esperado porque es el corazón y no la sangre lo que la conforma. También hay personas que pueden llegar a cambiar la vida de otras por el simple hecho de existir. Es el caso de Marcos con su madre y su abuelo. De manera inesperada, el niño acaba siendo la razón de sus existencias.

  P.: De algún modo, he creído ver una suerte de homenaje a las tradiciones, no sé si a lo rural, a lo telúrico. He denotado algunos guiños, por ejemplo a las abejas, a un pueblo muy concreto (el de la leyenda del caimán disecado) o a la vida sencilla de un buen puñado de personajes. También, creo, a la labor de la Guardia Civil, por ejemplo, al SECRIM, como sí leemos en los agradecimientos. 

  R.: He querido mostrar ese ambiente, desconocido para muchos, que se vive en el día a día de un pueblo pequeño, con sus pros y sus contras. Lugares en los que la vida suele transcurrir de forma tranquila, pero donde también ocurren cosas terribles. Vidas comunes y sencillas que seguramente pasarían desapercibidas, pero que, si analizas con detenimiento, descubres que tienen muchas cosas interesantes que contar. Y sobre todos los personajes está presente, con un papel principal, la naturaleza. He tratado de plasmar su importancia —que en el medio rural parece cobrar más sentido— a través de la mirada de un niño. El tema de las abejas me ha servido como hilo conductor para este medio y también para mostrar la relación tan bonita que une al abuelo con el niño. 

  Huérfanos de sombra. María Suré. Maeva ediciones.


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El Hotel de las Mil Grullas. Entrevista a Ángela Martín del Burgo

Nos concede una simpática entrevista para el blog de La ardilla literaria la novelista, poeta y dramaturga Ángela Martín del Burgo. Ha publicado recientemente El Hotel de las Mil Grullas (Sapere Aude) por la que le preguntamos. 


  P.: Su libro El Hotel de las Mil Grullas es una obra de teatro. No es su primera publicación en este género, por lo que le preguntaría acerca de sus musas o su fuente de inspiración a la hora de plantearse la escritura de una obra, en este caso de teatro, frente a una novela o un poemario. 

 R.: Evidentemente, son géneros literarios diferentes, que implican no solamente una distinta conformación en los recursos temáticos y formales, y una distinta técnica, sino también una diversa actitud a la hora de abordarlos. Esta determinada actitud es la que nos conduce a elegir un género u otro. Cómo un determinado tema con unos personajes, acción, etc., puede desarrollarse mejor en una obra de teatro o en una novela. Por mi parte, la poesía obedece a la inspiración arrebatadora del momento. Alguien dijo que el poema es un momento de eternidad. 

  P.: Cada uno de los 5 personajes de la obra tiene un concepto de las grullas y de por qué están en ese hotel. Pero, querría preguntarle algo que a su vez le pregunta Ana a Rodolfo: ¿qué son para ti las grullas? ¿Qué son para Ángela las grullas?

  R.: Las grullas son un buen motivo en la obra donde se materializan tantas ideas: el rapto de la belleza, el paso del tiempo, la eterna espera -inacabable- que es la vida, el trascurrir de las generaciones… Las grullas son metáforas de todo ello, prestan su significado polisémico a la polisemia en la que puede concentrarse la vida. En esta obra leemos: “Las grullas son un símbolo. Es la belleza quien va a sobrevolar nuestras cabezas; es la fidelidad; el regreso eterno…”

 P.: Me identifico en parte con el personaje de Rodolfo. Este, en un pasaje, dice que “si confiamos nuestros secretos, perdemos la libertad”. ¿Piensa también como él?

  R.: Es una cita de La Celestina. He escrito días atrás un relato titulado Musashi Miyamoto, el camino espiritual del samurái. Uno de los consejos que da Miyamoto en su libro El libro de los Cinco Anillos es que la mirada debe descansar en el espíritu del enemigo; que el samurái debe saber escrutar el estado de ánimo del enemigo para prevenir sus movimientos y conocer su propia destreza. Pero del mismo modo que debe saber escrutar el estado de ánimo del enemigo y, por tanto, averiguar sus secretos para conocer su técnica y prevenir sus movimientos, debe velar el suyo para no ser descubierto. No permitas que nadie perciba tu espíritu, leemos. No hay que confiar, pues, nuestros secretos, como leemos también en La Celestina. Quizás sea buen consejo.

  
  P.: He seleccionado algunas frases del texto por si quiere comentárnoslas. Por ejemplo, una de Rodolfo: “Las grullas no terminan nunca de pasar” (me ha evocado un poco a Heráclito y ese río donde nunca nos bañamos dos veces). 

  R.: Sí; tiene razón en lo que dice. Hay en la obra una consideración del tiempo, relacionada también con el ver pasar las grullas: estas pasan, pero regresan; hay en ellas un regreso eterno, una permanencia. Lo mismo sucede con la vida del hombre y el paso de las generaciones. Rodolfo dice a propósito de las grullas: “No acabarán nunca de pasar”. Y cuando Claudia le replica diciéndole que “no son las mismas todos los años”, él responde: “Como nosotros. Nuestra juventud pasó, pero vive en la tuya. La juventud regresará siempre y nosotros con ella. No morimos del todo. A decir verdad, no hay muerte”. Estas son ideas muy importantes en la obra. 

  P.: Otra frase, también de Rodolfo, es la de que esperar es “...lo que hacemos en estos momentos, en estos momentos y siempre.” (Suena no solo a que la hermosura sea paciencia -como al parecer dijo un poeta-, sino a que la vida es una eterna espera).

  R.: Con relación a la cita “la hermosura es paciencia” es del poeta Luis Cernuda, poeta a quien admiro. Y que la vida sea una eterna espera, relacionado con la espera de la llegada de las grullas, no es sino “metáfora trágica de la vida” como leemos en la contracubierta.

  P.: Al tratarse El Hotel de las Mil Grullas de una obra literaria teatral, me asalta una pregunta de fondo. La novela goza de buena salud, la poesía le sigue a cierta distancia, pero ¿y el teatro escrito? ¿Quién es el lector medio de obras de teatro? ¿Cómo se podría animar a lxs lectorxs a leer más teatro?

  R.: Presentándole un buen texto. Tenemos que considerar que el teatro es uno de los tres géneros literarios principales, junto con la narrativa y la poesía, y que en el origen está, por ejemplo, la tragedia griega, importantísima; que el emblema o modelo de la literatura inglesa es Shakespeare, escritor de obras teatrales; que Cervantes también las compuso. Lo que sucede es que en una representación teatral hay dos elementos: el texto y los elementos extraverbales (escenografía, música, iluminación, sonidos, actores y actrices, que gesticulan y se mueven, vestuario, maquillaje…), y a veces ha ocurrido que estos segundos elementos han quitado terreno al primero, al texto, que pienso es lo principal. Recuerdo, por ejemplo, que en el siglo XVIII los ilustrados españoles regulaban el teatro para que fuese un modelo de conducta para la colectividad. 


  Ángela Martín del Burgo (Morón de la Frontera, Sevilla), novelista, autora teatral, poeta, articulista, doctora en Filología. Como novelista ha publicado: Asesinato en la Gran Vía (2022 y 2012). Un camerino en el María Guerrero (2021) (finalista en el IX Premio Wilkie Collins de Novela Negra). Cenizas sobre un mar de agosto (2021 y 2000). El recitador de poemas (2020). El mundo entero pasa por Marsella (2015) y Ningún camino de flores conduce a la gloria (2005). El libro de relatos La muerte de Mário de Sá-Carneiro o La soledad y el poeta (2007). Como autora teatral las obras: El idiota (2018), en colaboración con Á. Álvaro Martín del Burgo (basada en la novela de F. M. Dostoyevski). Y Embarcados (2019) (finalista del XIII Premio El Espectáculo teatral). Los poemarios: Dónde la muerte en Ámsterdam (2017). Enigma y misterio de Italia y otros poemas (2016). Poemas de viaje (2011). Caducidad de lo real (Premio Ciudad de Miranda, 1996). La mirada asombrada y Un sueño breve. Ha sido traducida al italiano en la antología bilingüe Poesia e Cultura. Due mondi, due culture (Italia, 2008), por cuyo poema, «Bologna. Piazza Maggiore», ha recibido el Diploma Autore dell´Anno 2008. Y en las antologías de poesía contemporánea Poesia e cultura y Parola e vita (Italia, 2010). Premio Literario Internacional Omaggio a Pablo Neruda & Salvatore Quasimodo. También han sido traducidos poemas suyos al chino mandarín y al portugués. Ha colaborado en antologías poéticas, revistas literarias (Cuaderno Sie7e, Isidora, Prótesis, Literatura Abierta y Oceanum) y en Congresos, así como en otros libros colectivos. 

  El Hotel de las Mil Grullas. Ángela Martín del Burgo. Sapere Aude.